LITERATURA Y PENSAMIENTO


Del silencio y otras muertes en la narrativa de Patrick Modiano

 

JORGE LADINO GAITÁN BAYONA

 


 

El silencio no siempre es la muerte del lenguaje. Muchas veces dice más que las palabras. Está cargado de misterio, peligro y protesta. Su ubicación estratégica en un texto literario puede elevarlo a planos sugestivos de la belleza y evitar los lugares comunes, melodramas y burdos lamentos, a la vez, obliga al lector a llenar de sentidos lo que el autor ha ocultado. Antón Chejov resalta: «Cuando escribo, confío plenamente en que el lector añadirá por su cuenta los elementos subjetivos que faltan al relato» (2005, p. 11). Ernest Hemingway señala en sus reflexiones sobre el principio del iceberg en la literatura: “En una narración vale tanto lo que se dice como lo que se calla” (2002, p. 28). Franz Kafka advierte: “Las sirenas tienen un arma más terrible que el canto: el silencio” (2000, p. 321).

El silencio es una de las armas privilegiadas de Patrick Modiano, Premio Nóbel de Literatura 2014. Dentro de sus obsesiones temáticas figuran la Ocupación de Francia por las Fuerzas del Eje (1940 – 1944), la búsqueda de la identidad y la lucha contra el olvido de personajes que tienen la condición judaica. Por la complejidad de estas cuestiones se pensaría que en sus relatos abundan crímenes de los nazis, campos de concentración, hondas digresiones sobre el exilio. Sin embargo, la maestría del autor francés reside en su capacidad de no nombrar directamente estas barbaries, sino hacerlas sentir en las atmósferas de sus novelas. Le importa auscultar el miedo y sus consecuencias en las conciencias de sobrevivientes de la Segunda Guerra Mundial, cuyos ojos siguen encallados en el pasado. Como resalta Norma Ribelles Helin, “el espectro del Holocausto surge de cada una de las novelas de Modiano, pero siempre inesperadamente y, sobre todo, sin ser nombrado de manera explícita” (2005, p. 86).

Los aspectos antes mencionados se abordarán a partir de una aproximación crítica a dos novelas del Patrick Modiano: La calle de las bodegas oscuras, publicada originalmente en 1978, ganadora del Premio Goncourt; y Reducción de Condena, cuya primera edición en francés fue en 1988.  Previamente se ofrece al lector una breve información sobre el autor, debido a que parte de  su biografía es refigurada en sus relatos.

 

 

Patrick Modiano, el Catoblepas

 

Patrick Modiano (1945), a diferencia de recientes Premios Nóbel de Literatura (Tomas Transtömer, Mo Yan y Alice Munro), no era un nombre tan desconocido en el ámbito latinoamericano. No dependía de que el máximo galardón de las letras posibilitara su traducción y difusión en castellano. De hecho,  antes de anunciarse su distinción el jueves 9 de Octubre de 2014,  ya estaba disponible en bibliotecas y  librerías las siguientes creaciones: Domingos de Agosto, Dora Bruder, En el café de la juventud perdida, El libro de familia, Un pedigrí, Tan buenos chicos, Villa triste, El horizonte, Las desconocidas, Viaje de novios, y otra decena de títulos. Es famoso por la Trilogía de la Ocupación, integrada por sus tres primeras novelas, publicadas entre los veintitrés y veintisiete años: El lugar de la estrella (Premio Roger Nimier 1968), La ronda Nocturna (1969), y Los paseos de circunvalación (1972). Expertos en literatura europea aseguran que su obra –en su mayoría novelas breves- tiene más peso narrativo que la de Jean-Marie Gustave Le Clézio, el autor francés, anterior en obtener el Nóbel en  2008.

Modiano nació cuando culminó la Segunda Guerra Mundial. No vivió la Ocupación de Francia, pero la mayoría de sus narraciones tienen que ver con ese acontecimiento trágico. La pregunta por los orígenes y hechos traumáticos que antecedieron su nacimiento se detecta en sus ficciones. Dichas ficciones tematizan hechos autobiográficos: una niñez difícil por la ausencia de una madre que mantenía giras teatrales y un padre que huía por tener negocios ilícitos y provenir de una familia judío italiana. Esto se descubre, por ejemplo, en la novela Reducción de Condena. Es un escritor al que podría compararse con el Catoblepas, “mítico animal que se le aparece a San Antonio en la novela de Flaubert (La tentación de San Antonio).  El Catoblepas es una imposible criatura que se devora a sí misma empezando por sus pies” (Vargas Llosa, 1993, p. 23). Lo fundamental es que los hechos autobiográficos -raíz de sus relatos- están en los intersticios de sus novelas, operan como un “striptease invertido” (p. 22), en tanto “en la elaboración de la novela, iría vistiendo, disimulando bajo espesas  y multicolores prendas forjadas por su imaginación aquella desnudez inicial, punto de partida del espectáculo” (p. 22). Además, sus ficciones involucran sujetos colectivos: franceses judíos que falsificaban documentos para ir a otras latitudes y burlar a la Gestapo con sede en París; franceses evasionistas que, en vez de la resistencia, gastaban las horas en fiestas, tertulias y actividades culturales de temas distintos a su presente histórico. He ahí la importancia de Modiano: “hace existir lo que la amnesia voluntaria quisiera borrar. Su mérito reside en ser retro antes que nadie y hablar de la Ocupación cuando todo París sufría las revueltas de Mayo de 1968. Para él, los Gestapistas de la rue Lauriston eran mucho más reales que las barricadas de la calle Gay-Lussac” (Ribelles Helin, 2005, p. 92).

 

 

La calle de las bodegas oscuras

  

La calle de las bodegas oscuras es una novela de detectives que no maneja una estructura tradicional: crimen - investigación-descubrimiento de la verdad- castigo de los culpables.  El detective no debe resolver un asesinato, sino su propia amnesia. Viejo y solitario queda sin casos pues su jefe (Hutte) cierra su oficina. ¿Qué es una vejez sin recuerdos? El protagonista nunca se obsesionó con la pregunta pues durante los diez últimos años su trabajo ocupó su mente. Apenas sabía que Hutte lo había encontrado sin memoria y le dio documentos de identidad a nombre de Guy Roland. Durante la investigación se aferra a fotografías y testimonios que encuentra a su paso. Tras varias desilusiones –creer que es una persona y luego comprobar que no era cierto- llega a una verdad a medias: antes de ser Guy Roland tuvo una identidad falsa (Pedro McEvoy). Ocultaba su condición judaica de las pesquisas de la Gestapo. Estuvo enamorado de Denise Coudreuse, con quien intentó cruzar la frontera Franco-Suiza. Fueron engañados por hombres que prometían ayudarlos a huir a cambio de dinero. A él lo abandonaron en medio de la nieve. De ella nunca se conoció su paradero. Así cierra la novela, con un final inconcluso en el que los misterios no se resuelven: ¿Cuál era su verdadero nombre, país de origen y padres? ¿Qué pasó con Denise? ¿Por qué quienes estafaban a los que huían de los nazis nunca fueron investigados?

La narración en primera persona hace más cercana la angustia del protagonista en su lucha contra el olvido. La necesidad de una identidad y una memoria sumerge al lector en el pacto ficcional. Para hacerlo creíble, Patrick Modiano inserta archivos, informes policiales, registros telefónicos, fichas de datos y documentos que usan los investigadores. El final, ajeno a aquellas novelas de detectives donde las preguntas se resuelven, es cercano a la vida de tantas personas de pocas certezas y demasiadas dudas, aporías y sinsabores en el ansia de verdades y justicias. Pareciera que de principio a fin el protagonista de La calle de las bodegas oscuras estuviera marcado por las frases iniciales de la novela: “No soy nada. Esta tarde, en la terraza de un café, apenas una silueta transparente” (Modiano, 1980, p. 7).

Patrick Modiano logra en su novela que más allá del universo anecdótico, se sienta con fuerza la desazón de quien, por culpa de una guerra, ve mutilado su ser cuando lo privan de pasado y afectos. Cuando la migración se debe a causas forzosas partir es una muerte lenta. El exilio es “un estado discontinuo del ser” (Said, 2005, p. 184), la “grieta imposible de cicatrizar impuesta entre un ser humano y su lugar natal, entre el yo y su verdadero hogar” (p. 179).  Más trágico aún es la existencia de alguien que debió huir y no puede habitar siquiera sus recuerdos. Eso hace más contundente la novela. La Segunda Guerra Mundial dejó al protagonista sin suelo firme para afrontar sus últimos días, “todo lo ha perdido, poco a poco, sus antepasados, su casa solariega, sus vestidos, su cuerpo, su rostro y, por encima de todo, ese bien precioso entre los demás: su propio carácter y, a menudo, su propio nombre” (Sarraute, 1956, p. 3).  Cuando mira una fotografía donde sale alguien joven que posiblemente es él, visita el sitio de la imagen e intenta disfrutar cada detalle, cada olor, cada objeto que quizás influenció su devenir; sin embargo, pronto descubre que siguió pistas falsas y nunca fue de él ese espacio que disfrutan sus sentidos. Ha resuelto vidas ajenas, pero la suya se mantiene en un silencio angustioso. Lo que encuentra de su pasado le genera perplejidades y tristezas.

 

 

Reducción de Condena

  

La novela tiene como punto de partida un epígrafe de profunda relación con la obra de Modiano. Dicho epígrafe corresponde a Un Capítulo sobre sueños, de Robert Louis Stevenson: “Los derechos que un hombre tiene sobre su propio pasado son aún más precarios” (citado por Modiano, 2008, p. 6). Se presenta, como en La calle de las bodegas oscuras, la idea de que al hombre contemporáneo lo pueden privar de todo, incluso de sus recuerdos.  En esta novela el narrador protagonista rememora los años de infancia junto a su hermano durante la Ocupación de Francia por las fuerzas de Hitler. Su identidad nunca se revela a los lectores, salvo su sobrenombre: “imbécil feliz”. La alegría de los juegos y de visitar castillos cuyos dueños nunca regresaron (el Marqués de Caussade) quizás sea la ignorancia de infantes que desconocían los exilios y desapariciones de perseguidos por los invasores germanos. Tanto el protagonista narrador, como su hermano, son criados por curiosos personajes que se dedican al circo y el baile. Su madre lo había abandonado a los diez años para ir de gira teatral a Suiza, Bélgica y el Norte de África. El padre, de negocios oscuros, de vez en cuando lo visitaba. Los hermanos no alcanzaron a encariñarse con las mujeres que los protegían cuando éstas los dejan al cuidado de una vecina pues tenían sospechas de que la Gestapo allanaría el lugar. La casa es deshabitada antes de la llegada de los intrusos y cuando los oficiales alemanes y los soldados colaboracionistas preguntan a los niños por sus padres, éstos contestan que están muertos. La respuesta, más que un mecanismo de protección de la vida de sus progenitores, escondía la desazón de niños que, privados del afecto de sus padres, preferían una afirmación fulminante para evitar incómodas preguntas de otros niños y profesores.

Los castillos y casas que de una noche al amanecer son totalmente vaciados por sus ocupantes insinúan al lector las devastadoras implicaciones del exilio, una “condición de abandono terminal” (Said, 2005, p. 179), del que “nunca se puede superar su esencial tristeza” (p. 179). La frustración de quienes, ante el dilema de huir o morir, parten sin la oportunidad de despedirse de personas queridas. El dolor de los que quedan: amanecer y encontrar que ya no hay hogar y no están los que enseñaron a amar, jugar y soñar con mejores tiempos. De ahí el apuro del protagonista narrador por visitar los sitios donde creció y tratar de responder qué pasaba con sus padres y amigos adultos mientras transcurría su infancia. Lo único claro era que los alemanes ocupantes prohibían estar en sitios públicos luego de las 8:00 p.m.  El miedo a la delación siempre estaba en los mayores. A los niños les inventaban otras historias para no preocuparlos en su presente. El ocultamiento de la verdad, sin embargo,  estalla en interrogantes en la edad adulta, preguntas que, al igual que La calle de las bodegas oscuras, se convierten en abismos que crecen en la conciencia de personajes, obsesionados por sus orígenes y pérdidas.

Al  protagonista de Reducción de condena la sublimación no alcanza para apaciguar las heridas. Sus novelas no otorgan la felicidad suficiente para dirigir los ojos al futuro. No siente que la ficción sea una casa segura. Por más que provenga de judíos y sepa que “quien ya no tiene ninguna patria, halla en el escribir su lugar de residencia“ (Adorno, 2006, p. 91),  percibe que “al final el escritor no podrá ya ni habitar en sus escritos” (p. 92). 

 

 

Apuntes finales

  

La búsqueda del pasado y de la identidad son ejes fundamentales en la narrativa de Patrick Modiano. Los protagonistas de La calle de las bodegas oscuras y de Reducción de condena van a la cacería de recuerdos, pero los pocos que tienen solidez no son una tierra prometida para enorgullecerse, sino arenas movedizas de la melancolía. En su anagnórisis es fuerte el balance de pérdidas: padres ausentes;  seres queridos que huyen sin dejar rastro por la amenaza de ser descubiertos en su condición judía; amores de paradero desconocido en su intento de cruzar la frontera Franco-Suiza; el miedo durante la Ocupación Alemana.  Sobre esta recurrencia temática resultan iluminadoras las reflexiones del escritor español Enrique Vila-Matas:

 

Es precisamente esa precariedad la espina dorsal de toda la obra de Modiano: la obra de alguien que, aun consciente de la precariedad de sus derechos sobre el pasado, investiga sobre la luz incierta de sus orígenes, allí donde todo se derrumba, donde todo vacila… Eso hace de este autor un artista muy potente pero a la vez frágil, alguien que se mueve en un perpetuo muelle de brumas y que gira siempre sobre el vacío. De ahí que a veces quedemos hechizados, sin saber en qué punto exacto del muelle nos encontramos. En todos sus libros lo que nos anima a seguir es el misterio de su estilo, mientras lo tenebroso parece definirse de un modo lento, lo que puede producir momentos de desaliento en nuestra percepción de lo que sucede, como si condujéramos un bólido muy parsimonioso y sin ninguna visibilidad y sin saber si estamos al borde de una barranco o de una autopista. Pero eso le da a todo un toque incierto y atractivo (10 de Octubre de 2014).

 

Curiosa seducción de la potencia y la fragilidad. La una del lado de la fuerza narrativa del Premio Nóbel de Literatura 2014: la alta visibilidad de las escenas, su pulso en el lenguaje, el juego con el tiempo, la solidez de la arquitectura ficcional. La otra relativa a la existencia de personajes de vidas mutiladas, cuyos pasados resultan precarios, oscuros y enigmáticos. La carga trágica del contexto histórico -la Ocupación de Francia por las Fuerzas del Eje- reposa sobre un tejido narrativo donde las atmósferas poéticas, las insinuaciones y los datos ocultos evitan que los relatos caigan en  tonos lastimeros. Aunque el Holocausto, los exilios, censuras y crueldades de los nazis no se nombren frontalmente,  hacen parte de las atmósferas de La calle de las bodegas oscuras y Reducción de condena. Se intuyen por el miedo de los personajes. Están sin estar, finamente insertos en los silencios estratégicos de las novelas.

 

REFERENCIAS

Adorno, T. (2006). Mínima moralia. Madrid: Editorial Taurus.

Chejov, A. (2005). Consejos para escritores. Ciudad Seva, Hogar electrónico del escritor Luis López Nieves. Recuperado de: http://www.ciudadseva.com/textos/teoria/opin/chejov02.htm

Kafka, F. (2000). El silencio de las sirenas. Cuentos completos. Madrid: Editorial Valdemar, p.p. 321-322.

Hemingway, E. (2002). Muerte en la tarde. Madrid: Alianza Editorial.

Modiano, P. (1980). La calle de las bodegas oscuras. Caracas-Venezuela: Monte Ávila Editores.

Modiano, P. (2008). Reducción de condena. Valencia-España: Editorial Pretextos.

Ribelles, Helin, N. (2005). La atmósfera de la Ocupación Alemana en las novelas de Patrick Modiano. Çedille,  Revista de Estudios Franceses, No, 1, Asociación de Profesores de Francés de la Universidad Española, p.p. 82-92.

Said, E. (2005).  Reflexiones sobre el exilio, ensayos literarios y culturales.  Barcelona: Editorial Debate.

Sarraute, N. (1967). La era del recelo: ensayos sobre la novela.Madrid: Ediciones Guadarrama.

Vargas Llosa, M. (1997). Cartas a un joven novelista. Barcelona: Editorial Ariel.

Vilas-Matas, E. (10 de Octubre de 2014). Modianesca. El País. Recuperado de: http://cultura.elpais.com/cultura/2014/10/09/actualidad/1412875260_472898.html

 

 


 

JORGE LADINO GAITÁN BAYONA

Poeta y Profesor de Literatura de la Universidad del Tolima, Colombia. Autor de los libros de poemas: Manicomio Rock (2009), Buzón de naufragios (2012),  Baladas para el ausente (2013) y Cenizas del bufón (2014). Coautor de los libros: La novela del Tolima 1905-2005, bibliografía y reseñas (2008); Cien años de novela en el Tolima 1905-2005 (2011);  y Cuentos del Tolima, antología crítica (2011).  Doctor en literatura de la Pontificia Universidad Católica de Chile. Integrante del Grupo de Investigación en Literatura del Tolima. Ha sido ponente de literatura en congresos internacionales celebrados en Chile, Perú, Brasil, Argentina y Colombia.

jlgaitan@ut.edu.co

 


 

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