
Proyecto de rascacielos para
Nueva York (1929)
E. Waid - W. Corbett |
Metáforas
de la modernidad en
Batman Returns (·)
Los espacios
simbólicos de Ciudad Gótica
CARLOS A. GADEACada cual es el
destino del otro y,
sin duda, el destino secreto de cada cual
es destruir al otro (o seducirlo), no por
maldición o alguna otra pulsión de
muerte,
sino mediante su propio destino vital.
Jean Baudrillard.
I.
La ciudad es un estado de
espíritu, un cuerpo de costumbres y
tradiciones, de sentimientos y actitudes
organizadas. En una palabra, como decía
Park (1979, orig. 1916), la ciudad no es
meramente un mecanismo físico y una
construcción artificial, no es
únicamente una serie de edificios,
calles, hospitales o escuelas. Una ciudad
está envuelta en los procesos vitales de
las personas que la componen; es un
producto de la naturaleza humana, es el
escenario y el guión principal de
quienes la transitan, la desean y la
piensan.
La ciudad posee una
organización física y un orden moral
que interactúan, se moldean y se
modifican mutuamente. Es esta sinergia
entre ambiente urbano y temperamento
social la experiencia de la modernidad
que Georg Simmel (1977) analizó de forma
magistral. Para él, la existencia urbana
parecería exigir un creciente
distanciamiento entre el individuo y su
entorno, una especie de distanciamiento
psicológico y de "reserva
interior", propios de la objetivación
de las relaciones sociales exigida en
forma indispensable por la vida moderna y
urbana. Nostalgia, vida nerviosa,
indiferencia, hastío vital,
masificación, auto-preservación
individual, pueden ser algunas metáforas
de la vida en la metrópolis moderna
según el impresionismo sociológico
de Simmel.
Así, la ciudad condena y
somete al anonimato, al feliz o perverso
anonimato, y logra descubrirse en la
curiosa reserva de cada historia de vida
de quienes se tornan personajes para
nuestros sentidos. Todo se presenta como
un juego de máscaras que nunca caen, que
no deben caer. La ciudad es el escenario
y la escena, hombres y mujeres que luego
de encontrarse, se distancian. Así le
sucedió a una secretaria, a un magnate
industrial y a un joven punk
reciclado por sus desventuras personales.
Estos tres personajes vivían en la
imaginaria Ciudad Gótica de fines de
siglo XX. Lo que continúa es un intento
por indagar algunos aspectos de la vida
urbana moderna a través del film Batman
Returns.
II.
La racionalidad
panóptica y sus oscuros colores
parecían haberse adueñado de Ciudad
Gótica. No obstante, en los momentos
previos a los festejos de la esperada
Navidad, algo consigue desafiarla. El
colorido de "La banda del
circo" del Pingüino irrumpe
violentamente, dejándola profundamente
desconcertada. Ese hombre de 33 años,
socializado entre pingüinos y habitante
de los alcantarillados de la ciudad,
evidenciaba el doble deseo de
"querer ver" y de "querer
ser visto" por todos. Ese sería su
desafío. Era un destino trazado desde
mucho tiempo atrás, desde el momento que
había sido abandonado por su familia, a
pocos días de su nacimiento. Su
subjetividad parecería haberse
constituido desde "la
diferencia": "yo no estoy hecho
como nadie que haya visto" (1).
Lanzarse hacia la visibilidad y la
exhibición urbana representaba una
suerte de "recuperación" de su
condición perdida o negada; liberarse,
en definitiva, de la "condena de las
apariencias". Para eso, procurará
constatar entre los documentos públicos
cuál es efectivamente su nombre, sin
poder ocultarse que la ironía desbordaba
esa trivial tentativa.
Seline Kyle era la
secretaria de Max Schreck. Detrás de un
par de lentes que debía acomodarse
continuamente, de un despreocupado
aspecto en el peinado, del puntillismo y
prolijidad de su vestimenta, se advierte
a una solitaria y bella joven, a una
eficiente y algo torpe secretaria, que
encuentra en el hecho de trabajar su
sosiego cotidiano e invulnerable. A los
ojos de todos, una mujer herméticamente
estructurada por sus rituales y actos
cotidianos: consulta diariamente su
contestador telefónico y sólo parece
intercambiar gestos y palabras con su
gata. Al entrar en su apartamento,
ingresa a su refugio celosamente
organizado, a su tranquilidad y
distanciamiento de la "vida agitada
y nerviosa" de la ciudad.
Mientras tanto, Bruce Wayne,
contemplando la ciudad a través de un
gran ventanal de su casa, parece esperar
"la señal" que le permitirá
practicar su ansiedad utópica.
Introspectivo, de movimientos lentos y
algo vacilantes, el joven magnate de
Ciudad Gótica ya no aparenta poseer la
firmeza que lo había caracterizado. Este
Bruce Wayne-Batman se perdía,
prácticamente, en el universo simbólico
del medio que lo había creado. Su
voluntad del "bien" ya no marca
más las pautas del conjunto social, ya
que nada parece probar, a los ojos de
todos, su supuesta cooperación en la
lucha contra el "mal".
A pesar del recurso de la
"máscara", de una eventual
liberación en la apariencia y la
simulación, Bruce Wayne-Batman se
presenta más vulnerable que Gatúbela y
que el Pingüino. No puede distanciar con
exactitud qué hay de originario y de
artificial en su naturaleza. En la
pulcritud de su mansión y en la
constante atención de su mayordomo
Alfred, se evidencia conmovido por
"conocer bien un estado que ya no
existe, que tal vez nunca haya existido,
que probablemente no existirá jamás (
)"
(2) de su individualidad. Para
esto, procura continuar "siendo lo
que él era", permanecer semejante a
sí mismo como forma de alcanzar la
promesa de "la salvación",
ilusión ridícula a los ojos del
Pingüino y de Gatúbela.
Pero Ciudad Gótica no se
presentaba ingenua. El escenario al cual
el Pingüino mantenía en constante
tensión y el que Gatúbela abandonó
para exiliarse en las azoteas se
caracterizaba por un proceso general de
inevitable deshumanización. Max
Schreck sería el metafórico personaje
que encarnaría el dominio de la técnica
y la ciencia en la vida de los
ciudadanos. Este aparece obsesionado por
construir una planta nuclear de
generación de energía eléctrica, lo
que ocasionaría un irreversible colapso
ecológico y energético para la ciudad.
Más allá de este aspecto puntual, será
fundamentalmente un proceso de acentuada
racionalización y tecnificación de la
vida que permite detectar las
características de una sociedad donde
las instancias de subjetividad parecen
perderse en los mecanismos de la
objetividad científica y tecnológica,
en el discurso del progreso material y
social. Ciudad Gótica, así, no parecía
resistir a tales fatalidades. No
obstante, el Pingüino podría llegar a
convertirse en un activista político que
denunciaría los escándalos de
corrupción de Max Schreck, mientras
Gatúbela deambulará por las azoteas con
su ansioso deseo por desenmascarar a su
ex jefe, a quien, por casualidad, le
descubrió sus ocultos y egoístas
intereses. ¿Batman? Continuaba
reflexivo, más temeroso que agitado, una
especie de accesorio decorativo en
momentos críticos de la ciudad.
III.
Si existen transformaciones
verdaderamente camaleónicas en el tejido
urbano, la que protagoniza la secretaria
Seline Kyle goza de una belleza
conmovedora. La aparente lucha por su
auto-afirmación, encontrada en el exceso
de reserva, fastidio y excentricidad de
Gatúbela, parte de la imposibilidad de
"reconocerse a sí misma".
Parece proponer, tal cual el
"iluminista" Rousseau, la
"tarea de volver a lo
inmediato". Cuando descubre las
oscuras pretensiones de Max Schreck,
éste la lanza por un ventanal desde uno
de los pisos más altos de las oficinas
de la empresa. Al caer, parece estar
muerta. Sin embargo, una decena de gatos,
rodeando y mordiéndola, escenifican su
"nuevo nacimiento". Moría la
disciplinada y eficiente secretaria, para
dar paso a la gran debilidad psicológica
de Batman. Rápidamente, ese personaje
intermediario y transitorio que camina
hacia su casa, con aspecto visiblemente
desaliñado, comienza a destruir todos
los objetos-símbolos referentes a la
secretaria y, con una mezcla de
agresividad y ternura, la mujer-gato da
inicio a "su producción".
Reestructuración previa de su entorno
hogareño en una suerte de estética techno,
diseñará personalmente una nueva
indumentaria típica del "lado
oscuro de las tecnologías": cuero
negro revistiendo su cuerpo, agujas como
prolongación de sus uñas y
"máscara" simulando el rostro
de una gata. Gatúbela, interpretada como
el "encuentro consigo mismo" de
Seline Kyle, coincide con el encuentro de
lo imaginario y la conciencia de sí
íntimamente ligada a la posibilidad de
convertirse en otra: "ha
cambiado de apariencia, por así decirlo,
hasta el punto de ser irreconocible"
(3).
A todo esto, el Pingüino
consigue secuestrar hacia las profundas y
sórdidas imágenes subterráneas de
Ciudad Gótica al poderoso Max Schreck.
Bajo la protección de su entorno
físico, y rodeado de pingüinos
gigantes, lo somete a un interesante
interrogatorio. Una simple pregunta
sería sintomática para advertir el
juego de contrasentidos de la situación
que se estaba viviendo. Por un lado, la
pulcritud y la arrogancia del corrupto
Schreck, política y económicamente
poderoso en la ciudad; por el otro, una
deformidad obscena, una imagen de lo no
deseado simbolizado en el Pingüino y su
mundo aislado y seudo-rebelde de los
alcantarillados. El mundo
"real", el de Schreck y el de
Batman, repercutía en el mundo
"artificial" y subterráneo del
Pingüino. Lo que uno desechaba, el otro
lo recibía. Los líquidos contaminantes
de la ciudad eran el entorno físico y
cultural del mundo subterráneo del
trastornado Pingüino. Así, la
situación de eventual cautiverio
parecía inducir a la siguiente pregunta:
¿Ironía trágica o justicia divina? Max
Schreck se ve presionado, mientras el
Pingüino preparaba su triunfal
aparición en el mundo de los
"iguales" en destino y
apariencia.
El Pingüino había nacido
no en la desesperación hard de
Gatúbela, sino reciclado entre los
desperdicios y desechos de los habitantes
de Ciudad Gótica. Es con su
historicidad, representada en el largo y
oscuro túnel de los alcantarillados,
donde da comienzo esta especie de fabulación
de la realidad. 33 años después,
los periódicos comienzan a hablar de su
enigmática presencia. Al hacer
aparición, se puede contemplar cómo la
injusticia existe, cómo "los
márgenes" de la vida urbana
conviven en el silencio cómplice de los
movimientos cotidianos de una ciudad. Nihilista
consumado, el Pingüino llama a vivir
una experiencia fabulizada de la
realidad, a una bulimia de placeres, al
capricho adolescente escondido en quien
parece exigir sin concesiones ser
resarcido por un pasado injusto e infiel
al derecho de una identidad. En Batman ve
el espejo de un éxito e idolatría
envidiada: es "su otro
integrado" en la Ciudad Gótica.
Batman es la materialización de lo que,
tal vez, el podría haber sido, si tan
solo hubiese podido tener los medios
necesarios para ello.
El primer diálogo frente a
frente entre el Pingüino y Batman se ve
interrumpido por una fuerte explosión.
Entre el escándalo visual aparece
Gatúbela. Los observa. Gemido irónico y
sorpresa de Batman. El Pingüino decide
irse. Gatúbela, con un movimiento de
acrobacia, se aleja de la escena. Batman
queda sólo, asombrado, titubeante,
profundamente conmovido. Percibe que no
es solo él quien lleva máscaras.
Reflexivo, advierte que las cosas han
cambiado de aspecto. Comienza a darse
cuenta que en él la máscara es un
artificio que lo libera de su
introspección y compleja personalidad,
de sus miedos y continuas dudas.
También, que en el Pingüino no existe
una máscara como muchos sí lo
consideran y que, en Gatúbela, la
máscara no es una simple ocultación o
negación, sino una especie de
"inversión de lo femenino", de
pos-feminismo irónico, en el que la
posible liberación de la feminidad no
deja de ser un horizonte complejo y
seductor. Nihilista, la mujer-gato
encontrará en las azoteas su única
posibilidad de libertad. En Batman verá
al ridículo caballero de los cuentos de
hadas, a aquél que toda mujer espera
para que la "salve" de los
sinsabores de la vida.
Bruce Wayne no sería
Batman, sino que éste sería su
máscara. Batman era una máscara más.
Triunfo de la dualidad. Como el Pingüino
y Gatúbela lo saben, intentan
continuamente desenmascarar en Batman a
"la realidad". De esta manera,
¿qué es lo que, en definitiva, el
Pingüino y Gatúbela quieren evidenciar?
Simplemente que "el Batman" del
"sentido", del
"bien", de "lo
justo", no debe confundirse con el
sustituto que ahora se ofrece: no es más
que un disfraz, una máscara
simulación.
IV.
En el ambiente acogedor de
su mansión, Bruce y Seline conversan.
Batman y Gatúbela no parecen estar
presentes. Sin embargo, están en estado
de latencia, ya que existe una especie de
complicidad irónica en sus diálogos.
Parecen no olvidar un anterior encuentro
que habían tenido sus máscaras. No
así, este momento no sería tan tenso
como aquél, lo que no impide a
Seline-Gatúbela hostigar
psicológicamente a Bruce-Batman. Si
antes Seline jugaba a buscar su identidad
y la de Bruce preguntando ¿quién estaba
detrás de la máscara?, en esta ocasión
conseguirá evidenciar la dualidad
estructurante de Bruce. Cuando, en un
determinado momento de la conversación,
éste le responde que "existen dos
verdades", le descubre su
fragilidad, se enamora de Bruce Wayne y
cree poder odiar a Batman. La despedida
de ambos, en esta oportunidad, es tan
accidentada y confusa como aquella que
dejó a Batman herido y a Gatúbela en un
camión de comida para gatos. Sólo un
beso apasionado logra sellar el
encuentro.
Pero un nuevo encuentro
tendrían Seline y Bruce. Esta vez en un
baile de disfraces. En él, la secretaria
Seline y Bruce Wayne son los únicos que
no usan máscaras. Convierten la ocasión
en un dramático movimiento de
descubrimientos mutuos. Un segundo beso
permitirá el descubrimiento de Batman y
Gatúbela bajo las identidades de Bruce y
Seline. No hubo sorpresa alguna, sino
confirmaciones. Si Seline llora frente a
Bruce y a Batman, éste se confunde y
conmueve por el fuerte desencanto que
envuelve a Seline y a Gatúbela.
Finalmente, Batman contempla en la
hermosa y frágil Seline a la enigmática
mujer-gato de las azoteas de Ciudad
Gótica. Todo parece interrumpirse
nuevamente, al hacer aparición en el
baile los bufones de "La banda del
circo" del Pingüino. Escándalo y
confusión en Ciudad Gótica. El caos se
sobrepone a la indiferencia cotidiana, a
la masa anestesiada y a los grises de la
vida urbana, ascética y disciplinada.
Para Batman, si Seline era Gatúbela, es
porque "ya nadie se atreve a parecer
lo que es", inclusive él mismo.
Tal cual un diagnóstico
weberiano, Gatúbela parece ser el
producto de un fuerte desencanto
consecuente con la transformación de las
acciones y conductas a meros criterios de
instrumentalidad y racionalidad. El amor
y la esperanza no parecen gobernar sus
acciones. Aunque reconoce esos
sentimientos, los subvierte a fuerza de
una rebeldía que ironiza la posibilidad
de su existencia. Ella es quien advierte
el paulatino cambio que vienen
protagonizando los habitantes de Ciudad
Gótica: la vida urbana cada vez más
sometida a una "jaula de
hierro" de racionalidad
instrumental. En Gatúbela parecen
expresarse los anónimos ciudadanos de
Ciudad Gótica. De aquí el ambiguo
respeto hacia Batman, ya que es él quien
representa el guardián del status quo
y la continuidad de la trivialidad
existencial. Si Batman custodia el desencanto,
Gatúbela quiere reencantar a
Ciudad Gótica.
La energía rebelde de
Gatúbela es producto del eventual horror
de pensarse como Seline Kyle, una
secretaria que estaba siendo devorada por
la lógica mezquina de la
instrumentalidad. Ella servía a los
egoístas intereses de poder de Max
Schreck, quien se aprovechaba de su
ingenuidad y buenas intenciones. Lo que
parecía restarle era un desafío a lo
socialmente instituido y oponerse al
mecanismo de la vida moderna, para poder
conservar una porción de "humanidad
libre" de ese "encarcelamiento
del ser", de ese dominio de la forma
burocrática de vida. Mientras la hora de
la supuesta redención del Pingüino se
aproxima, Batman y Gatúbela se muestran
hartos de las máscaras. Y mientras llega
el momento de la ironía del Pingüino
hacia los signos de lo político y los
valores de la sociabilidad urbana
(realizando una campaña electoral para
ser prefecto de la ciudad), Gatúbela y
Batman se reconocen profundamente
vulnerables.
V.
Batman inicia su última
ofensiva. Ciudad Gótica todavía
parecía depositarle su confianza. Menos
vacilante que en los últimos tiempos,
emprende su último ataque hacia el
subterráneo universo del Pingüino. El
hogar del Pingüino estalla en varias
explosiones. Si su deslegitimación
como posible político de la ciudad
representó una primera muerte simbólica
(le fueron arrojados tomates por la
multitud), su segunda muerte se
traduciría en la trágica e irónica
desaparición de un ser que comienza a
ocultarse porque "la verdad" se
había ocultado antes para él -no
olvidar que la infancia del Pingüino no
había sido confianza ni transparencia,
sino abandono y ausencia de identidad (4).
Ritualista por excelencia, el Pingüino
no deja de hacer de su muerte una suerte
de tragicomedia. Acompañado por sus
fieles pingüinos, cae al agua,
perdiéndose entre las múltiples
explosiones de su refugio subterráneo.
Mientras tanto, una sola vida prefirió
guardar para sí la mujer-gato.
Desaparece sin una posible
reconciliación con Batman. Para éste,
la utopía era que Seline reapareciese
entre la máscara de Gatúbela.
Batman representa el
universo terrenal urbano de Ciudad
Gótica. Se mueve en la superficie, en
"la realidad", no sin sentirse
vulnerable al manifestar que
"existen dos verdades".
¿Crisis de Batman? ¿Crisis de realidad?
Contrariamente, el Pingüino representa
el espacio subterráneo de lo social, lo
contracultural, "los márgenes"
de "la realidad", el silencio
de las mayorías. Mientras tanto,
Gatúbela deambulará en las noches por
las azoteas, vivirá en las sombras de
"la realidad", jugará con
ella. En su exilio, se convertirá en la
amenaza mercadotécnica más fuerte que
tendrá Batman. Quedan diseñados, de
esta manera, los tres espacios
simbólicos, representados en cada uno de
ellos, de Ciudad Gótica. La interacción
de estos espacios hace a la vida urbana
un entramado de intersecciones sociales.
Como diría Simmel (1977), el laberinto
de la sociedad es iluminado
estéticamente y no políticamente, algo
observable en las constantes
interacciones cotidianas y en el
"tejido de filiaciones de
grupo" que componen el todo de la
vida urbana.
El Pingüino parece
manifestar que en Ciudad Gótica se
evidencia un social caricaturesco,
en el que los hombres y mujeres han
perdido su carácter faústico
para convertirse en individuos temerosos,
incapaces de sacudirse de la
"condena de las apariencias".
Batman refleja la frágil certeza de
que ya no es posible la existencia de
aquella Navidad colorida y llena de
sentimentalidad, sino una fría y oscura
noche rigurosa. Batman parece
preguntarse: ¿los habitantes de Ciudad
Gótica seguirán convirtiéndose en
seres mordaces, en indiferentes y
mecánicos individuos? ¿Habrá otras
Gatúbelas y otros Pingüinos detrás de
otros rostros? Sombra de Gatúbela en las
azoteas. Huye. Batman desea verla una vez
más. Bruce Wayne entra al auto. Parece
pensar, junto con Nietzsche, que "el
mundo verdadero se ha convertido en
fábula".
* Film (EE.UU,
1992) producido por Denise Di Novi y Tim
Burton, dirigido por éste último y con
la excelente música de Danny Elfman.
Actuaciones principales: Michael Keaton
(Batman), Danny de Vito (Pingüino),
Michelle Pfeiffer (Gatúbela) y
Christopher Walken (Max Schreck).
NOTAS
1. Palabras de Rousseau que recuerdan a
varios de los diálogos del Pingüino;
citadas en Starobinski (1983, 16).
2. Palabras de Rousseau citadas en
Starobinski (1983, 26).
3. Idem anterior.
4.Analogía extraída de Starobinski
(1983, 19).
Bibliografía.
Baudrillard, Jean.
(1991), La transparencia del mal, Anagrama,
Barcelona.
Berman, Marshall. (1989), Todo
lo sólido se desvanece en el aire, Siglo
XXI, Buenos Aires.
Nietzsche, Frederick. (1984), El
ocaso de los ídolos, Busma, Madrid.
Park, Robert. (1979, orig. 1916),
"A cidade: sugestões para a
investigação do comportamento humano no
meio urbano", IN: Velho, Otávio
(Org.), O fenômeno urbano, Zahar,
Rio de Janeiro.
Picó, Joseph (Comp.) (1992), Modernidad
y Postmodernidad, Alianza, Madrid.
Simmel, Georg. (1977), Sociología,
Revista de Occidente, Madrid.
________ . (1986), El individuo y la
libertad, Península, Barcelona.
Starobinski, Jean (1983), Jean-Jacques
Rousseau. La transparencia y el
obstáculo, Taurus, Madrid.
Weber, Max. (1964), Economía y
sociedad, Fondo de Cultura
Económica, México.
/
CARLOS A. GADEA es
uruguayo (1969). Doctor en Sociología
Política por la Universidade Federal de
Santa Catarina UFSC, Brasil. Integrante
del Núcleo de Pesquisas en Movimientos
Sociales, UFSC. Actualmente Profesor del
Programa de Pos-grado en Ciencias
Sociales de la Universidade do Vale do
Rio dos Sinos UNISINOS, Brasil.
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