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Old Colony Building (1893)
Holabird y Roche / Chicago

ACTUALIDAD
Arquitectura, Etica y Estética
NICOLÁS FRATARELLI

Decir que la arquitectura es la manifestación espacial de los sistemas sociales que la contienen ya, a esta altura, es una verdad de perogrullo. Vivimos en una época donde predomina el relativismo cultural y la arquitectura navega estas aguas.

Las enseñanzas de los antiguos maestros modernos fueron quedando guardadas en el cajón de los olvidos. Maltrechas, se fueron erosionando, por errores propios e intereses ajenos. Los valores éticos que sustentaban a todo el movimiento moderno se leen hoy en día como limitantes de la libertad.

Michel Maffesoli, dice descarnadamente que la modernidad fue una época, que desembocó en diversos totalitarismos. "Totalitarismo de raza, totalitarismo de clase, cuyas consecuencias sanguinarias conocemos." (...) "En la fuente de estos diversos totalitarismos, hay una paranoia: la del racionalismo mórbido que busca una explicación última (...) y que rechaza todo lo que no se somete a tal exhortación (...) es inútil querer dominar todo, tener la pretensión de predecir y planificar a ultranza, creer que es posible en nombre de una teoría, hacer el bien y llegar a una perfección durable: la del paraíso terrestre."

La crítica a la modernidad devino en una ruptura tal que permitió que en estos nuevos tiempos todo pueda ser factible y justificable. La idea de la modernidad vista desde estos días, más que totalitaria, resulta ingenua. Sus ilusiones de un futuro mejor se ven como mera cursilería. Los preceptos de los maestros de la arquitectura moderna que señalaban qué era lo que se debía hacer y cómo debía hacerse fueron cada vez mas bombardeados con discursos desestructurantes: "Hagamos hoy lo que tengamos ganas de hacer" (Philiph Johnson)

La ética moderna, racionalista, que marcaba "el camino correcto (...) único e indivisible" se fue transformando en un atajo con justificaciones tales como de "razonable desde el punto de vista económico, estéticamente agradable y moralmente adecuado" (Zigmunt Bauman)

Esta ética apasionada, cerrada, beligerante contra lo que consideraba injusto, fue reemplazada por otra permisiva, autodenominada libre, sin reglas. No obstante este todo vale más que contener una idea de libertad y de igualdad encierra la idea del no cambio. "... la gran risa del paganismo, la de la pluralidad de las cosas, hace envejecer el espíritu de seriedad de todos los sistemas de la sociedad programada, cualesquiera sean. (...) Ahí donde dominaba la separación, la distinción, la autonomía, tiende a reinar la reversibilidad, la mezcla, la heteronomía. (...) Y habrá que acostumbrarse." (Michel Maffesoli)

Así como en las sociedades actuales bajo los preceptos del pluralismo, se justifica el individualismo y se estimula, más que el respeto, una amable indiferencia hacia el otro, vemos que en las grandes obras de arquitectura se produce la misma situación. Las obras suenan como gritos desesperados de sus autores, que dicen aquí estoy. Sus diseños se realizan bajo una lógica introvertida donde predominan las argucias formales por encima del contexto urbano y la ciudad pasa a ser un simple escenario para experimentos arquitectónicos, evitando el diálogo con lo circundante.

La arquitectura que persigue únicamente su singularidad, se presenta como una escultura arquitectónica. Si en los ochenta criticábamos a las teorías arquitectónicas que utilizaban la gélida denominación de "usuario" para referirse a las personas de carne y hueso que vivirían sus espacios, hoy nos encontramos frente a la decidida desaparición del sujeto del discurso arquitectónico. El fin de la obra de arquitectura resulta ser el objeto arquitectónico en si mismo. La obra se presenta frente a los otros para ser vista, no para ser vivida. Exhibe sus colores como la cola del pavo real mientras los mecanismos extra arquitectónicos se encargan de avalar y legitimar su existencia social.

Desregulación Etica

"Uno de los valores de la ética minimalista, indolora, posmoral, hedonista, entregada jubilosamente a la superficialización de la culpa y a desligar a los sujetos de toda incomoda relación con una ética que requiera la obligación y la sanción en vez de la felicidad narcisista del "todo está permitido", ha sido el valor del éxito. (José Pablo Feinmann) Y para ser más exactos, el valor del éxito a corto plazo que desdeña la idea de dejar enseñanzas, de marcar escuela.

El relativismo cultural genera la falta de valores éticos sociales. Los valores son individuales, casi una cuestión de conciencia personal.

En la arquitectura aparece una pluralidad de formas coherente con el relativismo ético de la sociedad. El gusto personal (individual) manda, los medios de comunicación, de soportes diversos, les dan espacios a estos autores para que justifiquen sus caprichos, para que embadurnen de autoridad sus discursos y muestren a sus obras como objetos artísticos. La diversidad formal basada en arbitrariedades de diseño tiene por fin sobresalir, llamar la atención, generar escándalo. Aparecer como transgresor y trivializar preceptos básicos de la arquitectura, posiciona de la mejor manera a estos diseñadores de objetos arquitectos para conseguir encargos importantes con los cuales puedan repetir la operación y mantenerse vigente. El objeto representa al diseñador, es la carta de presentación que hará rodar la rueda hacia nuevas realizaciones de nuevos objetos que deben ser novedosos. Jean Nouvel (por señalar solo un caso) no se sonroja por las distintas denominaciones con que los catalanes llaman a su última obra (rascacielos Agbar). Muy por el contrario. Se siente satisfecho con el deber cumplido: conseguir que se hable de él y de su obra.

Así vemos como la idea de pluralidad no encierra la verdadera noción de democracia. Las voces que sobresalen por sobre el resto generan polémica pero acallan las opiniones divergentes. Los medios globales muestran la obra de autor (obra-objeto) como el paradigma de la buena arquitectura y la exhiben sin crítica mediante. Los discursos de llegada global opacan la declamada pluralidad de la que, se suponen, son parte y por ende sienten su frente salpicada por las críticas que tiempo atrás le habían caído al movimiento moderno, pero poco les importa.

Desde los últimos años del fin del milenio, la arquitectura acompaña la decadencia de los valores éticos que se van produciendo en las sociedades modernas. Arquitectos con carisma, devenidos en diseñadores de moda y estilistas con ingenio, sustituyeron a los maestros. La apariencia se hizo sustancia.

Hoy el presente inmediato nos lleva de las narices; mañana será otro día.

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NICOLÁS FRATARELLI es arquitecto (UBA), docente, investigador y especialista en Historia y Crítica de la Arquitectura y el Urbanismo de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires. Algunos trabajos del autor: "La generación del espacio americano en el siglo XIX"; "Buenos Aires, eslabón de cadena"; "Ciudad, Palabra y Política"; "La ciudad latinoamericana"; "De Arequipa a Amberes".

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