
Foto: Villa Devoto (1960) (A.G.N.)
SEBASTIÁN
FOGLIA es abogado,
miembro del Instituto para el Desarrollo
de Estudios Sociales (INIDES), Director
de la revista electrónica "Derecho
Penal Online" (www.derechopenalonline.com),
Profesor Adjunto de "Derecho Penal
I" en la Facultad de Derecho de la
Universidad Católica de La Plata,
Ayudante de "Derecho Penal I"
del Departamento de Derecho de la
Universidad Nacional del Sur, Auxiliar de
la cátedra del Prof. Eugenio Raúl
Zaffaroni de la Facultad de Derecho de la
Universidad de Buenos Aires en la materia
"Elementos de Derecho Penal y
Procesal Penal".
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ENTREVISTA
Sistema Penal y Sociedad
La
administración del delitoContratiempo
habló con el Dr. Sebastián Foglia,
entre otras cosas, de la relación entre
cárceles, ciudad y sociedad, de la
función del sistema penal, de las
políticas de readaptación y de la
criminología como espacio de
investigación.
La cárcel
pareciera ser un espacio negado por la
sociedad, un punto ciego en la trama
urbana ¿cómo ve Ud. la relación entre
ellas?
Entiendo que ese concepto de
la cárcel ha cambiado mucho actualmente.
Hoy la oscuridad de la cárcel se ha
visto surcada por la mirada tanto del
propio Estado como del público.
Por un lado, Bentham
estaría contento al ver que en las
cárceles actuales existe una mirada
continua del Estado (o del
guardiacárcel) mediante cámaras de
vigilancia funcionando las 24 hs. en los
pasillos de los pabellones (1).
Y del público pues los
muros también han sido permeados por la
mirada de los medios. Existen toda clase
de programas televisivos que reproducen
lo que pasa en la cárcel, se pueden ver
investigaciones con cámaras ocultas,
también los familiares de los detenidos
tienen posibilidades de expresarse
contando lo que pasa adentro y las crudas
imágenes de los motines nos son
mostradas lamentablemente con bastante
frecuencia.
¿Qué rol cumplen los
talleres universitarios que trabajan
sobre temas como la cárcel, el delito,
las penas?
Creo que son muy necesarios,
pues -más allá de que efectivamente los
internos se reciban- ya de por sí la
sola posibilidad de asistir a clases para
quien esta alojado en la cárcel es un
beneficio importante. Al reo le permite
pasar un tiempo fuera de la lógica
carcelaria del pabellón, y le permite
abstraerse en pensamientos e ideas.De lo
contrario pasaría el tiempo en la celda
o en el patio. Cabe señalar que -aún
teniendo todo el tiempo ha disposición-
la subcultura carcelaria resulta un
obstáculo hasta para la lectura de
libros.
Pero hay más, con algunos
alumnos en mi experiencia- hemos
podido lograr un espacio sumamente
interesante para el debate, en general y
sobre el sistema penal, pues desde el
punto de vista de la propia gente que lo
sufre, se pueden profundizar los temas y
sacar conclusiones, que no estarían al
alcance de simples observadores como uno.
Es decir, tanto con personas que
demuestren interés, como con las que no,
el resultado es positivo, pues permite
romper la lógica mencionada de premios y
castigos y generar un espacio distinto
que sin duda ayuda al acercamiento con el
mundo libre.
No es posible determinar si
-al salir en libertad- la persona
continuará los estudios, pero por lo
menos se le ha mostrado al preso una
nueva posibilidad y se lo ha dotado de
conocimientos adecuados para ser menos
vulnerable, para no volver a caer en el
sistema penal.
Actualmente el número de
alumnos que cursan la universidad no es
realmente significativo. Existen
reticencias de diversos frentes (el
servicio penitenciario, la universidad,
hasta la propia comunidad, etc) para que
esto se amplíe. No existen estructuras
adecuadas (aulas, libros, profesores,
etc) y, creo que esto es el obstáculo
más grande, las direcciones de los
penales manejan la cuestión en carácter
de premio, como un mecanismo más de
control.
Dados los mecanismos
represivos de control social que utiliza
el sistema neoliberal para imponer su
política, una posible lectura es la del
espacio carcelario como una continuidad
de las zonas excluídas de la ciudad.
¿podría interpretarse que el espacio de
la cárcel, como está constituido
actualmente, es obsoleto?
Sin duda el espacio de la
cárcel es una continuidad de las zonas
excluídas de la ciudad, pero de ningún
modo es obsoleto. Sabido es que los
clientes del sistema penal que pueblan
nuestras cárceles son casi en su
totalidad pertenecientes a los sectores
pobres, los excluidos de la sociedad. El
sistema opera selectivamente sobre ellos,
y luego de un tiempo, resultan ser
siempre los mismos. Son aquellos más
fáciles de agarrar, los de los delitos
torpes, etc. Por ello existe una doble
vía continua entre estos barrios y la
cárcel: la cárcel es una continuación
de la villa, existe una continuidad de la
villa a la cárcel.
Actualmente asistimos a la
reproducción de "la villa en la
cárcel", es decir, una situación
de vida carcelaria en condiciones tan
precarias como en las de un ghetto urbano
villa o favela-, que es la actual
situación del sistema carcelario no solo
argentino sino latinoamericano. Creo que
hoy es posible afirmar en la cárcel
argentina el respeto al principio de "less
elegibility", aquél principio
teórico del siglo pasado que decía que
las condiciones de vida de la cárcel
siempre deben ser peores que las del
último estrato social. Esos pensadores
estaban preocupados de que haya personas
que quieran cometer delitos para estar
detenidas y tener techo y comida. Hoy sin
duda las condiciones de detención son
mucho peores que las condiciones de vida
en cualquier ghetto urbano.
Esta situación de
privación continua en la cárcel genera
violencia pues si ponemos 200 personas en
un pabellón y no les proveemos
alimentos, medicamentos, ropa de abrigo,
elementos de aseo, lo primero que va a
ocurrir es un motín. Si precarizamos la
vida en el penal, los internos terminan
matando, por ejemplo, por un kilo de
yerba.
Aún advirtiendo esta
selectividad encarnizada y las
condiciones de la cárcel, no creo que
sea posible decir que el sistema es
obsoleto. La cárcel actual no educa, no
recupera, no resocializa, no reinserta,
pero:
- Excluye: pues el
paso por la cárcel define la
exclusión social del mercado de
trabajo lícito, al generar una
etiqueta difícil de quitar, por
lo que define la carrera criminal
(o mercado de trabajo ilícito);
y,
- Controla: pues estos
clientes, que son los vulnerables
al sistema penal, entran y salen,
son controlados tanto por la
cárcel como por los patronatos
de liberados o por las agencias
de asistencia, se sabe donde
viven, cuando salen, a que se
dedican hasta que vuelven a caer,
etc.
Esa es la función latente
del sistema penal, a la que entiendo
alude Michel Foucault en el famoso
último capítulo de "Vigilar y
castigar" (2). El
verdadero poder de la prisión es la
posibilidad del Estado de administrar y
controlar un caudal de ilicitudes,
controlando ese grupo minoritario y de
esa forma controlar el comportamiento y
la sumisión del resto de la población,
que en general es ajena a la
criminalización. Es la función
simbólica del castigo actual, y aún con
sus panópticos deteriorados, de paredes
derruidas, de guardiacárceles mal pagos,
etc, está tan vigente como nunca. En
este sentido, la cárcel es el corral de
los chivos expiatorios.
Me he visto muy interesado
en los estudios de los años 70, cuando
surgieron esas visiones de la cárcel
como lugar de disciplinamiento de las
masas a la vida capitalista. Se decía
correctamente que el origen de la cárcel
eran las "work houses" o
"casas de trabajo" inglesas
donde desde fines del siglo XVIII
mendigos y vagabundos eran obligados a
trabajar en la elaboración de diversos
productos. Era la relación entre
"la cárcel y la fábrica" (3).
Pero creo que actualmente los términos
han cambiado. Creo que ahora debe verse
esa relación estructural en la óptica
de "la cárcel sin la
fábrica", o cárceles de exclusión
o "cárceles de la miseria",
como las llama Loïc Wacquant (4).
Replanteamos la
pregunta: Pensando en esta ampliación de
la situación carcelaria a las zonas
"peligrosas" de la ciudad, o
ésta regidas por principios carcelarios,
¿sería posible un sistema penal en la
Argentina que tienda a abolir la
prisión, o por lo menos a crear
situaciones intermedias?
No creo que sea posible
pensar en un futuro sistema penal sin
cárcel. Por el contrario los indicadores
muestran que va a haber más cárceles.
Un claro ejemplo es la provincia de
Buenos Aires, donde, a partir de una
reforma legal represiva que estableció
la inexcarcelabilidad de determinados
delitos (ley prov. nº12.405), se llevó
el número de presos de 18.000 a más de
30.000 en cinco años.
Pero si entiendo que se
está ampliando la situación carcelaria
a los barrios pobres. Mientras el recurso
cárcel no va a decrecer, las políticas
estatales de control en los barrios
pobres puede aumentar. Es ese el otro
margen de la continuidad entre
"cárcel" y "villa".
Asistimos a eso actualmente, por ejemplo
el barrio Fuerte Apache esta sitiado por
personal de la Gendarmería Nacional, o
pensemos en las favelas de Brasil. Desde
el discurso se lo ha explicitado
también: en la Prov. de Buenos Aires el
jefe de la policia bonaerense del año
2001, Comisario Amadeo D´angelo, quizo
implementar un plan para "rodear las
villas para que no salgan los
delincuentes" (cfr. Diario El Dia de
La Plata 15 de mayo de 2001).
Estas son muestras de un
retorno a la ideología de finales del
siglo XIX que relacionaba clases
populares a clases peligrosas. La
política criminal actual focaliza en
determinados territorios urbanos, que
desde el discurso estigmatiza,
configurando los conceptos de
"barrios peligrosos" y que
está asociado a un estereotipo de
"delincuente juvenil". El
control social es fundamentalmente eso,
es la producción de significado.
No veo que esto fuera a
abolir la institución carcelaria. Por el
contrario, la tendencia es inversa: la
política criminal actual, a la par de
focalizar los problemas en las villas,
expande la cárcel y relegitima su
función en ese mecanismo selectivo y de
definición.
¿Ud. qué piensa de
las políticas de readaptación a la
sociedad de los detenidos?
La readaptación es una
ideología encubridora de lo que la
cárcel es, fue y será siempre: puro
secuestro de personas. A lo largo del
tiempo, lograr la legitimidad necesaria
del Estado en su tarea de encerrar
personas, nunca fue fácil de realizar.
Analicemos distintas fotografías de la
cárcel:
-Pensemos en la
"cárcel-fábrica", en la
cárcel disciplinaria de fines del siglo
XIX de Estados Unidos o europa, todos los
presos haciendo trabajos forzados, un
intento bien logrado de darle una
utilidad a esa masa humana privada de
libertad de forma acorde con los
principios religiosos y económicos de la
época.
-Imaginemos ahora la cárcel
modelo argentina, la Penitenciaria
Nacional de la calle Las Heras en Capital
Federal en los años 1920 1930.
Todos los presos en sus celdas con sus
traje a rayas, y por los pasillos de los
pabellones, científicos europeos
elogiando su funcionamiento. Trabajo,
estudio, disciplina e higiene. Aunque fue
una sola porque -como dice Caimari- el
resto de las cárceles funcionaba con la
precaridad habitual ("Apenas un
delincuente", Siglo XXI, Bs. As.
2004).
-Miremos ahora los centros
terapéuticos típicos de europa
occidental de los años 60 y 70,
dominados por psicólogos y psiquiatras,
con complejas teorías y tratamientos,
una foto similar a la "La Naranja
Mecánica" de A. Burguess. De vuelta
la ciencia dando la legitimación al
castigo.
Esta claro que estos fines
asignados a la cárcel son falsos. La
cárcel no educa, no recupera, no
resocializa, no reinserta. Pero resulta
difícil erradicar semejante herramienta
simbólica de control social. Por ello,
lo único que cabe en este contexto es
sincerar su discurso.
Tiene toda la razón
Zaffaroni cuando dice que se debe buscar
a fortalecer igualmente una ideología de
la cárcel fundada en los D.D.H.H., una
cárcel donde se imponga un trato humano,
lo menos deteriorante posible y que
ofrezca la posibilidad de reducir los
niveles de vulnerabilidad (encuadre en
estereotipo y asunción de sus roles) de
sus clientes (5).
La sensación de
inseguridad muchas veces creada por los
medios, el reclamo a veces masivo de
mayor control, el miedo y la misantropía
que caracterizan los tiempos actuales
parecerían contribuir al robustecimiento
de este estado policial y represivo. Pero
por otro lado, hay una creciente crisis
de legitimidad del poder Judicial y del
sistema Penitenciario, ¿cómo interpreta
Ud. esta contradicción en el seno de la
sociedad?
Creo que ambas críticas de
la sociedad van de la mano. El contexto
favorece los pedidos de mano dura. El
discurso "Blumberg" divide a la
sociedad en "buenos" y
"malos". Se reclama para la
gente "buena" y próspera de la
sociedad más seguridad por parte del
Estado; y para la gente "mala"
la cárcel. Es el discurso de la guerra,
de la defensa social. Las víctimas,
olvidadas por siempre por el sistema
penal, deben agruparse para hacer
escuchar sus voces. Piden castigo y
resolución inmediata de las causas. En
este sentido creo que en los pedidos de
las víctimas de delitos graves se apunta
a la justicia inmediata, casi al
linchamiento.
Y es verdad que existe una
lentitud bastante intolerable de los
procesos, pero la opinión pública
desconoce que en un Estado de Derecho los
medios para poder encerrar legalmente a
alguien siempre requieren de tiempo. Se
cree que por ser hechos graves, estos
resultan son probados de por sí, cuando
luego todo se alarga (por ejemplo, los
testigos no quieren declarar, hay
reticencias, la operatividad de los
derechos de los justiciables implican
demoras necesarias en recursos, etc).
En esta misma línea,
la política de exclusión genera nuevas
conductas de resistencia que para el
poder se ubican en el límite del delito
y que a la vez generan también
transformaciones en el uso del espacio
público, ¿cómo lee el derecho penal
este cambio en las relaciones del poder
sobre los cuerpos donde ya no se necesita
tanto el disciplinamiento como el control
constante? ¿Genera nuevas definiciones
en cuanto a los conceptos de
"delito", "criminal o
transgresor" y "pena"?
El espacio público siempre
estuvo en pugna. En los últimos años el
espacio público va en retirada, ante la
privatización de un gran porcentaje del
mismo. Avanzan las rejas, los shoppings,
etc. Así como el resto de las
transformaciones desde los años
60/70´s, también el espacio excluye.
Solo los que consumen, pagan peaje,
pertenecen, etc, pueden ingresar a esos
espacios.
En los espacios que
permanecen públicos, esos grandes
corredores de personas, se arma la gran
lucha entre el Estado y los grupos
excluidos, que luchan "en" el
espacio público y "por" el
espacio público (piqueteros, vendedores
ambulantes, etc).
Creo que es parte de un
fenómeno regional. Es la lucha política
actual latinoamericana: los piqueteros en
Argentina, los "sin tierra" en
Brasil, hasta la situación de Chiapas en
México. No existe otra forma de
manifestación de los excluidos del
sistema, que no sea mediante intentar
adueñarse de ese espacio público. Para
variar, a este nuevo conflicto se lo ha
criminalizado también, al definirlo como
delito y hacer operar sobre él al
sistema penal. Y la sanción asignada es
también la misma: la cárcel.
La criminología en
nuestro país, ¿está abordada como una
disciplina crítica?
A grandes rasgos, podríamos
dividir a la historia criminologica
argentina en dos grandes etapas. En
primer lugar, existió un gran trabajo de
los criminólogos positivistas que va
desde fines del siglo XIX hasta la
Segunda Guerra Mundial, pensemos por
ejemplo en Luis María Drago, Antonio
Dellepiane, José Ingenieros, etc. Estos
autores estaban influidos por la
criminología positivista italiana y
francesa, pero principalmente por los
estudios de Lombroso y de Ferri.
Posteriormente, desde los
años setenta hasta fines de los ochenta,
se desarrolló en Latinoamérica
también en consonancia con una
corriente italiana como la de los autores
Baratta, Pavarini, Melossi, etc.- la
corriente denominada criminología
crítica, en el cual se destacaron
pensadores tales como Bustos Ramírez,
Novoa Monreal, Aniyar de Castro, Del
Olmo, etc. y nuestros autores argentinos
como Zaffaroni, Bergalli y Baigún entre
otros. Este frente profundamente
crítico, especialmente del sistema
capitalista desde aquellos años, ha
caido en crisis, habiéndose reencausado
algunas posturas radicales en diversas
ramificaciones teóricas. No obstante,
considero que el mejor exponente actual
de la posición crítica ha sido la nueva
formulación teórica - rediseñada y
mejorada- de Zaffaroni en su última
obra, escrita junto con Slokar y Alagia:
Derecho Penal Parte General (Ed. Ediar,
Bs. As. 2000).
Se ha criticado que la
criminología latinoamericana y argentina
ha dejado de lado la investigación de
campo, la parte más sociológica de
hacer criminología. Y es verdad, los
criminólogos se han dedicado más a la
narrativa criminológica que a la
investigación. Sumado a eso considero
que no existe un verdadero campo propio
de la criminología. Ser criminólogo no
es una profesión paga, más allá de
asesorar o dar clases, pero inclusive la
materia "Criminología" no
existe en muchas facultades de derecho.
En general, siempre los que han opinado
sobre criminología han venido del
derecho penal o del poder judicial.
No obstante, en los últimos
años, se está formando una nueva camada
de criminólogos que dan mucha
importancia a la investigación
criminológica y creo que hacia allá va
el futuro de la criminología en nuestro
contexto. Nosotros, desde el Instituto
Interdisciplinario para el Desarrollo de
Estudios Sociales (INIDES), actualmente
estamos realizando una investigación
-que coordina el propio Zaffaroni- sobre
las reformas al Código Penal de las
últimas dos décadas. Buscamos echar luz
sobre las consecuencias que tuvo la
desmesurada multiplicación y reforma de
tipos penales por el Congreso nacional,
algo que responde a un fenómeno que se
registra en toda América latina y suele
denominarse "inflación penal".
En definitiva, creo que hay
un largo camino por delante. Todos los
que se sumerjan en el análisis del
sistema penal cuentan con un contenido
teórico excelente brindado por los
estudios de los autores mencionados- y
tienen el privilegio de estudiar un
objeto cada vez más complejo y
conflictivo.
NOTAS AL PIE
1.- Un ejemplo de esto es la Unidad
Penitenciaria nº24 de Máxima Seguridad
del Servicio Penitenciario Bonaerense en
Melchor Romero, La Plata.
2.- Cfr. FOUCAULT, Michel Vigilar y
castigar. Ed. Siglo XXI, Buenos Aires,
1991.
3.- Especialmente en PAVARINI, Massimo y
MELOSI, Darío. Cárcel y Fábrica, Ed.
Siglo XXI, México. WALTON, TAYLOR Y
YOUNG. Criminología Crítica. Ed. Siglo
XXI, México DF, 1988, BARATTA,
Alessandro. Criminología crítica y
crítica del derecho penal. Ed. Siglo
XXI, México 1986, FOUCAULT, Michel, ob.
cit. y La verdad y las formas jurídicas,
Ed. Gedisa, España y los pioneros
RUSCHE, Georg y KIRCHHEIMMER, Otto
"Pena y estructura social" Ed.
Temis, Bogotá 1984
4.- Cfr. WACQUANT, Löic. Las cárceles
de la miseria. Ed. Manantial, Bs. As.
2000.
5.- Cfr. ZAFFARONI, Eugenio Raúl.
"Los objetivos del sistema
penitenciario y las normas
constitucionales" en El derecho
penal hoy, Julio B. J. Maier y Alberto M.
Binder compiladores., Editores del
Puerto, Bs. As.
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2000-2005 | Revista
Contratiempo | Buenos Aires | Argentina
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