
Juan Carlos Onetti
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Literatura y Ciudad
La
ciudad de las primeras
narraciones
de Onetti
ROBERTO
FERROLa narrativa de Juan
Carlos Onetti se extiende desde
la publicación del cuento
"Avenida de
Mayo-Diagonal-Avenida de
Mayo", en 1933, hasta su
novela "Cuando ya no
importe" publicada en 1993.
Partiendo del presupuesto de que
todo corpus textual es, en mayor
o menor medida, transformación,
desplazamiento y trastorno de
otros textos precedentes, con los
cuales constituye redes de
relaciones, es posible señalar
algunas de las notas distintivas
que atraviesan la narrativa
onettiana: la puesta en cuestión
de la poética realista de
construcción de la referencia,
el predominio del fragmento en la
figuración temporoespacial, el
protagonista escindido que genera
un espacio ficcional y se mueve
en los bordes inestables que lo
limitan y constituyen, la
escritura literaria como
posibilidad de salvación.
Estas líneas de lectura que
aparecen, desde cierta mirada
crítica, como trazos continuos,
desde otra perspectiva no se dan
a leer en tanto que productos
terminados, sino como una
producción que se está
haciendo, tramada sobre otros
textos, otros códigos,
articulada de esta forma en el
armazón de los discursos
constitutivos de los saberes
acerca de la sociedad, no en
términos de lógica
determinista, sino antes bien por
vías citacionales.
Esas múltiples tramas me
permiten establecer una
reformulación de esas
permanencias a partir de un
tratamiento considerablemente
diferente del tópico de la
ciudad en los textos de Onetti
publicados hasta 1946 en
relación a su obra posterior.
La aparición del cuento "La
casa en la arena" en 1949,
antecedente inmediato de "La
vida breve" de 1950, supone
la emergencia de "otra
ciudad": Santa María, que
más allá de su entidad
ficcional, puede ser pensada como
opuesta a Buenos Aires, espacio
dominante de los primeros cuentos
y novelas de Onetti, en los que
Buenos Aires, lejos de ser una
mera instancia referencial,
aparece como emergente de un modo
de figurar la ciudad en abierta
pugna con las poéticas
dominantes, adscritas al
realismo. Pugna que Onetti hace
explícita en sus artículos de
Marcha, que bajo los seudónimos
de "Periquito el
Aguador" y "Groucho
Marx" publicó entre 1939 y
1941.
El proceso de formación de la
sociedad tecnológica, articulado
sobre la noción dominante de la
transformación múltiple y
seriada, provoca un
reordenamiento que subvierte toda
retórica de representación
fundada en términos de una
mecánica determinista de los
procesos culturales, entendidos
como meros reflejos o efectos de
una concatenación dual.
Juan Carlos Onetti es uno de los
narradores que anuncia en su
textualidad una ruptura con las
estrategias de representación
realista, que no dan cuenta de la
naturaleza plural, escindida y
problemática de la ciudad.
Ciudad, que en tanto referente
trastocado por complejos procesos
de transformación, reclama un
acercamiento no lineal, sino
inscripción abierta a un campo
de figuración multidimensional,
que no se deje compactar en
términos de escenario estático.
Por razones de espacio, voy a
circunscribir mi exposición al
cuento "Avenida de
Mayo-Diagonal-Avenida de
Mayo", en el que es posible
dar cuenta, acaso de modo
extremo, de la figuración de
Buenos Aires, en tanto que
metrópolis moderna, en el primer
Onetti.
El cuento narra cómo el
protagonista, Victor Suaid, lleva
a cabo una corta caminata de
apenas unas pocas cuadras.
El texto instala entre Victor
Suaid y el espacio del paisaje
que recorre o contempla una red
múltiple de mediaciones, que al
trazar el itinerario lo escande
en fragmentos inestables, de los
que enuncia como único dato los
nombres. El personaje es desviado
por los nombres que le dan
sentido a sus vivencias. Esos
nombres trastornan el espacio de
la ciudad en pasajes. El
itinerario de Suaid no es de un
lugar a otro, sino de una palabra
a otra.
El recorrido de Victor Suaid se
despliega entre los topónimos:
Avenida de Mayo-Diagonal-Avenida
de Mayo, anunciados desde el
título.
El texto se abre con una
encrucijada, una interferencia,
entre un nombre que remite a la
historia nacional y otro que
apenas designa un trazado
geométrico. Trazado que además
evoca una remodelación reciente
de Buenos Aires, llevada a cabo
hace apenas unos años, y que
significó el recorte del
monumento paradigmático del
pasado colonial de la ciudad: el
Cabildo.
Situación que puede ser pensada
como homóloga, en términos
relativos a las diferencias
substanciales que las separan, a
la remodelación por la que
atraviesa París, entre 1850 y
1860, con la apertura de los
bulevares recubiertos con
macadam, que surcaban la vieja
ciudad medieval, permitiendo el
tránsito veloz y el caos de
movimientos que constituyeron el
espectáculo de la ciudad
moderna, registrado por Charles
Baudelaire en sus textos.
El personaje está instalado en
el cruce de la emergencia de otra
ciudad, que supone un campo de
relaciones abruptamente diferente
a la anterior, y el texto las da
a leer cómo las contradicciones
que se traman en la ciudad
moderna repercuten en la vida
interna del hombre de la calle.
Cruzó la avenida, en la
pausa del tráfico, y echó a
andar por Florida. Le sacudió
los hombros un estremecimiento de
frío, y de inmediato la
resolución de ser más fuerte
que el aire viajero quitó las
manos del refugio de los
bolsillos, aumentó la curva del
pecho y elevó la cabeza, en una
búsqueda divina en el cielo
monótono. Podría desafiar
cualquier temperatura; podría
vivir más allá abajo, más
lejos de Ushuaia.
Los labios estaban afinándose en
el mismo propósito que
empequeñecía los ojos y
cuadriculaba la mandíbula.
Obtuvo, primeramente, una
exagerada visión polar, sin
chozas ni pingüinos: abajo,
blanco con dos manchas amarillas,
y arriba, un cielo de quince
minutos antes de la lluvia.
Luego: Alaska-Jack London-las
pieles espesas escamoteaban la
anatomía de los hombres
barbudos...
Un mundo así prometido a la
individualidad solitaria hace de
lo provisional y lo efímero las
formas privilegiadas del pasaje.
Un itinerario hecho de múltiples
itinerarios. El texto instala al
caminante en el territorio de la
discontinuidad, la serie de
rupturas y de contaminaciones en
el espacio representan la
continuidad de la figuración
temporal.
Los movimientos bruscos, los
saltos y los virajes
fundamentales para la
supervivencia cotidiana en las
calles de la ciudad moderna se
constituyen en homología a los
procesos de construcción del
relato, que se hace en un juego
de montajes que exhiben la
violencia de la sutura:
En Rivadavia un automóvil
quiso detenerlo; pero una
maniobra enérgica lo dejó
atrás...
Ante el tráfico de la avenida,
quiso que las ametralladoras
cantaran velozmente, entre
pelotas de humo, su rosario de
cuentas alargadas.
Decíamos que el itinerario de
Suaid no es espacial, sino
textual, de nombre a nombre, cada
uno de ellos exhibe en la cita
una condensación de múltiples
relatos convergentes. Al iniciar
el recorrido por Florida, la
asociación con el frío lo lleva
a citar a Ushuaia, que se enlaza
con Alaska y evoca las historias
de aventuras, lectura de
adolescentes, que se despliegan a
partir de la mención de Jack
London como especie de cifra de
encadenamientos intertextuales
sin clausura.
El personaje nunca aprecia más
que instantáneas, modos de
emergencia sumados y mezclados en
su memoria, y literalmente
recompuestos en el relato que
hace de ellos la sintaxis
dominante de su construcción.
A modo de un palimpsesto
calidoscópico los nombres son
citas condensadas de regímenes
textuales en los que se inscribe
sin cesar el juego intrincado de
la identidad y lo contingente.
Los nombres de lugares se dan a
leer con una marcada insistencia,
a tal punto que el cuento parece
una red en la que en cada
intersección asoma un nombre:
"Florida, Ushuaia, Alaska,
Yukón, Rusia, Volga, Basilea,
Miami, Puerta del Sol, Regent
Street, Boulevard Montmartre,
Broadway, Unter der Linden".
Estos lugares no existen sino por
las palabras que los evocan, la
letra los dice en el texto como
lugares no concretos,
estereotipos, lugares comunes del
imaginario, que se inscriben como
emblemas de múltiples programas
narrativos ya cristalizados.
Victor Suaid hace un recorrido,
que se acerca más al juego de
generación de sentidos de un
lector, que a un itinerario
ciudadano. La mención de un
nombre geográfico como
representante vicario de una
referencia real, pierde sentido
en el cuento de Onetti, la
dirección de la hegemonía se
trastorna, el nombre trae al
texto la cita, no ya de un lugar
específico, sino antes bien una
multiplicidad interminable de
marcas intertextuales que evocan
las novelas de aventuras y la
retórica de la folletería de
turismo.
Como trofeos del fácil
triunfo, llevó dos luces del
coche al desolado horizonte de
Alaska. De manera que en la mitad
de la cuadra no tuvo mayor
trabajo para eludir el ambiente
cálido que sostenían en el
"affiche" los hombros
potentes de Clark Gable y las
caderas de la Crawford; apenas si
tuvo un impulso de subir al
entrecejo las rosas que mostraba
la estrella de los ojos grandes
en medio del pecho. Tres noches o
tres meses atrás había soñado
con la mujer que tenía rosas
blancas en el lugar de los ojos.
Todo el texto se hace en la
migración metonímica, en la
diseminación perpetua que se
trama en los bordes: se llevan
las luces percibidas en la
realidad al territorio de la
ficción, a su vez evocado en la
sensación de frío. Clark Gable
y Joan Crawford, íconos
emblemáticos del cine
norteamericano, presentes en un
affiche que anuncia un film,
sirven de desencadenante para que
los ojos de la actriz, mediados
por la gráfica y la ficción que
representa, se deslicen al
espacio onírico del personaje.
Quedando sin clausura el
encadenamiento que enlaza, cine y
sueño, ojos abiertos y cerrados,
en un texto en el que la mirada
aparece como el pasaje
privilegiado desde y hacia
registros diversos.
Pero el recuerdo del
sueño fue apenas un relámpago
para su razón; el recuerdo
resbaló rápido, con un esbozo
de vuelo, como la hoja que acaba
de parir la rotativa, y se
acomodó quieto debajo de las
otras imágenes que siguieron
cayendo.
En el cruce de la fascinación
del montaje cinematográfico y
del montaje periodístico el
cuento escribe en la letra las
poéticas que cita para desplegar
sus deslizamientos.
Con el silencio del
cinematógrafo de la infancia,
las letras de luz navegaban en
los carriles del anunciador:
AYER EN BASILEA - SE CALCULAN EN
MAS DE DOS MIL LAS VICTIMAS.
El cambio de tipografía de los
anuncios de un Video-Master, que
aparecen a la mirada de Suaid,
exhiben la instancia del decir el
sentido trastornado por el hacer
el sentido. Si bien esto es una
característica de todo texto, el
cuento de Onetti escribe la
esceno-grafía, la dramatiza,
pone en la letra la inadecuación
entre el contenido de un discurso
y la efectividad, o incluso el
efecto de un acto. Un
acontecimiento de escritura no se
limita al querer-decir, el texto
onettiano lo exhibe
desaforadamente.
Las imágenes de las palabras que
se deslizan incesantemente
tienden a exhibir una red
sistemática: aluden a un mundo
de consumo del que todo individuo
puede apropiarse en términos de
sentido ilusorio, ya que ése es
el sentido primordial de la
interpretación a que se somete
al habitante de las grandes
ciudades modernas.
Los textos del Video-Master que
se deslizan sin cesar, las
noticias como consignas impuestas
a la mirada, en suma es como si
el espacio estuviese atrapado por
el tiempo de manera inextricable,
como si no hubiera otra historia
más que las noticias del día o
de la víspera, como si cada
historia individual agotara sus
motivos, sus palabras, sus
imágenes en el inventario
limitado de estereotipos de una
efímera historia del presente.
Veinte mil
"affiches" proclamaron
su plagio en la ciudad. El hombre
de peinado y dientes perfectos
daba a las gentes su mano roja,
con un paquete mostrando -1/4 y
3/4- dos cigarrillos, como dos
cañones de destructor apuntando
al aburrimiento de los
transeúntes.
...hasta el fin del mundo.
El movimiento de introspección,
la deriva hacia un solipsismo es
tanto más fascinante para Victor
Suaid en la medida en que parece
hacerse cargo de una regla
común: hacer como los demás
para ser uno mismo, vivir una
nueva aventura robinsoniana, pero
esta vez repitiendo la
experiencia del naufragio a cada
paso.
En definitiva, Victor Suaid
aparece confrontado con una
imagen de sí mismo, pero
bastante extraña. Una imagen
alienada hecha de restos, restos
que se asoman en fuga como lo
exhibe la tipografía incompleta
que da a leer el cuento; restos
que reaparecen trastornados y en
incesante migración en los
fragmentos del diálogo
silencioso que mantiene con el
paisaje-texto que se dirige a él
como a los demás transeúntes, y
en que el único rostro que se
dibuja, la única voz que toma
cuerpo, son los suyos: rostro y
voz de una soledad, tanto más
desconcertante en la medida en
que evoca la multiplicación
interminable de los otros. Su
parte del diálogo no es más que
la circunstancial y azarosa
reunión de fragmentos de
estereotipos, trozos de textos
cristalizados, repeticiones de
una memoria anulada por el
presente obsesivo de la
insistencia. Nadie sabía en
Florida lo extrañamente
literaria que era su emoción.
ROBERTO
FERRO es crítico, escritor,
docente e investigador del
Instituto de Literatura
Hispanoamericana de la Facultad
de Filosofía y Letras (UBA). Ha
publicado, entre otros libros: "El
lector apócrifo" (Ed.de
la Flor, 1998) y "La
ficción. Una caso de
sonambulismo teórico"
(Ed.Biblos, 1999).
"La ciudad de las
primeras narraciones de
Onetti" fue publicado en
las Actas de las IX Jornadas de
Investigación "Literatura
Latinoamericana. Otras miradas,
otras lecturas" (Fac.de
Filosofía y Letras-UBA-1994)
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