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NOTA DE TAPA N° 91 / FEBRERO - MARZO 2012
La
imagen, el movimiento y la muerte
Once

En La
invención de Hugo Cabret, el protagonista
sueña que un tren descarrila, arrasando todo a
su paso en una multitudinaria estación de París
de principios de los años 30. El funcionamiento
maquínico de la vida metropolitana, la
experiencia continua de imágenes-movimiento, se
espeja en una de sus producciones, la que a su
vez actúa como forma de resistencia: el cine.
Pero no es la única: en la estación aún se baila
el tango, se toma café sin los apuros del tiempo
productivo y alguien todavía repara juguetes
viejos. Incluso, hay tiempo para el amor y la
lectura de volúmenes memorables sobre bandidos
que roban para los pobres, y donde germinan
también escritores y magos. La multitud y la
técnica interactúan como piezas fundamentales
del engranaje fílmico, una es impensada sin la
otra y ambas motorizan las posibilidades de
salvación: sin un público ávido, no hay film que
rescatar o mostrar, pero sin técnica no hay
posibilidad alguna de interrumpir ese tiempo tan
creador como destructor. El film de Scorsese
mira el origen-pasado para lanzarlo al futuro,
escarba sobre los escombros para encontrar en
ellos fragmentos de una experiencia surgida con
la modernidad pero que a la vez, como Chaplin y
el mismo Hugo, que se cuelgan de los relojes,
intenta detenerla. La Gran Guerra hizo lo suyo,
cambió paradigmas y formas de expresión y generó
a la vez ese tiempo del medio, de intercepción
de dos catástrofes, donde surgieron
manifestaciones artísticas que de alguna forma
preanunciaban los siniestros años por venir. A
fines de los 20 todavía fulgura la utopía del
maquinismo como instancia liberadora del hombre
y sobre todo, de sus circunstancias
metropolitanas. Para los años venideros quedaría
el desencanto y el horror frente a una razón que
se instrumentaliza al grado de convertir en
variable poco redituable todo lo que encuentra a
su paso. Sobre todo, si eso que encuentra a su
paso son hombres comunes que tienen el cuerpo y
el alma configurados como artefactos-mercancías
siempre listos para el consumo y el descarte.
Como en la estación Once, como en Cromagnón,
Ycuá Bolaños, como en tantas catástrofes
metropolitanas tan evitables como predecibles.
25/2/12
A NOTAS DE TAPA
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