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Comunicación, cultura y sociedad / Literatura


 
Nuestro periodismo y la libertad
EZEQUIEL MARTÍNEZ ESTRADA

El presente texto fue publicado en el libro CUADRANTE DEL PAMPERO, Ezequiel Martínez Estrada (Editorial Deucalion, Buenos Aires/1956)

/Entre nosotros, y me refiero asimismo a los países hispanoamericanos, la prensa ha ejercido un influjo mayor que cualesquiera otras formas de cultura popular. Durante muchísimo tiempo los más grandes escritores fueron en primer término periodistas, y básteme recordar el nombre de Sarmiento, quien, aunque autor de libros meritísimos, nunca fue, en esencia, otra cosa que periodista; o el de Martí, cuya obra entera se extrajo póstuma de diarios y periódicos de toda América. Y el mayor genio político, y de los mejores pensadores argentinos, Mariano Moreno, fue el fundador del primer órgano oficial de información y de cultura (que entonces no eran antagónicas como más tarde lo fueron): "La Gazeta de Buenos Aires". Para Groussac, Moreno fue exclusivamente un periodista, aunque un periodista de genio. Las grandes dotes de escritor conciso, sustancioso, que le halla, son cualidades genéricas del periodista propiamente denominado así. Los cuarenta y seis artículos que alcanzara a publicar constituyen no solamente su mejor obra, sino el fundamento de nuestra nacionalidad, las líneas arquitectónicas de nuestra vida democrática, la doctrina perenne de nuestra existencia como nación. A él acuden los jóvenes de la Asociación de Mayo para hallar inspiración que oriente sus designios tras el caos de 1820 y la subsiguiente disolución de la nacionalidad bajo Rosas. El "Dogma de Mayo" es Moreno en primer término y, en segundo, Rivadavia. La aparición de la Gaceta, donde han de sobresalir el Deán Funes, Cayetano Rodríguez, Pazos Kanki, Monteagudo y otros prohombres de la libertad, significa la aparición de la vida de la cultura entre nosotros. Ese es el libro por excelencia en época en que no se escriben libros; la guía y norte de una sana y robusta doctrina política, cuando nadie sabe qué ha de hacerse; la escuela de moral y de civismo, la más alta cátedra de estilo y de elocución. No sé si podemos, más tarde, hallar documentos de cultura tan sólida y profunda como en las páginas de La Gaceta. De ella absorben sus ideas mejores los que en el destierro lucharán, por medio del periódico, por la reorganización del país. Quiero decir nuestros hombres mejores, consagrados todos durante la era más fecunda de su labor, al periodismo. Periodistas combatientes fueron: Echeverría, Alberdi, Mitre, Juan M. Gutiérrez, Domingo Faustino Sarmiento, Miguel Cané (padre), Florencio Varela, y en el periódico hicieron sus campañas más efectivas Rivera Indarte, Mármol, Mansilla, Paz. Si a esos nombres sumamos los de Joaquín V. González, Carlos Pellegrini, Osvaldo Magnasco, Leopoldo Lugones, Roberto J. Payró, periodistas todos, tendremos la plana mayor de nuestra cultura y de nuestra civilidad. Debo levantar de esa pléyade a un lugar de honor el nombre de Sarmiento, el periodista por excelencia. ¿Qué fue, si no? Él nos cuenta de sus comienzos en la vida política, mediante las publicaciones que realiza en Chile. Toda su actividad es periodística. En "El Mercurio" y en "El Progreso" publica sus más enjundiosos trabajos. "Mi Defensa", "Vida de Aldao", los "Viajes", "Facundo", nacen en la redacción de periódicos. Sabemos que esta última obra se compuso a pliego, por día, como folletín. El talento y la idiosincrasia del carácter de Sarmiento se manifiestan íntegramente en el diario. Nunca fue sino un polemista. Pero el tipo de periodismo que Sarmiento cultiva, y que es el de Larra y el de su época, desaparece pronto. Él inicia una nueva manera con las cartas de Yungay. Alberdi le formula acusaciones contra su caudillismo de pluma, y son cargos irrelevantes. Sarmiento no conoce más que una forma de hacer periodismo, que es la misma de hacer patria. Emplea para ello rudos golpes de hacha, porque tiene que abrir picadas en tierra inexplorada; rudos golpes de machete porque tiene que librar de monstruos a su país, como Teseo y Hércules al suyo. En su última campaña política, que va de 1885 a 1886, funda el postrero de sus diarios: "El Censor", y sus artículos vuelven a ser como los de su juventud, máquinas destructoras en que el improperio se engarza con la noble idea patriótica. Era entonces una característica del periodismo la virulencia, el ataque personal, la denominación por sus nombres de las cosas, las personas y los defectos. Estos publicistas eran censores, tribunos de la plebe y no perdían movimiento del adversario. El periodismo era un apostolado y, en muchos casos como en el de Moreno, Monteagudo, Florencia Varela, un martirio. "O Mártir o Libre" se titulaba el periódico de Monteagudo, que es un lema que rige la acción de todos nuestros constructores de la nacionalidad. Nuestra prensa ha sido al mismo tiempo cátedra de moral y de principios. El hombre que señala la mayor altura del periodismo en el habla española es Larra. Discípulos de Larra se consideraron nuestros grandes escritores políticos: Sarmiento, Echeverría, Juan M. Gutiérrez y Alberdi, que usó un diminutivo del seudónimo del maestro: Figarillo. Fígaro, el Pobrecito Hablador, es un moralista, un cuentista, un escritor de gran estilo, un iniciador de nuevas rutas. España no tiene nada igual todavía, aun mencionando nombres como los de Sagasta, Cánovas del Castillo, Castelar, Unamuno. Todos ellos, además, siguen la senda del precursor, y cuando se quiere escribir un buen artículo de costumbres, de crítica literaria o de política ha de acudirse a Larra todavía. El espíritu de Larra campea en la empresa civilizadora de nuestros escritores. Ese fue el modelo de nuestro periodismo. En otros países de Hispanoamérica descuellan asimismo grandes figuras del periodismo y de la libertad. Para todos, la libertad de pensamiento, la responsabilidad de asumir el oficio de escritores no se diferencia del deber de conciencia de dirigir y seleccionar. Martí, que es inevitable colocar junto a Sarmiento, y cuyo paralelismo en la vida y en la obra es impresionante, ocupa la cúspide en el periodismo hispanoamericano. Todo en él fue generosidad, campaña de luchador, y finalmente gloria, con su muerte gloriosa por la emancipación de Cuba.

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