| contratiempo | La Argentina que quisimos | Año II - N° 4 | 25 de mayo de 2002 |
PROYECTOS ALTERNATIVOS |
| LA
TRIPLE ALIANZA CONTRA LA ALTERNATIVA |
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El Gobierno argentino tenía que pensar en qué situación iba a encontrarlo este conflicto general del Río de la Plata; tenía que ver cuáles eran los elementos simpáticos con que debía contar, y cuáles los elementos hostiles que nunca podrían asimilarse por más sacrificios que hicieran para conseguirlo. Entonces comprendió bien pronto que en ese conflicto, o iba a encontrarse solo contra todos, o tenía que empezar a cultivar la amistad de algunos.
Habían sido inútiles los esfuerzos de todos los gobiernos para traer a la República paraguaya a condiciones razonables, procediendo de la manera más justa y equitativa. El Presidente Mitre no creía que la República Argentina estaba preparada para resistir a una guerra como la que se preveía, y agotó todos los esfuerzos imaginables cerca del Presidente del Paraguay, para ver si podía traerlo a una política amistosa y justa; pero todo fue inútil. Cuando nosotros nombrábamos un Ministro cerca de aquel Gobierno, habiéndole solicitado previamente su consentimiento hasta para elegir persona, a fin de tratar de arreglar las cuestiones que teníamos con el Paraguay; cuando poníamos a su disposición los archivos públicos para que sacase todos los documentos que necesitara para dirimir la cuestión de límites; cuando, en una palabra, agotábamos todos los temperamentos para que el Gobierno del Paraguay viniese a nosotros con espíritu fraternal y justo a dirimir esas cuestiones, para que se separase y no tomase parte en los conflictos que veíamos venir; cuando estábamos para hacer ya el nombramiento del doctor Lorenzo Torres, con el beneplácito del Presidente del Paraguay, en lo que declinábamos hasta cierto punto de nuestro derecho y de nuestro decoro, ya el Presidente del Paraguay estaba de acuerdo con el Gobierno de Montevideo, por medio de un convenio secreto, para usurparnos la isla de Martín García. Entonces comprendimos que todo era inútil; que por parte del Paraguay no teníamos que esperar sino males y desgracias para la República Argentina; que era un poder agresor, usurpador y despótico, y que estaba en la esencia de ese Gobierno, con esas inclinaciones y esos caracteres, no aliarse nunca con la República Argentina, que acababa de jurar la Constitución más liberal de todas las repúblicas sudamericanas, que acababa de constituirse con su Gobierno libre, fundado en esa Constitución, y que no podía unirse con el Paraguay la República.
Bien, señor; a pesar de las pruebas que tenía el Gobierno de la mala voluntad del Paraguay, de los temores que abrigaba a su respecto, empezó, sin embargo, a ver con calma si podía alejar la tormenta que veíamos venir. Nosotros sabíamos que entre el Gobierno del Paraguay y el Gobierno argentino, en épocas muy distintas y con gobiernos diferentes, habían tenido lugar hechos gravísimos. Además de que se reconociera la independencia del Paraguay, que la República Argentina reconoció gratuitamente sin haberle impuesto ninguno de los gravámenes que tenía el deber de reconocer, aquel Gobierno pedía que se le acordara como límites un territorio que verdaderamente pertenecía a la República, y se le acordó. El Congreso del Paraná quiso no admitir ese sacrificio, que se intentaba imponer a la República, y desde entonces el Gobierno del Paraguay, con una persistencia, la más grande, ha ido en busca de los límites, que, por un proyecto de tratado inicuo, quisieron darle. El Congreso del Paraná envió varias misiones diplomáticas para ver de conseguir que el Paraguay desistiese, y entretanto, el Gobierno del Paraguay estaba espiando el momento en que la República Argentina se encontrase en lucha para consumar sus usurpaciones, mediante un tratado, por el cual ofreció unos vapores y unos cuantos soldados, queriendo recibir un territorio inmenso que pertenecía a la República Argentina.(...) ¡Cuál no sería la sorpresa del Gobierno, cuando vio que en el Gobierno del Brasil no iba a encontrar tampoco un elemento para resistir al Gobierno del Paraguay, y que se iban a ligar todos contra la República Argentina, aun la misma República Oriental del Uruguay.(...) Además...había un acuerdo consignado en un protocolo celebrado entre el Gobierno de la Confederación y el Imperio del Brasil, para que en la eventualidad de una guerra entre el Brasil y el Paraguay, se había de dar paso al Brasil por el territorio argentino. Especialmente el Brasil tenía la posibilidad de una guerra con el Paraguay, y entonces fuimos solicitados a declarar si prestaríamos ejecución a este protocolo. El Gobierno argentino declaró terminantemente que de ninguna manera reconocía semejante obligación, que estaba decidido a mantenerse neutral en todas las cuestiones que suscitasen en el Río de la Plata, y que, por consiguiente, no ejecutaría un acuerdo que comprometía seriamente la neutralidad del Gobierno argentino. A pesar de todo, el Gobierno del Paraguay, ofuscado con el poder de que disponía, creyendo que no había quien le resistiera en el Río de la Plata, se lanzó en la empresa que el país conoce. Injurió primero al Brasil, más tarde a la República Argentina, y contra todos los deseos, la guerra surgió. El General Mitre, entonces, por primera vez, tuvo ocasión de felicitarse de lo que había sido la base de su política interna. Su administración acaba; pronto pasarán a la historia tanto sus errores o sus desaciertos, como lo bueno que haya podido hacer; pero nadie puede negar que cuando el Paraguay agredió a la República Argentina, toda la República unida respondió al grito de guerra. No hubo partidos. El ejército que ha combatido en el Paraguay ha sido formado de los ciudadanos más respetables de todos los partidos, de militares que han servido en todos los ejércitos de la guerra civil. Merced a eso fue que pudimos contener la ambición del Gobierno del Paraguay, y su terrible agresión. Si, como creyó López (Mcal. Francisco Solano López), hubiera encontrado el concurso que esperaba en algunas provincias argentinas, entonces no se habría firmado la paz en Martín García, como decía el señor Ministro de Guerra, sino que no se habría firmado paz ninguna, y la República Argentina habría caído humillada bajo el poder de López. Si este sólo fruto hubiese producido la política del general Mitre, bastaría para ser bendecida por el país". Texto publicado en el
libro "GUERRA DEL PARAGUAY - Archivo del Gral.
Mitre" / Tomo II, Págs. 30 a 34 ( Buenos Aires,
Biblioteca de "La Nación") Museo Mitre. |