/ Contratiempo Revista de cultura y pensamiento / Las ciudades del deseo / Otoño - Invierno 2006 / Edición Impresa

     

EDITORIAL
Hablar de lo que se ama

Estaba a punto de salir un tren; en todos los vagones había un cartel amarillo con las palabras "Milano-Lecce". Entonces se me ocurrió soñar con tomar ese tren, viajar toda la noche y encontrarme, de mañana, con la luz, la suavidad, la calma de una ciudad extrema. Eso es al menos lo que imaginé, y no importa mucho cómo pueda ser, en la realidad, Lecce, que no conozco …
Roland Barthes, El susurro del lenguaje

El amor es inasible a las palabras; el deseo y la pasión también.
Para experimentar Buenos Aires con el intelecto y los sentidos, Martínez Estrada afirma que es necesario acceder a ella desde lejos, desde el fondo, desde el interior del país. Para Benjamin la estrategia de conocimiento es la multiplicidad de dimensiones, poseer una zona desde los cuatro puntos cardinales y abandonarla en esas mismas direcciones. En todos los casos, extrañar la mirada, aunque el lugar fuera conocido, para capturar aquello que la rutina y la velocidad de las cosas nos esquivan y anestesian. Esquivados y anestesiados bien podrían ser los estados del sujeto moderno. Esquivado de casi todo lo que ocurre en un tiempo que se le volvió sólo velocidad y anestesiado por la proliferación de estímulos indiferenciados, desactivadores hasta el hartazgo. Entretejido de voces, de tensiones, de temblores y retornos, la ciudad también es memoria y olvido; es suelo natal pero también extranjero. La tomamos como objeto de estudio cuando en realidad ella, como el lenguaje, como el amor, como el deseo, nos toma a nosotros. Estructura vital, respira, crece, muere, resurge y fagocita, se alimenta de sus propios órganos, incluidos nosotros.

No podemos hablar de la ciudad; tal vez como Stendhal, necesitemos primero hacerla un mito, un relato, una experiencia estética. Sí intentaremos entrar en ella a través de diversos puntos, sin mapas ni brújulas, bien desorientados, como si fuéramos extranjeros. Es la propuesta de este primer número impreso de Contratiempo –algo de nuestra historia digital también retornará en estas páginas.

Zenda Liendivit
Abril 2006

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