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El orden de
la técnica y la ciudad
INTRODUCCIÓN AL PLAN
DIRECTOR
PARA BUENOS AIRES
(1940)
Le
Corbusier
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Esta proposición de
un Plan Director para la Ciudad
de Buenos Aires fue hecha en
plena guerra europea, en ese
mismo momento en que la sociedad
moderna no parece querer sino
destruirse, matar sus hombres y
aniquilar todo lo que se ha
fabricado y construído.
Lo que nos hace
estimar el momento como oportuno
para proponer en alguna parte (en
la Argentina, se nos ocurre),
medios de reconstrucción, no es
el ver estos primeros escombros
ni el presentir los que surgirán
aún, no. Los escombros de las
ciudades destrozadas por bombas y
obuses no son más escombros que
las ciudades que siguen en pie
hasta hoy, estas ciudades tumbas
en que los hombres se han dejado
encerrar. Los escombros son, lo
que son el mundo entero, las
ciudades de nuestra época. Esas
ciudades no son ciudades, ya no
son ciudades, no son
construcciones; son residuos: los
residuos de una inmensa labor, la
labor de la primera era de la
civilización maquinista. Estas
ciudades que calificamos de
escombros no son el producto de
un pensamiento, ni el fruto
abortado de una temeraria
tentativa; no han sido pensadas,
no han sido
"planeadas".
Las ciudades que
están hechas con los
alojamientos de los hombres, de
las cosas y de las instituciones
han sido la manifestación
imprevisible en sus consecuencias
de una de las más grandes
mutaciones de las sociedades
humanas: los hombres se
desplazaban y se reagrupaban,
dejaban actividades seculares y
sólidas tradiciones porque un
nuevo ritmo de transportes se
había adueñado en algunas
décadas de las funciones más
permanentes, milenarias, ligadas,
parecía, a la naturaleza misma
del hombre, justas medidas de sus
actividades, de sus empresas, y
había instaurado otras nuevas,
desconcertantes en sus
consecuencias. ¡El hombre se
desplazaba de manera diferente!
En un ciclo breve de
sucesivos descubrimientos había
creado vías inconcebibles: el
ferrocarril y la línea aérea;
había trastornado las rutas
tradicionales: la vía terrestre
y la vía marítima. El tren, el
avión, el auto, la propulsión
mecánica en los barcos dotaron
al hombre, en cierto modo, de una
nueva biología. Los miembros
humanos se han alargado, las
actividades humanas cambian, el
ritmo de la vida es nuevo. Tanto,
que se percibió como una
migración general, otro
comportamiento en la ocupación
de la tierra. Movimiento tan
inesperado, tan acelerado, tan
rápido, que las cuevas de los
hombres, los refugios, las
viviendas, así como las cuevas,
los refugios, los alojamientos de
las cosas y de las instituciones
se constituyeron a gran
velocidad, acompañando todos sus
desplazamientos. Esta prisa, esta
imposibilidad de prever la forma
de la evolución hicieron
precisamente ciudades de los
siglos XIX y XX. No son otra cosa
más que el "vivac" de
una sociedad en migración, una
obra de un día, una obra de una
noche. Lo precario, la falta de
eficacia, es el signo, la
muestra. La desdicha de los
hombres su efecto. Todo esto no
era, no podía ser más que
provisorio. Era esperando.
Esperando que las formas de una
nueva civilización se dibujaran:
la civilización maquinista.
Esperando que las "lecturas
de situación" pudieran
discernir los caminos y que los
inventores pudieran proponer una
solución. Encuesta universal,
pues la enfermedad de las
ciudades es exactamente
universal, es exactamente la
misma, manifestando sus efectos
sus maleficios- con
apariencias diferentes, según
las condiciones de la historia,
del clima, del lugar, de la raza,
de la cultura, de las costumbres:
Nueva York como Buenos Aires,
Río de Janeiro como San Pablo,
Londres como Berlín, Moscú como
París, Roma, etc. Atenas como
Argel o Barcelona, Amsterdan como
Bruselas, Berna o Ginebra, etc.
Fenómeno único: una nueva
civilización reemplaza una vieja
civilización: una nueva
civilización no puede estar
contenida en el vaso de una
vieja. Equipo nuevo: material,
social, ético, urbanístico.
Todas las ciudades del mundo
están enfermas; todas serán
reconstruídas (como, por otra
parte, lo han sido
incansablemente en el curso de
los siglos).

Buenos Aires, la
ciudad destino de Sudamérica,
está más enferma que ninguna.
Justamente porque es de
naturaleza fuerte y juvenil, ha
sufrido en su crecimiento
relámpago el asalto acelerado de
los errores. Hoy es una de las
grandes capitales del mundo. Un
formidable destino le aguarda. En
1929, habiéndola conocido, la
llamé: La Ciudad Sin
Esperanzas. En la cual los
hombres no podrían conservar ni
aún la esperanza de días
armoniosos y puros. A menos que,
fuerte de su fuerza, Buenos Aires
reaccione y actúe.
Que considere su mal
como crisis de crecimiento. Que
admita que una metamorfosis
próxima transforme su destino:
la metamorfosis es uno de los
fenómenos naturales de
crecimiento que lleva en sí la
gran lección de urbanismo.
En 1929 dejé Buenos
Aires con la certeza de que todo
podría ser emprendido en pro de
la salud de la ciudad; estaban
reunidas en ellas las condiciones
necesarias: primero la fuerza,
luego la geografía, después la
topografía y después la palanca
irresistible de las posibles
valorizaciones.
En 1937-38, dos arquitectos
argentinos, J. Ferrari Hardoy y
Juan Kurchan vinieron a París a
pasar doce meses en nuestro
taller. Y durante doce meses
establecimos meticulosamente el
Plan Director de la Ciudad de
Buenos Aires, sobre la base de
una rigurosa documentación
Se llama "Plan de Buenos
Aires, 1940".
Año dramático. Aquí (Europa)
la guerra; allí (América) la
construcción de la ciudad.
Es necesario
confesarse de que si el mundo
pasa por un estado de sanguinaria
locura es porque los hombres no
tienen dónde vivir: son
desgraciados en sus casas.
Cambian hoy a sangre y fuego sus
tugurios por nuevos refugios.
Allí está verdaderamente el
fondo de la cuestión: conquistan
con esta guerra de peripecias
paradójicas el derecho a una
felicidad suficiente.

París, 1° de
febrero de 1940
Volver a Ciudad
2000-2003 Revista
Contratiempo | Buenos Aires |
Argentina
Directora Zenda Liendivit
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En 1937, los
arquitectos Le Corbusier,
J. Ferrari Hardoy y J.
Kurchan elaboran en
París el Plan Director
para Buenos Aires.
Algunos de los
lineamientos principales
del proyecto son: la
concentración de la
ciudad con alta densidad
en el casco histórico y
la organización del
resto en ciudades
satélites; la
transformación de la
dimensión molecular
existente (el módulo de
120 mts.), en una trama
de supermanzanas, dando
origen a la ciudad verde,
con la separación total
del automóvil del
peatón a través de una
red de autopistas; el
equilibrio con la zona
sur; el trazado de un
sistema cardiaco de
circulación, con grandes
arterias de dirección,
arterias de circulación
y arterias de
repartición y una
zonificación bien
diferenciada, con
rascacielos ubicados en
el río para el sector
negocios. El presente
texto introductorio aquí
reproducido, así como el
Plan Director, fue
publicado en La
Arquitectura de Hoy,
Abril 1947 (versión
castellana de
L'architecture
d'aujour'hui)
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| LINKS
RELACIONADOS |
El camino de
los asnos.
El camino de
los hombres |
| Conferencias
dictadas por Le Corbusier
en Buenos Aires, 1929 |
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