MEDIOS, LITERATURA Y COMUNICACIÓN
Cuando los espacios hacen Crítica
DIEGO RODRIGO ALONSO

La Crítica de arte funda el presente de la realidad artística; les da encarnadura en él a los fenómenos que la Historia aún no ha determinado.  Los medios de comunicación es su hábitat y los críticos sus demiurgos.  Sin embargo también los lugares desde los cuales accedemos a esos fenómenos artísticos hacen Crítica, toda vez que entendamos que la Crítica es una instancia valorativa fenoménica del presente.

     Supongamos dos películas similares en todas las variables de análisis posibles (guión, fotografía, dirección, actuación, etc.) que simultáneamente se estrenan dentro de la misma ciudad.  Ambas de realizadores noveles y sobre los cuales no tenemos información suficiente que nos permitan emitir un prejuicio sustentable.  Por razones que desconocemos, una se estrena en una cadena de salas cinematográficas, que suele ser el sitio elegido para el estreno de las mega producciones de Hollywood;  y la otra, en un espacio cultural alternativo, que diseña su programación eligiendo entre aquellas películas que no han sido preferidas de las cadenas mencionadas.

     Dependiendo de nuestro gusto, y no pudiendo ver las dos, optaremos por una o la otra,  ignorando quizás, que han sido los estándares de nuestra cultura los que han operado en nosotros para una u otra elección.

     Una compleja red de relaciones sociales construye una funcionalidad simbólica diferente, y permite que meros edificios se desempeñen  también como espacios críticos y que, en ocasiones, decidan el destino de un fenómeno artístico.  No hay a priori, en las obras en sí, un único destino estético, sui generis, inmutable y eterno, sino que serán las múltiples lecturas las, que en el devenir de una obra,  irán decidiéndoselo y cuyas razones pueden o no estar sujetas a una valoración de su calidad artística. 

     La literatura policial norteamericana, a la que hoy categorizamos como “novela negra”, puede situarse como originaria de los años veinte cuando la revista “Black Mask”, que hasta entonces publicaba todo tipo  de “literatura popular”, decidió dedicarse exclusivamente al género naciente.   Joseph T. Shaw, el entonces director de la revista,  luego de leer a Dashiell Hammett, se disuadió de que el rumbo que debería emprender “Black Mask” era aquel que Hammet estaba sugiriendo. 

     Los círculos de intelectuales, dirigentes de las valoraciones culturales de la época,  menospreciaron siempre esta surgente literatura y a sus autores.  Luego de la segunda guerra mundial André Gide, George Duhamel, Albert Camus, y un tendal de eminentes figuras de la intelectualidad francesa, que por entonces trabajaban en editorial Gallimard, decidieron publicar a aquellos autores de Black Mask en una colección a la que bautizaron “Serie Noir”, y transformar así las expectativas al respecto del género y sus autores.  El espacio editorial devino en espacio crítico.    

     La lógica estética no pareciera tener cabida más que en el fuero interno de los artistas, en el juego de relaciones sociales la lógica imperante pareciera ser económica o presupuestario o, simplemente, caprichosa.

          La crítica tiene la responsabilidad de desembarazarse de la crítica que ejercen los espacios y abordar los fenómenos artísticos desde una virginalidad, aunque imposible, sí imaginable.  Más no sea por el placer del alegre trabajo de la inteligencia. 

DIEGO RODRIGO ALONSO está terminando la Licenciatura en Artes en la I.U.N.A. Dicta cursos de literatura en diversos establecimientos. Es productor y conductor de radio y televisión y colaborador en revistas culturales. Actualmente dirige y conduce el programa radial "Criterio  y capricho", en Radio Gama.

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