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/ VILLAS, ASENTAMIENTOS Y SIN TECHO

DESDE EL GOBIERNO DE LA CIUDAD

Una charla en la Secretaría de Desarrollo Social
Los itinerarios de la pobreza

Soluciones transitorias que se volvieron permanentes; gente expulsada de las provincias que busca auxilio en la Capital; los sin techo crónicos y los nuevos pobres; hoteles colapsados y subsidios. Contratiempo conversó con Leandro Valman, encargado de Prensa de Desarrollo Social, del rol de la Secretaría en este momento donde la crisis pone en riesgo de calle a cada vez más gente

¿Qué está haciendo la Secretaría con la gente que vive en la calle?

Con los sin techo se dan diferentes situaciones. Están los que vos ves tirados en la calle, en la plaza, en la entrada de una iglesia, que en su gran mayoría son los que se llaman los sin techo crónicos. Nosotros tenemos un programa que concretamente se encarga de ellos, Buenos Aires Presente (BAP), que desde 1999, a través de una camioneta y una línea de 0800, recorre la ciudad, haciendo relevamientos. El BAP está conformado por psicólogos y trabajadores sociales quienes sacan un perfil de las personas, de la familia, para después generar algún vínculo con alguno de los programas existentes. El gran problema es que, la mayoría, por ser crónicos se resisten.

¿Cuánta gente vive actualmente en la calle?

Son alrededor de 1124 personas en situación de calle.

¿Vos decís que la mayoría de esas personas responde a la categoría de crónicos ?

Son personas con problemas psicológicos, que están en la calle por propia voluntad. Es decir, no aceptan las opciones de alojamiento que se les brinda. De esos 1124, 700 más o menos son considerados crónicos.

¿Qué pasa con los nuevos pobres?

Los nuevos pobres, mal o bien, logran reinsertarse en algún sistema. O buscan alojamiento en casas de familiares, en hoteles o a través de subsidios. Si van a la calle, es durante un periodo muy corto de tiempo hasta que por algún recurso logran subsistir. Por lo general, los nuevos pobres son familias con hijos. Y aquí la mujer suele ser la jefa, y siempre termina rebuscándoselas. Sea a través nuestro o a través del Consejo de Protección de Derechos del Niño se busca salvar primero a las familias con niños. Por lo cual, todo el resto, que son entre el 20 o 30% que uno ve en las calles son los que todavía están buscando una reinserción. Para estos, nosotros tenemos varias modalidades. En 1987 se creó el sistema de los hoteles, que tenía por objetivo dar una solución transitoria, de quince días, para que esa familia que justamente en forma temporal se quedaba sin nada pudiera revincularse, para que consiguiera un nuevo trabajo o se acomodara con familiares. En un primer momento se calculó para 1000 o 1500 personas y funcionó bien. Hasta el estallido de los últimos años, cuando se empezaron a llenar los hoteles y la gente no encontraba una solución, porque no había trabajo. No tenía posibilidades de salir y cada vez ingresaba más gente. Llegó un momento en que se saturó. De ahí vienen todas las críticas de hacinamiento y falta de higiene. También, el tema de los precios. Bueno, el precio es el del mercado. Lo que se paga es lo que piden los hoteleros, si no, van a la calle. El precio oscila entre 3 a 4 pesos por día. Son carísimos para los servicios que brindan, pero a los indigentes no los recibe nadie. Nosotros tenemos un registro de hoteles, controlamos que tengan su habilitación, que estén en regla, que cumplan con algunas condiciones. Son alrededor de 100 establecimientos. Hay gente que está hace dos o tres años porque no encuentra salida.

Los hoteles colapsaron, se llegó a tener 10000 personas alojadas. Una cifra muy importante. Entonces decidimos cambiar el sistema. Hace un año el ingreso se cerró. La gente tenía la opción de seguir en el hotel (hoy hay alrededor de 8400) o recibir el subsidio que se creó en reemplazo. En general más que un subsidio para el sin techo, es para las familias. Acceden a él los nuevos pobres, los que fueron desalojados. Esas familias vienen acá, explican la situación, y se les da un subsidio de aproximadamente 6 meses, que les alcanza para pagar el alquiler, mientras pueden generar una nueva condición de reinserción. El que cayó ahora en situación de calle, sobre todo si es familia, tiene acceso directo a este subsidio. También contamos con una serie de hogares. Hay un hogar concretamente para mujeres y 4 para hombres, todos en capital, menos uno en Ituzaingó. En el primero hay mujeres solas o con chicos, allí duermen, tienen sus casilleros y su cama asignada. Es decir, tienen casa y comida. Muchas de ellas hacen changas pero no les alcanza para pagarse un alquiler. Entran a las 6 o 7 de la tarde y se van a la mañana. Hay un cupo. También tenemos algunos convenios con ONGS, nosotros les mandamos gente y pagamos las camas que ocupan.

Ahora se abrió un parador en Retiro, con una modalidad totalmente diferente. Es más para el sin techo crónico. Este por lo general tiene resistencia a entrar a una institución, a un hogar, porque tiene que ajustarse a una disciplina, a reglas, a la higiene, allí están controlados y registrados en expedientes. Y a muchos no les gusta. Entonces surgió este parador, donde el contrato es por día, llegan a las 6 de la tarde, hacen la cola y entran. Los revisan, van a bañarse, tienen su cama, a la mañana se van. Esta situación está más cerca de su modo de vida. Ahí no tienen ningún tipo de compromiso con la institución, pueden volver o no. Se da el caso que la mitad de la población es más o menos estable, parece que le gustó. La otra es rotativa, vienen por frío o por hambre. Hay cena y desayuno. Allí hay 200 camas. Es una modalidad nueva, completamente diferente porque apunta bien al crónico. La idea es abrir algunos más para cubrir las necesidades. La cifra de los que pasaron por el parador es de 450, hay muchos que no irían jamás.

Ahora tienen lugar, quizás como nunca antes, los movimientos migratorios empujados por la pobreza, ¿cómo reacciona la Secretaría frente a estos desplazamientos poblacionales con centro de atracción en la capital?

No se puede hacer discriminación con relación a si son de capital o del interior. La gran mayoría de los que ocupan nuestros alojamientos son gente del interior de la provincia y del interior del país. Lo que ocurre es que el conurbano no contiene a nadie. El conurbano expulsa, acá saben que mal o bien serán contenidos; ya sea a través del Estado o través de la solidaridad de la gente algún recurso consiguen. En La Matanza por ejemplo, si se tiran en la calle, allí mueren. Aquí en capital subsisten. Toda la gente que expulsa el resto del país, sobre todo el conurbano, pero también Salta, Chaco y otras provincias, viene acá. El subsidio habitacional sí exige tener por lo menos un año de residencia en la capital. Nosotros en realidad, como sistema social, estamos subsidiando a todos los que vienen del resto del país. 10000 personas en los hoteles, otras 10000 personas ya con subsidios, 2000 alojadas en los hogares, otras 2000 alojadas en tercera edad (mayores de 65), allí ya son como 25000.

El año pasado se vivió una situación muy particular. Las calles de Buenos Aires se llenaron de gente, familias enteras que no tenían nada de lo que vos catalogás como sin techo crónicos.

La crisis del 2001 hizo que esto explotara. Si no se hubieran duplicado los programas, esa gente que viste en las calles el año pasado también se hubiera duplicado. A partir de allí, se hicieron estas restructuraciones (subsidios, parador, nuevas plazas en los hogares) Sí o sí tuvimos que generar nuevos recursos para contener la crisis. Pero con relación a lo que vos decís, es lo que te comentaba al principio. Esos nuevos pobres pasaron poco tiempo en la calle. Enseguida, los mismos vecinos, a través del 0800 llamaban al BAP para reubicarlos. Hubo muchísima gente que quedó expulsada, en situación de calle. Pero sobre todo si es una familia, el camino es bastante corto. El censo de los sin techo se hace todos los años, entre noviembre y diciembre, y hace cuatro años viene dando mas o menos el mismo resultado. La gente del BAP los cuenta uno por uno, y da 1200, 1250. O sea, es estable. Si no se hubieran creado estos nuevos programas habitacionales, estos nuevos mecanismos, hubiera sido terrible. Hubo que contener el doble o triple de gente de lo que la Secretaría estaba acostumbrada.

¿Qué relación tiene la Secretaría con las villas de emergencia?

Nosotros trabajamos mucho con las villas, con el tema de los comedores, con los programas alimentarios, mucha entrega de alimentos. Hay una interacción continua, hay asistencia con materiales. También contamos con algunos programitas, que son pruebas piloto, de autoconstrucción de viviendas, pero todavía no es fuerte. Tenemos ese tipo de recursos. Pero la función concreta de Desarrollo Social con respecto a la vivienda es la emergencia. Lo que ocurre es que la crisis ha sido tan profunda que hay gente que está en un hotel hace 4 años. Porque no tiene forma de salir, lo que fue pensado como transitorio se convirtió en permanente.

¿Cómo afectó la crisis a Desarrollo Social?

Frente a la crisis hubo una decisión del Jefe de Gobierno Aníbal Ibarra de aumentar el presupuesto de la Secretaría para cubrir la situación. Hubo que priorizar la atención social, los hospitales, los programas alimentarios, en detrimento de las obras públicas porque si no volcábamos ese presupuesto por ahí arreglábamos tu vereda pero tenías 10 sin techo durmiendo en ella. Fue una decisión política. El tema de priorizar familias, atender a las jefas de hogar, las mujeres son más cuidadosas con el uso de los recursos. Lograr que 100 personas estén constantemente en el parador, siendo crónicos, no es fácil. Eso implica todo un trabajo de psicólogos, trabajo de calle, etc. Pero jamás vas a cubrir el 100%, jamás, y lo asumimos sin complejos. Siempre vas a tener una demanda insatisfecha.

Redacción de Contratiempo
Julio 2003

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