I
JORNADAS FILOSOFÍA DEL ARTE / SANTA FE
MAYO 2004
El arte de
conversar
Osvaldo Dallera
La conversación es una
forma de entretenimiento que facilita el
desarrollo de la sociabilidad entre
quienes participan en ella. La
sociabilidad se caracteriza por las
cualidades que, quien la practica, pone
en juego en cada encuentro con el otro:
cultura, amabilidad, cordialidad,
cortesía, "buenos modales",
etc. Quienes saben conversar son personas
sociables que disfrutan de la compañía
de los otros y aprovechan esa
circunstancia para cultivar su
personalidad poniendo en práctica y
desplegando las cualidades necesarias
para pasar un momento agradable. La
conversación como objeto de estudio
presenta múltiples dimensiones desde las
cuales puede ser abordada. De esa
multiplicidad de dimensiones se destacan:
a. La dimensión
histórica. A partir del siglo XVI
comienzan a aparecer en Italia, y más
tarde, entre los siglos XVII y XVIII, en
Francia, y Gran Bretaña, manuales que
tratan sobre la manera en que se deben
cultivar los buenos modales. En ellos se
trataban cuestiones tales como la buena
conducta, buenas maneras, cortesía,
urbanidad o civilidad. A partir de fines
del siglo XVI se fundó en Francia una
serie de academias o círculos
literarios, siguiendo el modelo italiano
y también interesadas en el lenguaje
correcto. El siglo XVII fue la edad de
oro de los salones en París. En en el
siglo XVIII se acentuó la informalidad
en Inglaterra y la conversación como
arte empezó a practicarse en nuevas
instituciones sociales como el café, la
asamblea y el club. Los ingleses del
siglo XVIII pugnaron por un estilo de
conversación más libre y desenvuelto
que el que cultivaron los franceses del
siglo XVII.
b. La dimensión social.
La conversación como práctica social
exige el respeto y el cultivo de un
estilo emparentado con el uso de la
lengua legítima, lo cual implica el
respeto por determinadas reglas y formas
que regulan su desarrollo, la ubican
dentro del espacio de lo distinguido y la
separan de otras prácticas vulgares u
ordinarias. En este sentido, la práctica
social de la conversación es un aporte o
una contribución a la estilización
de la vida entendida como la
formalización de prácticas que
privilegian en todos los ámbitos y en
todos los espacios sociales, la manera,
el estilo, y la forma en detrimento de la
función. Lo importante dentro de esta
relación entre conversación y sociedad
es que nuestras formas de conversar
indican nuestra posición en la
estructura social.
c. La dimensión
lingüística. El análisis
lingüístico se puede llevar a cabo
desde una perspectiva macroestructural
que se ocupa, por un lado, de los grandes
bolques que componen la conversación: apertura,
orientación, contenido, conclusión
(apunta a la terminación del tema) y terminación
(se refiere a la finalización de la
conversación). Por otro lado, el
análisis macroestructural estudia las funciones
que se pueden detectar en su desarrollo: psicológicas
(manifestación de anhelos, deseos,
sentimientos, planes, etc.), sociales
(exposición de roles, jerarquías,
estatus, de los hablantes, etc.), pragmáticas
(la principal de estas funciones está
relacionada con el principio de
cooperación) y la distribución de
los turnos de cada uno de los
participantes para tomar la palabra y
cedérsela a otro interlocutor.
También se estudia la microestructura
de la conversación. Desde allí se
pretende dar cuenta de los enunciados
individuales y sus relaciones. Incluye
aspectos tales como las propiedades
paratextuales de la conversación
(gestos, miradas, mímicas, distancias,
cercanías (tocar al otro, abrazarlo,
etc.), los factores cognitivos (la
capacidad de comprensión de los
enunciados proferidos por los demás, las
suposiciones, implicaturas
conversacionales, etc.), los factores
sociales de la interacción (el rol
de cada participante, el status, las
jerarquías, etc.) y las estrategias de
los hablantes (estas estrategias suponen
el conocimiento de las características
de los interlocutores, para poder
anticipar o prevenir posibles reacciones
o futuras intervenciones de los otros en
la conversasción).
d. La dimensión
estética. Dominar el arte de la
conversación supone no sólo capacidad
para improvisar sino también disponer de
un conjunto de saberes (contenidos) y
competencias (formas). El buen
conversador es capaz de dejar brillar a
los otros, gratificando el amor propio de
las personas con las que habla. Este
saber "psicológico" se
complementa con la exhibición de otras
capacidades tales como la prudencia, el
tacto y el recato. Se trata de edulcorar
la realidad acudiendo a la fantasía a
través de la seducción, la cortesía y
la galantería. En la conversación se
puede (y se debe) hacer sentir bien al
otro. Durante su desarrollo se puede
bromear sin que la broma llegue a
herir o mortificar a los interlocutores.
Ser ingenioso (tener esprit) es otra
condición que va de la mano con la
condición ociosa de la conversación.
También el silencio juega un
papel importante. Se trata del silencio
cargado de expresividad y significados.
La elocuencia del cuerpo es un
recurso retórico importante en la
configuración estética de la
conversación. Del mismo modo, el tono,
la modulación y el volumen de la voz
contribuyen a modelar, en un sentido o en
otro, el grado de armonía y belleza del
encuentro. En cuanto a los temas, aunque
no hay ninguno que no pueda ser tratado
dentro de una conversación, el
anfitrión valora las aptitudes de sus
invitados y los incita a hablar de lo que
más les gusta. "el gran secreto
reside en hablar noblemente de las cosas
bajas, más bien sencillamente de las
cosas elevadas y muy galantemente de las
cosas galantes, sin excesos de fervor y
sin afectación."
¿Será posible que la
escuela pueda distribuir las reglas de la
sociabilidad? Si acordamos con la idea
según la cual la competencia
lingüística es uno de los componentes
del capital cultural y éste es el
resultado del nivel de instrucción
alcanzado y de la trayectoria social
recorrida, entonces, uno de los objetivos
pedagógicos debe ser que los jóvenes
incorporen a sus hábitos, en situaciones
de interacción, reglas cultas
provenientes de la práctica de los
profesionales de la expresión escrita
mediante una labor de explicación y
codificación. En este caso, que la
escuela se proponga enseñar (tanto
teórica como prácticamente) las reglas
de la conversación puede resultar una
buena forma de educar para la
sociabilidad.
/
OSVALDO
DALLERA es Especialista en
Didáctica por la UBA. Obtuvo el diploma
en Ciencias Sociales con mención en
Gestión Educativa en FLACSO; es también
profesor de Filosofía y Pedagogía. Este
año completa la licenciatura en
Sociología en la Universidad de Buenos
Aires. Se desempeñó como docente en la
cátedra de Semiótica de los Medios
Masivos de Comunicación en la carrera de
Ciencias de la Comunicación de la
Universidad de Buenos Aires y en otras
instituciones de nivel terciario. Desde
1992 se desempeña como Rector en el
Colegio Schönthal. Ha publicado Problemas
de Filosofía, Signos Comunicación y
Sociedad, Comunicación y Creencias,
¿Quién es La Gente?, La Razón Educada,
La escuela razonable y otros trabajos
relacionados con la filosofía, la
comunicación y la educación.
El presente
texto es un resumen de la ponencia
presentada por el autor en las I Jornadas
de Filosofía del Arte, llevadas a cabo
en Santa Fe en mayo de 2004.
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