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Urbanismo,
Arquitectura y Ciudad
La ciudad-colmena en Le Corbusier
JUAN
ANTONIO RAMÍREZLa doble influencia,
formal y social, de la colmena,
se percibe en las concepciones
corbuserianas de la ciudad. En
1925, cuando publicó su libro Urbanisme,
ya estaban definidas casi todas
las obsesiones que aplicaría
después en numerosos proyectos
más o menos realizables y
desarrollaría en abundantes
textos teóricos. Está siempre
presente esa concepción
evolucionista aprendida en el Lenchainement
des organismes, de Gaston
Bonnier, y patente en montajes
fotográficos como el que muestra
un campamento en el desierto, una
ciudad medieval y la imagen de un
rascacielos con un avión en
primer plano. La leyenda de esta
última foto reza: "Ya no
somos nómadas y es preciso
construir las ciudades".
Pero no hay voluntad de elogiar
el resultado presente de esa
"evolución". Al
comentar más adelante otra
fotografía de Nueva York, Le
Corbusier muestra su rechazo
estético: "Entusiasmo,
admiración. ¿Belleza? Nunca.
Confusión. El caos, el
cataclismo, el trastorno súbito
de las concepciones conmociona.
Pero lo Bello se ocupa de otra
cosa diferente; para empezar,
está basado en el orden".
Le Corbusier piensa
que es preciso corregir o superar
este estado de cosas. Una
diferencia importante respecto a
lo existente es que sus
rascacielos no serán simples
bloques de oficinas (como en las
ciudades americanas), sino
auténticas concentraciones de
viviendas. Durante toda su vida
habló incansablemente de las
ventajas ecológicas y
económicas de esta solución
frente a la multiplicación
infinita de casas unifamiliares
con pequeños jardincitos en los
suburbios. Esa idea, que era
revolucionaria a principios del
siglo XX, se convirtió, muy
degradada y mutilada, en una
realidad universal a partir de
los años cincuenta. Llamamos
ahora con frecuencia a estos
bloques de viviendas
"hormigueros" o
"colmenas" (dependiendo
de los idiomas), y olvidamos que
nuestra intención peyorativa es
justamente la contraria de la que
sirvió para justificar su
aparición, según las
concepciones originarias.
Los primeros esbozos
urbanísticos de Le Corbusier
(desatendidos por casi todos los
historiadores) se encuentran en
los carnets de 1914-1915 y
muestran ya grandes rascacielos
de viviendas, en el centro de
amplias retículas ortogonales,
con abundantes espacios
vegetales. Algunos de estos
bloques tienen una planta muy
peculiar: un exágono central con
otros exágonos agregados en cada
uno de sus lados, como si
formaran un fragmento de panal.
La idea de la colmena está,
pues, en el origen más remoto
del rascacielos corbusierano.
De 1922 data su
"Plan para una ciudad de
tres millones de habitantes"
y tres años más tarde hizo
público el "Plan
Voisin" para París. Nuestro
arquitecto mostraba una evidente
propensión al gigantismo y una
no menor brutalidad al propugnar
derribar un sector de la vieja
capital francesa de Francia para
construir en su lugar inmensas
estructuras de planta cruciforme.
El tiempo ha demostrado que
muchas de sus propuestas
"futuristas" eran
candorosas (como la idea de hacer
el aeropuerto en el centro de la
ciudad) y ha descartado por
completo su absoluta voluntad de
regularidad y centralización. La
urbe que se exhibe en estos
proyectos de los años veinte es,
desde el punto de vista
funcional, como una inmensa
colmena perfectamente regulada.
Tampoco es una casualidad que las
viviendas a redent que
alternan con los rascacielos del
"Plan Voisin" se hayan
podido relacionar con los dibujos
del falansterio de Fourier.
Debe mencionarse
también la influencia de la idea
de la ciudad-jardín, bien
documentada por diversos
estudiosos. Las propuestas para
distribuir en el espacio sus
estructuras Dom-Ino, con
abundantes espacios verdes
intercalados, se inspiraron en
los ejemplos ofrecidos por
Benoit-Lévy en La cité
jardin (1911). Le Corbusier
pensaba la arquitectura como si
ésta fuese un ente geométrico,
limpio y nítido, plantado sobre
la hierba. "¡Una
ciudad"!, exclama. "Es
la mano del hombre puesta en la
naturaleza. Es una acción humana
contra la naturaleza, un
organismo humano de protección y
de trabajo. Es una
creación". Sus
declaraciones, en este mismo
sentido, son innumerables.:
"El fenómeno gigantesco de
la gran ciudad se desarrollará
en los alegres espacios verdes.
La unidad en el detalle".
Este ideal de una
arquitectura blanca y ortogonal,
elevada sobre la naturaleza, es
evidente al contemplar sus obras
pero también en el modo como Le
Corbusier las describe. Así, a
propósito de su famosa villa
Saboye, dijo: "Otra cosa: la
vista es muy hermosa, la hierba
es una cosa bella y el bosque
también: se los tocará lo menos
posible. La casa se posará en
medio de la hierba como un
objeto, sin molestar nada".
Y más tarde, refiriéndose a La
Tourette: "El convento está
posado en la
naturaleza salvaje del bosque y
de las praderas, que son
independientes de la arquitectura
propiamente dicha".
Del libro LA
METÁFORA DE LA COLMENA. DE
GAUDÍ A LE CORBUSIER, Juan
Antonio Ramírez (Ediciones
Siruela, Madrid-1998)
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