
Foto: Sierra Chica (A.G.N.)
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NOTA
EDITORIAL
En la Ciudad PenitenciariaEl
peligro que Walter Benjamin anticipa para
el intelectual crítico que trabaja con
fragmentos es el de sucumbir en ellos sin
llegar a elaborar un nuevo horizonte de
sentido, una nueva relación con el
mundo. Cuando en la actualidad alguno de
estos fragmentos estalla en nuestras
manos actualiza de golpe la secreta
complicidad entre las cosas, iluminando
con violenta intensidad lo que nos pasa
de largo. Las masacres en las cárceles
de Córdoba y de Coronda acontecidas este
año nos recuerdan ese espacio no pensado
por la sociedad que marcha paralelo y en
estrecha conexión con los intereses del
poder, sus estrategias de reproducción y
sus discursos hegemónicos. Mientras la
miseria es la principal proveedora de
población del sistema penal, éste
extiende sus atribuciones sobre aquélla
y en consecuencia sobre sus territorios
de acción. El hacinamiento a nivel
mundial de los establecimientos de
reclusión revelaría que tanto el
espacio físico de la prisión así como
el concepto de delito están quedando
chicos. Como acontece en otros casos, la
literatura y la ficción ya han
vaticinado el negro destino penitenciario
que les podría corresponder a las
ciudades en un futuro no muy lejano. Si
en los albores de la modernidad Poe y
Baudelaire ponen en escena por primera
vez a la metrópolis como refugio de
asociales, perseguidos y abandonados pero
sobre todo como espacio peligroso y
criminal donde el crimen brilla por su
ausencia, la maquinaria del control
social fija su objetivo, y moderniza sus
procedimientos, en la tarea de seguirle
los rastros a este hombre masificado. Y
es en Kafka donde se lee la precariedad
existencial del sujeto moderno, autor de
un crimen siempre desconocido, juzgado
por leyes y autoridades igualmente
desconocidas, arbitrarias y decadentes,
tan pero tan actual en nuestros días. O
en Roberto Arlt, que ya en la moderna
Buenos Aires de la década del 20 intuye,
como Kafka, que cualquier fuga de lo real
será imposible, por lo que sus
personajes tendrán que resistir con
ficciones e inventos a la ciudad-máquina
de la que son sus residuos dehechables y
que tarde o temprano siempre los llevará
a la catástrofe. También desde el cine:
la metrópolis de Blade Runner
es el resultado de una eficiente
tecnología de control espacial frente a
la abrumadora desproporción entre libres
y esclavizados. Los edificios blindados
con forma de pirámide trunca,
reminiscencia arcaica de jerarquía y
poder sagrado, gobiernan los cielos para
asegurarse la tierra donde habita el
pueblo atrapado en las calles y sofocado
por el humo y las promesas de paraísos
remotos que le proyectan pantallas
gigantes. En la actualidad, y en la
realidad, los barrios marginales de
América y de Europa, rigurosamente
vigilados social y policialmente,
constituirían un paso más en aquella
práctica de rastreo de las masas siempre
sospechosas y el inicio de esta
inversión de los conceptos de adentro y
afuera; el empobrecimiento de la cultura,
los accesos cada vez más restringidos a
la educación y la retirada del
pensamiento crítico conformarían a la
vez la garantía necesaria para el
funcionamiento sin mayores sobresaltos de
esta nueva maquinaria que tiende a
fusionar la metrópolis con la
penitenciaría.
Pensar la cárcel,
reflexionar sobre las estrategias de
expansión penal, pensar las acciones,
conductas y nuevas realidades que éstas
generan, reflexionar sobre sus
transformaciones en el tiempo y sus
nuevos modos en la modernidad, abordarla
desde diferentes miradas, son los
propósitos de este informe. Que se irá
publicando en entregas y donde el camino
será también el objetivo.
Zenda Liendivit
Buenos Aires, Mayo 2005
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2000-2005 | Revista
Contratiempo | Buenos Aires | Argentina
Directora: Zenda Liendivit
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