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Comunicación, cultura y sociedad / Medios


 
EL CENTINELA

Primera Editorial

Número 1
Buenos Ayres, 28 de julio de 1822

¿Quién vive'?
La Patria

Durante la revolución, la mayor concurrencia de los papeles públicos ha sido el anuncio más cierto de la aproximación de una época en que el país careciese totalmente de este ramo. Esta es una observación. Hay otra: han sido casi tan numerosos los periódicos que han caído, como lo han sido los gobiernos que se han alzado; y acaso de ahí que ha nacido también el que raro es el editor o escritor público que no haya obtenido por recompensa una proscripción o un destierro. La misma cuenta ha salido al valiente que censuraba los actos del poder, que al que tenía frente para vivir ante el poder postrado de rodillas. Aún los que se han denominado imparciales han corrido cuando menos la triste suerte de ser tildados como egoístas, tímidos o hipócritas.

En el día nos hallamos en un estado semejante: esto es, con una gran concurrencia de periódicos, unos literarios, oficiales, científicos; otros de la oposición, y algunos empleados tan sólo en hacernos conocer la política actual del mundo. Parecerá pues una empresa imprudente la de una nueva publicación en medio de este cúmulo que tantas veces ha sido el presagio de las fatalidades que hemos enunciado; y no dejará también de causar alguna sorpresa, considerándose que entramos al peligro al propio tiempo que lo advertimos. Y efectivamente; nuestra pluma tiembla algo aún al trazar estas mismas líneas, y nuestros más fervorosos sentimientos por la causa pública se apagan y se encienden cuando nos ocupa esta contemplación. No obstante, satisfaremos brevemente, y esto dará una idea del motivo que nos arrastra.

Tras de los sacudimientos espantosos de la revolución, ha sobrevenido una época en la que se dejan entrever por todas partes síntomas más o menos indicativos de un porvenir maravilloso. En particular el Pueblo de Buenos-Ayres como más predispuesto, y con mayores proporciones que ningún otro de América para arribar con éxito a cualquier clase de empresa, sea bélica o social, ha tomado la iniciativa de este nuevo orden de cosas. El es efectivamente grande, pero es en proporción difícil. Tras de este inconveniente llega el compromiso en que este pueblo se ha puesto para con los demás y aún para con el mundo. Respecto de aquellos tiene que ser un espejo. Al mundo es necesario que le pruebe que es capaz de una segunda empresa. Reasumiendo pues este párrafo, se saca que Buenos-Ayres tiene que andar entre grandes dificultades para arribar a su bien, y que es indispensable el vencerlas si ha de conservar ilesa su misma reputación.

Bajo tales circunstancias ¿cómo es posible que el hombre, a quien animen sentimientos verdaderamente patrióticos, huya el cuerpo a los compromisos, y se esté como un pacato inalterable a la felicidad, al esplendor, a la muerte, a la degradación de su misma patria? ¿Cómo es posible no arrebatarse de este noble sentimiento por la cosa pública: esforzarse a afrontar todos los peligros: posponer los resentimientos: hacer, en fin, de su hombro una pilastra más que en la grande obra se recueste? ¿No es más propio que las lecciones de la experiencia en vez de tomarlas como inductoras de una total retracción, se reciban como preceptos que provocan a la enmienda? Al menos discurriendo nosotros de este modo, ni aún la consideración de que la existencia pueda desvanecerse temprano ha bastado a impedirnos el emprender esta publicación.

Ella abrazará pues todo cuanto guarde relación con los sentimientos que acabamos de mostrar; y bajo de este aspecto ningún límite podemos prefijarnos. En la parte interior todos los negocios que en el día se promueven son de importancia y de una grande trascendencia: no será posible hacerles un lugar a todos a un mismo tiempo; pero se irán desenvolviendo sucesivamente, principiando por la reforma eclesiástica, cuya sola iniciación ha estremecido las bóvedas de los claustros, y sobre la cual es necesario ilustrar controvirtiendo. La parte del interior abrazará también un artículo "miscelánea" que participará de lo serio, de lo jocoso, y aun del ridículo. Del exterior, discurriremos algunas veces sobre la tendencia que debe tener la política general de la nación, después de vencida la necesidad que ahora le pone en la forzosa de estar fraccionada. Se darán cortas sumas de los sucesos más notables tanto en América como en Europa; y ocupará un buen lugar la causa nacional sea considerada con relación a España, o con la nación vecina.

El Centinela no aspira a que se le retribuya ninguno de los tres caracteres con que se distinguen los escritores del día: opositores, imparciales, o ministeriales. El Centinela quiere únicamente que todo el mundo se persuada que él vivirá siempre ALERTA.

El Centinela se publicó desde el 28 de julio de 1822 hasta el 7 de diciembre de 1822. Fue dirigido por Ignacio Nuñez, Juan Cruz Varela y Florencio Varela. Texto y datos publicados en LAS REVISTAS LITERARIAS (Centro Editor de América Latina, Buenos Aires/1993)

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