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/ Urbanismo y ciudad

     
  Apuntes sobre Buenos Aires
Historia de dos ciudades
BERNARDO CANAL-FEIJOO

Desde que Juan de Garay, después de haber cerrado el ciclo de las fundaciones iniciales de la Conquista, con la de Santa Fe (1573), funda Buenos Aires, (1580), la historia de la "civilización" argentina –o, si se quiere, la historia argentina de la civilización- podrá, durante mucho tiempo, formal y fundamentalmente representarse como una historia de dos ciudades: la Ciudad concéntrica y mediterránea por antonomasia (la ciudad de la conquista y la colonia) y la Ciudad excéntrica y litoral por antonomasia (la ciudad que nace asomada al borde circunferencial de la conquista, en inspiración ya evasiva).

Nacidas ambas de la misma empresa y afectadas unitariamente, por razones geográficas y por razones políticas coloniales, al mismo sistema, queda desde el primer instante planteada una tensión contrapolar irreductible entre una y otra, entre la ciudad mediterránea y, si se quiere, dominial o colonial, y la otra ciudad de vocación marina y, si se quiere, independiente.

En el extremo del largo transcurso de la lucha pre y postconstitucional, esa tensión se resolvería en una hegemonización, y la historia argentina, figurable como una interesante historia de dos ciudades durante un amplio lapso, acabaría figurable como una monótona historia de una sola ciudad.

Mientras el proceso –tan natural como calculado- de la formación argentina va polarizando la historia nacional en un solo sentido, en el sentido de una sola ciudad –la segunda y litoral-, la otra, la primera ciudad –mediterránea- debe coexistir, coexistirá, casi larvalmente diría, con un sentido, durante mucho tiempo, no menos específico. Mientras aquélla madura en su sentido de ciudad-vértice, de ciudad-ángulo-de-vuelo-en-bandada, la primera ciudad, interior y lejana, debe cumplir, en su aislamiento o en su confinamiento, un papel muy propio en la historia constitucional, esto es, en la historia de la civilización o ciudadanización argentina. A la dimensión virtual de costa indefinida que granjeaba al país la Ciudad de Buenos Aires, la ciudad mediterránea complementariamente granjearía la dimensión indefinida de profundidad, para una verosímil geografía de Nación; sin ella el país habría resultado apenas, como se decía el siglo pasado, un perfil de país; y es seguro que, faltándole aquel pretexto de densidad o fondo, no hubiera habido lugar a las nobles y al fin bastante estériles luchas por la constitución integral.

Del libro TEORÍA DE LA CIUDAD ARGENTINA, Bernardo Canal Feijoo (Editorial Sudamericana, Buenos Aires/1951)

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