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Ajitto (1981)
ROBERT MAPPLETHORPE
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Filosofía
y Política
Las
argucias para difundir la verdad entre
muchos
BERTOLT BRECHTDe
ESCRITOS POLÍTICOS, Bertolt Brecht (Ed.
Tiempo Nuevo)
Muchos, orgullosos de poseer
el valor de expresar la verdad, dichosos
por haberla encontrado, fatigados quizás
por el trabajo que cuesta presentarla en
una forma manejable, esperando
impacientes la intervención de aquellos
cuyos intereses defienden, no consideran
necesario además el empleo de argucias
especiales en la difusión de la verdad.
A menudo pierden así toda la eficacia de
su trabajo. En todos los tiempos se
empleó la argucia para la difusión de
la verdad, cuando la misma era reprimida
y ocultada. Confucio falsifica un viejo
calendario histórico patriótico. Sólo
modifica ciertas palabras. Donde decía:
"El gobernador de Kun hizo matar al
filósofo Wan por haber dicho tal y cual
cosa", Confucio sustituyó
"matar" por
"asesinar". Si se decía que el
tirano Fulano murió a causa de un
atentado, él escribía "fue
ejecutado". De esa manera, Confucio
abrió el sendero de un nuevo modo de
juzgar la historia.
Quien en nuestro tiempo diga
población en lugar de pueblo y
propiedad rural en lugar de tierra ya
estará dejando de apoyar numerosas
mentiras. La palabra pueblo
implica una cierta homogeneidad y alude a
intereses comunes, por lo cual sólo
debería empleársela cuando se hable de
varios pueblos, puesto que a lo sumo
entonces cabe imaginar una comunidad de
intereses. La población de una comarca
tiene intereses diferentes, incluso
mutuamente opuestos, y ésta es una
verdad que se reprime. Así, aquel que
dice "tierra" y describe los
campos con destino a narices y ojos, al
hablar de su olor a tierra y de su color,
sostiene también las mentiras de los que
mandan; pues lo que importa no es la
fertilidad del suelo ni el amor que le
tenga el hombre, ni su empeño, sino
principalmente el precio del cereal y el
precio del trabajo. Aquellos que extraen
el lucro de la tierra no son los mismos
que extraen de ella el cereal, y en las
Bolsas se desconoce el olor de los
terrones. Las Bolsas tienen otro olor. En
cambio "la propiedad rural" es
la expresión adecuada; con ella puede
engañarse menos. Allí donde reina la
opresión habría que elegir, a cambio de
la palabra disciplina, la
palabra obediencia, porque la
disciplina también es posible sin
gobernantes, por lo cual tiene en sí
algo más noble que la obediencia. Y
mejor que la palabra honor resulta
la palabra dignidad humana. Con
ella, el individuo no desaparece tan
fácilmente del campo de observación.
¡Pues ya sabemos qué clase de canalla
pugna por poder defender el honor de un
pueblo! Y con qué derroche distribuyen
el honor los saciados a quienes los
sacian, al tiempo que ellos mismos pasan
hambre. La argucia de Confucio aún puede
emplearse hoy en día. Confucio
sustituía juicios injustificados de
procesos nacionales por otros
justificados. En inglés Tomás Moro
describió, en su Utopía, un
país en el cual imperaban condiciones
justas; tratábase de un país muy
diferente al país en el que vivía, pero
se le asemejaba mucho, salvo en esas
condiciones.
Lenín, amenazado por la
policía del zar, quiso describir la
explotación y el sojuzgamiento de la
isla Sajalin por la burguesía rusa.
Cambió a Rusia por Japón y a Sajalin
por Corea. Los métodos de la burguesía
japonesa recordaron a todos los lectores
los métodos rusos utilizados en Sajalin,
pero ese escrito no fue prohibido ya que
el Japón estaba enemistado con Rusia.
Muchas cosas que en Alemania no pueden
decirse sobre Alemania, sí pueden
decirse referidas a Austria.
Existen variadas argucias
mediante las cuales es posible engañar
al receloso Estado.
Voltaire combatía la
creencia en milagros de la Iglesia
escribiendo un poema galante sobre la
Doncella de Orleans. Describió los
milagros que indudablemente debieron
haber ocurrido para Juana siguiese siendo
doncella en un ejército, en una corte y
entre los monjes.
Mediante la elegancia de su
estilo y describiendo aventuras
eróticas, provenientes de la opulenta
vida de los gobernantes, tentó a estos a
abandonar una religión que les procuraba
los medios para esa vida relajada. Más
aún, de ese modo creó la posibilidad de
que sus trabajos llegaran por vías
ilegales hacia aquellos a quienes estaban
destinados. Los poderosos de entre sus
lectores fomentaban o toleraban su
difusión. Abandonaban así a la policía
que defendía sus diversiones. Y el gran
Lucrecio subraya expresamente que mucho
espera de la belleza de sus versos para
la difusión del ateísmo epicúreo.
En efecto, un alto nivel
literario puede servir de protección a
un testimonio. Sin embargo, a menudo
también despierta sospechas. Entonces
puede ocurrir que se lo haga descender
adrede. Ello sucede, por ejemplo, cuando
se introducen de contrabando, en la forma
desdeñada de la novela policial,
descripciones de situaciones anómalas en
lugares que no llamen la atención. Esta
clase de descripciones justificarían por
entero una novela policial.
Partiendo de consideraciones
de mucha menor monta, el gran Shakespeare
hizo descender el nivel cuando creó en
forma intencionalmente carente de fuerza
el parlamento de la madre de Coriolano
con el que ésta enfrenta a su hijo que
se dirige contra su ciudad patria, pues
quería que lo que detuviera a Coriolano
en su plan no fuesen razones verdaderas o
una profunda emoción, sino una cierta
inercia, con la cual se entregaba a una
antigua costumbre. En Shakespeare
encontramos también una muestra de
difusión de la verdad mediante una
argucia en el discurso de Antonio junto
al cadáver de César. Antonio subraya
incesantemente que Bruto, el asesino de
César, es un hombre honorable, pero
también describe su acción, y la
descripción de esa acción es más
impresionante que la de su autor; de este
modo, el orador se deja vencer por los
propios hechos; les confiere mayor
elocuencia que "a sí mismo".
(...)
En un folleto, Jonathan
Swift propuso que, a fin de que el país
llegara al bienestar, se ahumaran los
brazos de los niños y se los vendiera
como carne. Formuló cálculos exactos,
que demostraban cuánto podía ahorrarse
de no arredrarse ante nada.
Swift se hacía el tonto.
Defendía una determinada manera de
pensar, que le era odiosa, con mucho
fuego y gran minuciosidad, en un problema
en el cual todo el mundo podía reconocer
claramente toda su infamia. Todo el mundo
podía ser más inteligente, o cuando
menos más humano que Swift, sobre todo
quien hasta el momento no había
examinado ciertos puntos de vista en
cuanto a las consecuencias que de ellos
resultaban.
La propaganda a favor del
pensamiento, cualquiera sea el terreno en
el que tenga lugar, resulta útil a la
causa de los oprimidos. Una
propaganda de esa índole es sumamente
necesaria. Bajo gobiernos que sirven a la
explotación, se considera como bajo al
pensamiento.
Se considera bajo lo que es
útil a quienes son mantenidos a bajo
nivel. Se considera baja la preocupación
constante por saciar el hambre; el
desdén por los honores que se prometen a
los defensores del país en el que pasan
hambre; la duda respecto al líder,
cuando éste nos lleva hacia la
desgracia; la aversión al trabajo que no
alimenta a quien lo realiza; la rebeldía
contra la obligación de tener un
comportamiento carente de sentido; la
indiferencia hacia la familia, a la cual
de nada sirve ya el propio interés. Se
denuesta a los que pasan hambre
llamándoselos glotones que nada tienen
que defender, cobardes que dudan de su
opresor, gentes que dudan de sus propias
fuerzas, que pretenden un salario a
cambio de su trabajo, haraganes, etc.
Bajo esta clase de gobiernos, el pensar
se considera en forma totalmente general
como algo bajo y cae en descrédito. No
se lo predica ya en ninguna parte, y se
lo persigue allí donde se presente. Sin
embargo, existen siempre terrenos en los
cuales se puede señalar impunemente los
resultados del pensamiento; se trata de
aquellos terrenos en los cuales las
dictaduras necesitan el pensamiento.
Así, por ejemplo, es posible demostrar
los resultados del pensamiento en el
terreno de la ciencia y la técnica
bélicas. También el racionamiento de
las reservas de lana a cargo de
organizaciones y el invento de
sucedáneos requiere el pensamiento. El
empeoramiento de los alimentos, la
instrucción de los adolescentes para la
guerra, todo ello requiere el
pensamiento; es posible describirlo. Se
puede eludir con argucias el elogio a la
guerra, del fin impensado de ese
pensamiento; de ese modo el pensamiento
que surge de la cuestión acerca del
mejor modo de llevar a cabo una guerra,
puede llevar al interrogante de si esa
guerra tiene sentido, y ser empleado en
la cuestión acerca de la mejor manera de
evitar una guerra sin sentido.
Desde luego, difícilmente
pueda plantearse esta cuestión en forma
abierta. Entonces, ¿no es posible
aprovechar el pensamiento que se ha
propagado, es decir no puede dársele una
forma en la que intervenga? Es posible.
Para que en una época como
la nuestra siga siendo posible la
opresión que sirve a la explotación de
una parte (mayor) de la población por
parte de la otra parte (menor), se
requiere una muy determinada posición
fundamental de la población, que debe
extenderse a todos los terrenos. Un
descubrimiento en el terreno de la
zoología, como el del inglés Darwin,
súbitamente pudo volvérsele peligroso a
la explotación; sin embargo, durante un
tiempo sólo la Iglesia se preocupó por
él, mientras que la policía nada
advertía aún. Las investigaciones
realizadas por los físicos durante los
últimos años llevaron a conclusiones en
el terreno de la lógica que, con todo,
pudieron tornarse peligrosas para una
serie de dogmas que sirven a la
represión. El filósofo estatal prusiano
Hegel, ocupado en complejas
investigaciones en el terreno de la
lógica, suministró a Marx y Lenín, los
clásicos de la revolución proletaria,
métodos de incalculable valor. El
desarrollo de las ciencias tiene lugar en
forma conexa pero despareja, y el Estado
no está en condiciones de vigilarlo
todo. Los adalides de la verdad pueden
escoger sitios de combate relativamente
no observados. Todo depende de que se
predique un pensamiento correcto, un
pensamiento que interrogue a todas las
cosas y procesos acerca de su aspecto
transitorio y modificable. Los
dominadores tienen una gran aversión a
las grandes modificaciones. Querrían que
todo quedase tal cual, de ser posible
durante mil años. Lo mejor sería que la
luna se detuviese y que el sol cesara en
su carrera. Entonces ya nadie tendría
hambre ni querría comer por la noche.
Una vez que han disparado querrían que
el adversario ya no pudiese disparar; su
propio disparo tendría que ser el
último. Un enfoque que destaque
especialmente lo transitorio es un buen
medio para alentar a los oprimidos.
También el hecho de que en cada cosa y
en cada situación se anuncie y crezca
una contradicción es cosa que debe
oponerse a los vencedores. Un enfoque tal
(como la dialéctica, la teoría del
flujo de las cosas) puede practicarse en
la investigación de objetos que se le
escapan a los dominadores durante un
tiempo. Se lo puede emplear en la
biología o en la química. Pero también
puede ser aplicado a la descripción de
las vicisitudes de una familia, sin
despertar demasiado la atención. La
dependencia de todas las cosas con
respecto a muchas otras que se modifican
constantemente, es un pensamiento
peligroso para las dictaduras y puede
manifestarse en variadas formas sin
ofrecer asidero a la policía. Una
descripción completa de todas las
circunstancias y procesos que afectan a
un hombre que abre una venta de tabacos
puede ser un rudo golpe a la dictadura.
Todo aquel que reflexione un poco
descubrirá por qué. Los gobiernos que
conducen a las masas humanas hacia la
miseria deben evitar que se piense en el
gobierno en medio de la miseria. Hablan
mucho acerca del destino. Este, y no
ellos, es el culpable de la escasez.
Quien investigue la causa de la escasez
es arrestado antes de toparse con el
gobierno. Pero es posible enfrentar en
general el palabrerío acerca del
destino; se puede mostrar que el hombre
depara su destino al hombre.
A su vez, esto puede ocurrir
de múltiples maneras. Por ejemplo, se
puede relatar la historia de una granja,
verbigracia una granja de Islandia. Toda
la aldea comenta que una maldición flota
sobre esa granja. Una campesina se ha
arrojado al pozo y un campesino se ha
ahorcado. Un día tiene lugar una boda;
el hijo del campesino se casa con una
muchacha que aporta algunos campos al
matrimonio. La maldición se aleja de la
granja. La aldea no se pone de acuerdo al
juzgar el feliz viraje. Algunos se lo
atribuyen a la radiante naturaleza del
joven campesino, y otros a los campos
aportados por la joven campesina, sólo
gracias a los cuales la granja puede
vivir. Pero incluso en un poema que
describe un paisaje se puede lograr algo,
cuando se le incorporan a la Naturaleza
las cosas creadas por el hombre.
Se necesitan las argucias a
fin de difundir la verdad.
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