JORGE
LUIS BORGES
No sé si lo que
escribo vale algo,
pero mi vida ha sido literaria
Entrevista publicada en la Revista
Acaecer, Nov. 1980, Año VI, Nº 54, y
realizada por Daniel Van Der Beken, Fotos
de Carlos Mendez
- ¿Qué recuerdos
tiene de su infancia?
- Guardo muchos recuerdos
del barrio de Palermo a orillas del río;
del Palermo de Carriego y de Nicolás
Paredes, el caudillo. También de
Montevideo (Uruguay) donde pasé largos
veranos, porque los veranos de antes
duraban tres meses. Además tengo
recuerdos de Adrogué y de una estancia
cerca de Ramallo, en la provincia de
Buenos Aires, donde aprendí a nadar en
un arroyo de esa localidad.
Recuerdos de la biblioteca de mi padre;
de haber andado y andado a caballo
- ¿Cómo
transcurrió su juventud?
- Admirablemente en Ginebra;
soy bachiller ginebrino. Estuvimos desde
1914 a 1920 y tengo allí muy buenos
amigos. Cuando después volví me
encontré con algunos de ellos que no
había visto desde hacía 60 años. Nos
encontramos y retomamos el diálogo.
Claro, ellos tenían noticias de mí como
escritor, pero yo no sabía de ellos y
como estoy ciego me pareció que eran
chicos como entonces y reían con las
caras que tenían cuando colegiales.
- ¿Cómo se inició
en el mundo de la literatura?
- No recuerdo la época en
que no supiera leer y no tuviera el
hábito de escribir. Si me hubieran dicho
que leer y escribir son condiciones
innatas, yo lo habría creído.
- ¿Su primer
trabajo?
- Creo que el primer trabajo
fue una versión de "El Príncipe
feliz", que se publicó en el diario
"El País", de Buenos Aires.
Tendría unos 7 u 8 años de edad. A
través del tiempo no sé si soy
inteligente, pero mi vida ha sido
literaria. Tampoco sé si lo que escribo
vale algo, pero no me imagino otro
destino, aunque soy de estirpe de
militares, de estancieros, pero no
imagino otro destino para mí, que el
literario y éste no me duele, es
hermoso. Porque aunque uno tenga menos
experiencia que otros hombres, lo
importante no son las experiencias sino
el uso que uno les da, sobre todo en el
caso de un escritor.
Recuerdo a un maestro, un gran poeta
judío-andaluz, olvidado, que escribió
en Madrid un poema al mar muy lindo. Lo
felicité por ello. Yo tenía 20 años, y
él me dijo: "si, el poema al mar,
espero verlo algún día". Escribió
el poema sin haber visto al mar
- ¿En qué se
inspiró para escribir sus obras?
- Todo lo que escribo es
autobiográfico, no cuento nada tal como
ocurrió. Una prueba de que soy un poeta,
aunque no estoy seguro de serlo, es que
tiendo a reducir todo en fábulas; en
metáforas, es decir nunca cuento nada
abiertamente y entiendo que ese es el
deber del escritor, porque si no, es
simplemente un periodista o historiador,
y el poeta tiene que ser otra cosa. Poeta
en griego significa hacedor. Uno tiene
que hacer algo.
En un cuento mío figura una niña que
murió en el barrio del Once. Figura con
otro nombre. Yo pensé, no, si pongo el
Once estoy traicionando mi vocación de
escritor. Busqué un barrio más o menos
equivalente porque no podía decir el
Once, donde ella vivió. Entonces hice
que viviera en Constitución, un barrio
parecido, con dos estaciones
ferroviarias
- ¿Qué significado
tiene para usted la República Argentina?
- Es una pregunta demasiado
abstracta. No puedo contestar, realmente.
Creo que en este momento pasamos por una
época mala, pero trataremos de
salvarnos.
- ¿Su opinión
sobre la literatura moderna?
- No la conozco. Perdí mi
vista de lector en el año 1955,
precisamente en el año en que me
nombraron director de la Biblioteca
Nacional
No conozco
contemporáneos. Vivo solo, vienen amigos
a verme y tomamos un libro cualquiera de
la biblioteca y prefiero releer a leer.
Una vez se dijo que no hay que leer un
libro que no haya cumplido 100 años,
porque no se sabe si es bueno o malo; en
cambio el tiempo elige, si un libro
cumplió esa edad algo habrá en él.
......................................
- A raíz del
nombramiento del polaco Milosz, como
Premio Nobel de Literatura, usted dijo
que la "esperanza es uno de los
mayores males que tiene el
hombre"
- Creo que sí, la esperanza
es ahora toda inquietud. Los estoicos
pensaban que no había que fomentar la
esperanza y aquí puedo recordar una
estrofa de Fray Luis de León: Vivir
quiero conmigo, gozar quiero del bien que
debo al cielo, a solas sin testigo, libre
de amor, de celo, de odio, de esperanza,
de recelo.
También hay un dicho español de un
sabio que dice "el que espera,
desespera".
- Otra vez la
frustración. Jorge Luis Borges sin
lograr el Nobel de Literatura. Se dijo
que han sido injustos en todos los años
anteriores con usted, ¿qué le parece?
- No, por favor. Bueno,
depende. Si pienso en ciertos candidatos
que luego obtuvieron el premio, no soy
inferior a ellos. Por ejemplo, si pienso
en Gabriela Mistral, en Tagore, es gente
mediocre. Pero si pienso en Juan Ramón
Giménez, Rusell, Gidge Shaw, entre
otros, entonces ciertamente no soy nadie
para compararme con ellos.
..............................................
- ¿Qué imagen
tiene de la ciudad de Buenos Aires?
- Es sin duda una imagen
totalmente falsa. Tengo un poema a medio
escribir, donde el primer verso dice:
"He nacido en otra ciudad, que
también se llamaba Buenos Aires",
como ha cambiado tanto
Nací en la calle Tucumán, entre
Suipacha y Esmeralda, dos cuadras de
Florida, pleno centro. Toda esa manzana
era de casas bajas, azoteas, patios,
aljibes, puerta de calle con llamador y,
no existía el agua corriente.
Mi madre contó que cuando instalaron las
canillas dijeron que abriera la de casa
para que saliera agua, pero mamá
señaló que yo la quería cerrar porque
tenía miedo que se agotara, cosa que
sucede en la actualidad.
- ¿Puede decirnos
qué encontró en la literatura?
- Todo. Desde luego es la
lectura más que la escritura. No sé por
qué no pude limitarme a ser lector, ya
que quise ser escritor también, ese es
un error. En todo caso no sé si soy
bueno, pero me considero un buen lector.
Es una gran felicidad poder estar dentro
de la literatura. Lo importante es
adquirir el hábito de los libros.
- ¿Lo que no le
gusta a Borges?
- Tantas cosas. Creo por
ejemplo que la división del mundo en
países es peligrosa, puede llevar a la
guerra y luego, evidentemente hay una
distribución muy despareja de los bienes
materiales y espirituales y eso se nota
en este país, pero más en Colombia, en
Perú, en Bolivia. El hecho de que haya
unos pocos ricos y una gran mayoría de
gente pobre. Eso es un mal.
- ¿Cómo es un día
de su vida, hoy?
- Mis amigos son generosos,
recibo visitas de ellos. Yo no puedo
salir solo a la calle. Si viene gente
aquí se expone a que le dicte algo, y de
esa forma me ayudan, porque no tengo
secretaria, no poseo dinero para ello.
Vivo de dos jubilaciones; una de profesor
de Literatura Inglesa en la Universidad
de Buenos Aires y la otra de director de
la Biblioteca Nacional; luego los libros,
que dan poco en este país. Si se vende
un ejemplar de un libro mío le toca el
treinta por ciento al librero, que se ha
limitado a comprar el libro en
consignación y si no se vende lo
devuelve. En cambio al editor que ha
corrido con todos los gastos de
impresión, propaganda y difusión, le
corresponde el veinte por ciento, y al
escritor, que no ha expuesto nada, ni un
peso, le toca el diez por ciento. Y de
eso, más o menos se rinde cuentas cada
seis o siete meses. De modo que nadie
puede ser rico con la literatura.
- ¿Un deseo?
- Me gustaría viajar muy
pronto. Yo no gozo de los viajes porque
no veo, pero hay algo, sentirse en un
lugar. Digo que he visto las pirámides,
no, no vi nada porque estoy ciego, pero
el hecho de tocar una piedra y de sentir
que esa piedra es de una pirámide me
conmovió tanto que lloré. Eso ocurrió
en Egipto.
- ¿Qué está
elaborando en la actualidad?
- Estoy preparando
demasiadas obras. En primer término una
antología de mi poesía lírica para una
editorial madrileña; luego una
antología de la obra poética de
Lugones, también para esa editorial; un
libro de cuentos y otro de poesías.
Además, uno en colaboración con Kodama
sobre un tema de literatura escandinava,
medieval.
No tengo una hora fija de trabajo. Lo
hago cuando viene algún amigo a verme y
le dicto; puede ser a la mañana, como a
la tarde
no hay horarios, ya que no
depende de mí.
Esa fue la conversación.
Habían pasado noventa minutos. Y nos
contó muchas cosas. Quedó solo con su
gato blanco sobre el sillón. El no
podía gozar del día hermoso que hacía
afuera. Cielo celeste. Sol radiante. En
el departamento quedó el hombre
prácticamente sin compañías. Con más
de 80 años y una historia que nunca se
acabará de contar.
Se llama Jorge Luis Borges, el discutido,
el querido; pero por sobre todas las
cosas, un ser humano de esta tierra que
con lo suyo enriqueció aún más la
literatura universal.
Volver
a Comunicación
2000-2006 Revista
Contratiempo | Buenos Aires | Argentina
Directora Zenda Liendivit
/
|