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/ ¿Existe la libertad? / Dossier / Informe sobre Cárceles (3º Entrega) / Año V N° 7 / Invierno-Primavera 2005
     


Foto: (A.G.N.)

El presente artículo, publicado en 1978, se encuentra en forma completa en la Biblioteca del Servicio Penitenciario Federal de Buenos Aires.

 

  ARTÍCULO SELECCIONADO
La cárcel como factor de configuración social
(Observaciones de algunos jesuitas)

Antonio Beristain, S.J.
Director del Departamento de Derecho Penal. Facultad de Derecho San Sebastián (1978)

La cárcel, factor reaccionario

Tienen buena parte de razón los sociólogos críticos contemporáneos –(marxistas algunos de ellos)- como K. Weis y otros que, con "palabras de Baratta", ven la cárcel como la cumbre del "iceberg" del sistema penal tradicional (burgués), como el momento culminante de una selección que comienza antes de la intervención del sistema penal, con la discriminación social escolar, con la intervención de los medios de control social, con los Tribunales llamados Tutelares de Menores, con los Patronatos llamados de Protección de la Mujer, etc. Así, la parte dominante de la sociedad consolida muchas carreras criminales de sus marginados. El actual sistema carcelario de los países occidentales que nació con la sociedad capitalista y la acompaña a lo largo de la historia, en vez de ser la respuesta de una sociedad honesta a una minoría criminal (representación aceptada por las mayorías silenciosas de muchos países y fácilmente instrumentalizable en las campañas de "ley y orden"), este sistema carcelario es básicamente un instrumento esencial para la creación de la población criminal reclutada casi exclusivamente en las filas del proletariado y separada de la sociedad y, con consecuencias no menos graves, de su clase. Lógicamente, contribuye en gran manera a la producción e incrementación de individuos y clases más desiguales en nuestra sociedad ya desigual. De la prisión se puede decir lo que afirma M. Jiménez Huerta del Derecho penal tradicional: "Es un instrumento de feroz represión que castiga ciegamente para afirmar el poder y al insumiso dominar." (Derecho Penal Mexicano, tomo I, 2º Ed., México, 1976, pág. 15)

La cárcel, factor de cambio social

La construcción social de la realidad, como la explican Berger y Luckmann, puede y debe recibir fuertes impulsos de las instituciones penitenciarias. A su vez, éstas acogen continuamente los influjos positivos y/o negativos de la realidad social como totalidad. La ciencia y la praxis penitenciaria se han de ubicar eminentemente junto y dentro de las ciencias y la praxis sociológicas. Las cárceles deben formar y reformar hombres; pero, más y ante todo, deben formar y reformar estructuras sociales en proceso histórico continuo.

Importantes doctrinas sociológicas –la anómica, la subculturalista, la de etiquetación, la funcionalista, la radical, etc.- hacen coincidir a eminentes especialistas (Cohen, Gôppinger, Kaisser, López-Rey, Merton, Sutherland, Taylor, Young…) en un punto: la reconstrucción de la sociedad injustamente estructurada exige a los penalistas y criminólogos atenciones más intensas que la reeducación de los condenados. Esta, sin aquélla, resulta imposible y contraproducente. La sanción penal generalmente, en los países capitalistas y en los llamados marxistas, perjudica más que el delito.

Conviene hacer gravitar una perspectiva de construcción social sobre la orientación teórica e individualista de las ciencias penitenciarias que llegue a comprender y desarrollar, racional y afectivamente, lo que Marcel Mauss denominó "el hecho social total" que armonice el sociologismo y psicologismo penitenciarios hasta ahora separadamente imperantes. Urge crear, en quienes se relacionan directamente con los presos y en quienes no, unos universos simbólicos legitimadores nuevos –de reestructuración social comunitaria superando y haciendo desaparecer muchas líneas fronterizas entre condenados y no condenados, salvo en casos muy excepcionales que no afectan al problema general.

Las prisiones del futuro

Las pocas cárceles del mañana deben configurarse con una mentalidad radicalmente distinta a la tradicional. No tendrán por función castigar, ni principalmente asegurar la conservación del orden establecido. Su misión más importante será respetar a los internos, atenderlos, reeducarles (si ellos quieren) y resocializar la sociedad. Estas instituciones deben ubicarse en edificios decentes, con posibilidades laborales, creativas y recreativas. El homo ludens, festivo, exige su sitio también dentro de las rejas.

Consideración especial merece el trabajo de las instituciones privativas de libertad, pues él tiene importancia de primera categoría para el tratamiento, y puede llegar a constituirse en sustitutivo general (no único) de la prisión.

En la cárcel, como fuera de ella, el trabajo puede y debe llevarse a cabo con una dimensión –no principalmente lucrativa sino- de expresión y desarrollo de la persona, faceta que supera por una parte la concepción medieval del "ora et labora", y por otra la concepción meramente de plus valía consumista de algunos neo-marxistas. Una visión actualizada y noble del trabajo manual y no manual ayudará a solucionar la crisis penitenciaria, la crisis de millones de parados en los países capitalistas, y la crisis de la divinizada unidimensional "reinserción laboral" en las llamadas repúblicas socialistas.

La historia, con sus variaciones y sus actualizaciones, incide en el mundo carcelario. Lo que ayer era suficiente, por ejemplo, respecto a formación teórica y a praxis respetuosa-liberadora, hoy no basta.

Urge lograr la unidad de la jurisdicción y administración penitenciara excluyendo, sin excepción alguna, todas las especiales, sobre todo la canónica, la militar, y la empresarial. En la necesidad de profesionalización judicial-penitenciaria, con colaboraciones de otros elementos, radica uno de los motivos de esta unidad de administración. Otros motivos brotan de los derechos humanos de igualdad y publicidad de la función judicial y penitenciaria.

La repersonalización de la sociedad

La sociedad de mañana debe configurarse más a medida de la persona. Muchos delincuentes son, en cierto sentido, víctimas de una sociedad cosificada, deshumanizada. Esta, causante en gran parte de la descompensación de aquéllos –descompensación que aboca al crimen- debe compensarles, devolverles la armonía y la libertad que les quitó, o que ellos perdieron en el delito y en ciertas sanciones. A las instituciones penitenciarias corresponde actuar como factores respersonalizadores del delincuente y simultáneamente como factores del cambio social. La teoría y la praxis carcelaria han de contribuir a remodelar de nueva planta el sistema jurídico y de justicia penal, tomando más en serio el respeto al diferente y el desarrollo de los derechos humanos, también los generalmente olvidados o considerados imposibles: derecho al trabajo, al hogar, al descanso familiar, a la participación política directa, etc.

La regionalización, la autonomía y la descentralización tienen mucho que decir y hacer en los establecimientos y regímenes penitenciarios para lograr una mayor aproximación al hombre.

Con frecuencia, el condenado entra en la cárcel por haber realizado una acción positiva, el intento más o menos consciente de solucionar un problema que otros que andan por las calles han creado: el problema social. Muchos santos han pasado períodos más o menos largos de tiempo privados de libertad por condena judicial.

"El próximo paso que debemos dar nosotros, los cristianos, es proclamar públicamente que lo intrínsecamente perverso no es el socialismo, sino el capitalismo; y que el socialismo sólo es condenable en sus perversiones. Y para vosotros, Roger (socialistas), el próximo paso a dar es mostrar que la revolución no tiene un sentido esencial, sino sólo un vínculo histórico, con el materialismo filosófico y el ateísmo, mientras que por el contrario ella, la revolución, es consustancial al cristianismo" (Carta de Helder Cámara a Roger Garaudy).

La prisión –como el cuartel, la escuela, el manicomio y amplios sectores de la iglesia- ha sido factor reaccionario, aunque puede y debe ser factor de cambio y mejora social.

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