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TOULOUSE LAUTREC

Walter Benjamin
Baudelaire o las calles de París

Del libro ILUMINACIONES II, Walter Benjamin (Taurus, Madrid 1972)

Tout pour moi devient Allégorie
BAUDELAIRE: Le Cygne

El ingenio de Baudelaire, que se alimenta de la melancolía, es alegórico. En Baudelaire París se hace por vez primera tema de poesía lírica. Esa poesía no es un arte local, más bien es la mirada del alegórico que se posa sobre la ciudad, la mirada del alienado. Es la mirada del "fláneur", cuya forma de vivir baña todavía con un destello conciliador la inminente y desconsolada del hombre de la gran ciudad. El "fláneur" está en el umbral tanto de la gran ciudad como de la clase burguesa. Ninguna de las dos le ha dominado. En ninguna de las dos se encuentra como en su casa. Busca asilo en la multitud. En Engels y en Poe encontramos contribuciones tempranas a la fisonomía de la multitud. Esta es el velo a través del cual la ciudad habitual le hace al "fláneur" guiños de fantasmagoría. Tan pronto es paisaje como estancia. Uno y otra edifican el bazar que hace que el callejeo sea útil para la venta de las mercancías. El bazar es el último golpe del "fláneur".

En el "fláneur" la inteligencia se dirige al mercado. Ésta piensa que para echar un vistazo, pero en realidad va a encontrar un comprador. En este estadio intermedio, en el que todavía tiene mecenas, pero empezando ya a familiarizarse con el mercado, aparece como bohemia. A lo indeciso de su posición económica corresponde la indecisión de su función política. Ésta se hace palpable en los conspiradores profesionales que pertenecen por entero a la bohemia. Su campo inicial de trabajo es el ejército, más tarde lo será la pequeña burguesía y en ocasiones el proletariado. En los jefes de este último ve este grupo a sus enemigos. El Manifiesto Comunista acaba con su existencia política. La poesía de Baudelaire saca su fuerza del pathos rebelde de ese grupo. Se pone del lado del asocial. Su única comunidad sexual la realiza con una puta.

Facilis descensus Averni
VIRGILIO: Eneida

Es singular en la poesía de Baudelaire que las imágenes de la mujer y de la muerte se compenetren en una tercera, la de París. El París de sus poemas es una ciudad sumergida y más submarina que subterránea. Los elementos ctónicos de la ciudad –su formación topográfica, el viejo y abandonado lecho del Sena- han dejado en él huella. Si embargo en Baudelaire, en sus "idilios funerarios" con la ciudad es decisivo un substrato social: el moderno. Lo moderno es un acento capital de su poesía. Con el "spleen" hace pedazos el ideal (Spleen et idéal). Pero lo moderno cita siempre la protohistoria. Lo cual sucede por medio de la ambigüedad propia de las circunstancias y los productos de esa época. La ambigüedad es la manifestación alegórica de la dialéctica, la ley de la dialéctica parada. Esta detención es utopía y la imagen dialéctica es, por tanto, una quimera. Es una imagen que expone la mercancía por antonomasia: en cuanto fetiche. Imagen que exponen los pasajes que son casas a la vez que astros. Imagen que expone la prostituta que es a la vez vendedora y mercancía.

Je voyage pour connaitre ma géographie
Anotaciones de un loco (París, 1907)

El último poema de Les Fleurs du mal: Le Voyage. "O mort, vieux capitaine, il est temps, levons l’ancre." El último viaje del "fláneur": la muerte. Su meta: lo nuevo. "Au fond de l’inconnu pour trouver du nouveau." Lo nuevo es una cualidad independiente del valor de uso de la mercancía. Es el origen de ese halo intransferible de las imágenes que produce el inconsciente colectivo. Es la quintaesencia de la consciencia falsa cuyo incansable agente es la moda. Este halo de lo nuevo se refleja, tal un espejo en otro, en el halo de lo siempre-otra-vez-igual. El producto de esta reflexión es la fantasmagoría de la "historia de la cultura" en la que la burguesía paladea su falsa consciencia. El arte, que empieza a dudar de su cometido y deja de ser "inséparable de l’utilité" (Baudelaire), tiene que hacer de lo nuevo su máximo valor. Su arbiter rerum novarum es el snob. El snob es al arte lo que el dandy a la moda.

En el siglo diecisiete el canon de las imágenes dialécticas es la alegoría; en el siglo diecinueve lo es la "nouveauté". Los periódicos están de lado de los "magasins de nouveauté". La prensa organiza el mercado los valores espirituales, que es donde surge la especulación alcista. Los inconformistas se rebelan contra un arte entregado al mercado. Se agrupan en torno al estandarte del arte por el arte. De esta consigna resulta la concepción de una obra artística total que intenta impermeabilizar el arte frente al desarrollo de la técnica. La consagración con la que lo celebra es el contrapeso de la dispersión que transfigura a la mercancía. Ambas hacen abstracción de la existencia social del hombre. Baudelaire sucumbe a la seducción de Wagner.

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