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Ken y Robert (1984)
ROBERT MAPPLETHORPE
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Literatura
(SARTRE Y)
GENET
GEORGES BATAILLEDel libro LA
LITERATURA Y EL MAL, Georges Bataille
(Taurus Ediciones, Madrid / 1971)
Consumo improductivo
y sociedad feudal
Sartre no desconoce el punto débil de
Genet, que es precisamente no tener el
poder de comunicar. Representa a Genet
condenado a querer ser un ser, un
objeto aprehensible por sí mismo,
análogo a las cosas y no a la conciencia
que es sujeto y que por lo tanto no
puede contemplarse a sí misma como cosa
sin arruinarse. (Desde el principio al
final de su estudio no deja de insistir
en esto). Para él, Genet se vincula con
esa sociedad feudal cuyos valores
anticuados constantemente se le imponen.
Pero esta última debilidad, en vez de
llevar a Sartre a dudar de la
autenticidad del escritor, le proporciona
un nuevo medio para defenderle. No dice
textualmente que solamente la sociedad
feudal, la sociedad del pasado basada en
la propiedad del suelo y en la
guerra- es culpable, Genet le parece
justificado ante esa sociedad arcaica,
que hubiera necesitado de él, de sus
fechorías y de su infelicidad para
responder a su propensión a derrochar
(para realizar ese fin que es la
destrucción de los bienes, el consumo).
El único error de Genet está en ser
moralmente la criatura de esa sociedad,
que no está muerta sino condenada (que
se halla sólo en vías de
desaparición). En todo caso es el error
de la sociedad decadente frente a la
sociedad nueva, que intenta vencerla
políticamente. Sartre desarrolla la
oposición entre la sociedad condenable,
que es la "sociedad de
consumo", y la sociedad defendible,
que él propugna y que es la
"sociedad de productividad",
que responde al esfuerzo de la U.R.S.S.
Es tanto como decir que el Mal y el Bien
se vinculan con lo nocivo y lo útil,
respectivamente. Claro está que muchos
consumos son más útiles que nocivos,
pero no son consumos puros, sino consumos
productivos, que son precisamente lo
contrario de ese espíritu feudal de
consumir por el placer de consumir que
Sartre condena. Sartre cita a Marc Bloch
que habla de una "singular
competición de derroche de la que fue
teatro una gran corte del
Limousin. Un caballero hace sembrar con
monedillas de plata un terreno
previamente labrado; otro quema cirios
para alumbrar su cocina; un tercero,
por pura jactancia, ordena
que sean quemados vivos todos sus
caballos". La reacción de Sartre
ante estos hechos no puede sorprender; es
la indignación habitual que provoca, por
lo general, todo consumo que no se
justifica. Sartre no comprende que
precisamente el consumo inútil se opone
a la producción como lo soberano se
opone a los subordinado, como la libertad
a la esclavitud. Sartre condenará sin
dudarlo todo aquello que depende de la
soberanía, cuyo carácter
"fundamentalmente" condenable
yo mismo he admitido. ¿Pero la libertad?
La libertad
y el Mal
Revelar en la libertad el Mal, se opone a
una forma de pensar convencional,
conformista y tan generalizada, que su
impugnación no se concibe. Sartre en
primer lugar negará que la libertad
tenga que ser necesariamente el Mal. Pero
valora la "sociedad productiva"
sin haber reconocido su naturaleza
relativa: sin embargo, ese valor es
relativo al consumo incluso al consumo
improductivo, es decir, a la
destrucción. Si buscamos la coherencia
de estas representaciones, enseguida
aparece que la libertad, incluso después
de destacadas sus posibles relaciones con
el Bien, se halla como Blake le dice a
Milton, "del lado del demonio sin
saberlo". El lado del Bien es el de
la sumisión, el de la obediencia. La
libertad es siempre una apertura a la
rebelión y el Bien se vincula con el
carácter cerrado de la regla. El propio
Sartre llega a hablar del Mal en
términos de libertad
"nada de
lo que es, dice cuando a
propósito de Genet habla de la experiencia
del Mal, puede definirme o limitarme,
sin embargo, yo existo, yo seré el soplo
helado que aniquilará toda vida. Por
tanto estoy por encima de la
esencia; yo hago lo que quiero, me hago
lo que yo quiero
". En primer
caso, nadie puede ir como Sartre al
parecer pretende hacer- de la libertad a
la concepción tradicional del Bien de
acuerdo a lo útil.
Una única vía lleva desde
el rechazo de la servidumbre a la libre
limitación del talante soberano: esta
vía, que Sartre ignora, es la vía de la
comunicación. Sólo cuando la
libertad, la transgresión de las
prohibiciones y el consumo soberano se
consideran en la forma en que se dan de
hecho, sólo entonces se revelan las
bases de una moral a la medida de
aquellos que no son doblegados
enteramente por la necesidad y que no
quieren renunciar a la plenitud
vislumbrada.
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