Revista de pensamiento y cultura
/ ¿Existe la libertad? / Año IV N° 7 / Primavera - Verano 2004/05

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Ken y Robert (1984)
ROBERT MAPPLETHORPE

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Literatura
(SARTRE Y) GENET
GEORGES BATAILLE

Del libro LA LITERATURA Y EL MAL, Georges Bataille (Taurus Ediciones, Madrid / 1971)

Consumo improductivo y sociedad feudal
Sartre no desconoce el punto débil de Genet, que es precisamente no tener el poder de comunicar. Representa a Genet condenado a querer ser un ser, un objeto aprehensible por sí mismo, análogo a las cosas y no a la conciencia –que es sujeto y que por lo tanto no puede contemplarse a sí misma como cosa sin arruinarse. (Desde el principio al final de su estudio no deja de insistir en esto). Para él, Genet se vincula con esa sociedad feudal cuyos valores anticuados constantemente se le imponen. Pero esta última debilidad, en vez de llevar a Sartre a dudar de la autenticidad del escritor, le proporciona un nuevo medio para defenderle. No dice textualmente que solamente la sociedad feudal, la sociedad del pasado basada en la propiedad del suelo –y en la guerra- es culpable, Genet le parece justificado ante esa sociedad arcaica, que hubiera necesitado de él, de sus fechorías y de su infelicidad para responder a su propensión a derrochar (para realizar ese fin que es la destrucción de los bienes, el consumo). El único error de Genet está en ser moralmente la criatura de esa sociedad, que no está muerta sino condenada (que se halla sólo en vías de desaparición). En todo caso es el error de la sociedad decadente frente a la sociedad nueva, que intenta vencerla políticamente. Sartre desarrolla la oposición entre la sociedad condenable, que es la "sociedad de consumo", y la sociedad defendible, que él propugna y que es la "sociedad de productividad", que responde al esfuerzo de la U.R.S.S. Es tanto como decir que el Mal y el Bien se vinculan con lo nocivo y lo útil, respectivamente. Claro está que muchos consumos son más útiles que nocivos, pero no son consumos puros, sino consumos productivos, que son precisamente lo contrario de ese espíritu feudal de consumir por el placer de consumir que Sartre condena. Sartre cita a Marc Bloch que habla de una "singular competición de derroche de la que fue teatro una gran ‘corte’ del Limousin. Un caballero hace sembrar con monedillas de plata un terreno previamente labrado; otro quema cirios para alumbrar su cocina; un tercero, ‘por pura jactancia’, ordena que sean quemados vivos todos sus caballos". La reacción de Sartre ante estos hechos no puede sorprender; es la indignación habitual que provoca, por lo general, todo consumo que no se justifica. Sartre no comprende que precisamente el consumo inútil se opone a la producción como lo soberano se opone a los subordinado, como la libertad a la esclavitud. Sartre condenará sin dudarlo todo aquello que depende de la soberanía, cuyo carácter "fundamentalmente" condenable yo mismo he admitido. ¿Pero la libertad?

La libertad y el Mal
Revelar en la libertad el Mal, se opone a una forma de pensar convencional, conformista y tan generalizada, que su impugnación no se concibe. Sartre en primer lugar negará que la libertad tenga que ser necesariamente el Mal. Pero valora la "sociedad productiva" sin haber reconocido su naturaleza relativa: sin embargo, ese valor es relativo al consumo incluso al consumo improductivo, es decir, a la destrucción. Si buscamos la coherencia de estas representaciones, enseguida aparece que la libertad, incluso después de destacadas sus posibles relaciones con el Bien, se halla como Blake le dice a Milton, "del lado del demonio sin saberlo". El lado del Bien es el de la sumisión, el de la obediencia. La libertad es siempre una apertura a la rebelión y el Bien se vincula con el carácter cerrado de la regla. El propio Sartre llega a hablar del Mal en términos de libertad…"nada de lo que es, dice cuando a propósito de Genet habla de la experiencia del Mal, puede definirme o limitarme, sin embargo, yo existo, yo seré el soplo helado que aniquilará toda vida. Por tanto estoy por encima de la esencia; yo hago lo que quiero, me hago lo que yo quiero…". En primer caso, nadie puede ir –como Sartre al parecer pretende hacer- de la libertad a la concepción tradicional del Bien de acuerdo a lo útil.

Una única vía lleva desde el rechazo de la servidumbre a la libre limitación del talante soberano: esta vía, que Sartre ignora, es la vía de la comunicación. Sólo cuando la libertad, la transgresión de las prohibiciones y el consumo soberano se consideran en la forma en que se dan de hecho, sólo entonces se revelan las bases de una moral a la medida de aquellos que no son doblegados enteramente por la necesidad y que no quieren renunciar a la plenitud vislumbrada.


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