/Los discursos del deseo / Revista Contratiempo | Año 1 Nº III Primavera - Verano 2001/02

Muéstrame
a quién
desear

ROLAND BARTHES

INDUCCIÓN:
El ser amado es deseado porque otro u otros han mostrado al sujeto que es deseable: por especial que sea, el deseo amoroso se descubre por inducción.

1. Poco antes de caer enamorado, Werther se encuentra con un joven sirviente que le cuenta su pasión por una viuda: "La imagen de esa fidelidad, de esa ternura, me persigue por todas partes, y, como abrasado yo mismo por ese fuego, languidezco, me consumo." Después de lo cual no queda ya a Werther sino caer enamorado, a su vez, de Carlota. Y Carlota misma le será señalada antes de que la vea; en el coche que los lleva al baile, una amiga servicial le dice cuán bella es Carlota. El cuerpo que va a ser amado es, de antemano, cercado, tanteado por el objetivo, sometido a una especie de efecto zum, que lo aproxima, lo amplifica e induce al sujeto a pegarle la nariz: ¿no es el objeto brillante que una mano hábil hace relucir ante mí que va a hipnotizarme, a capturarme? Este "contagio afectivo", esta inducción, parte de los otros, del lenguaje, de los libros, de los amigos: ningún amor es original. (La cultura de masas es máquina de mostrar el deseo: he aquí lo que debe interesarte, dice, como si adivinara que los hombres son incapaces de encontrar por sí solos qué desear).
La dificultad de la aventura amorosa está en esto: "¡Que me muestre a quién desear, pero que enseguida se haga a un lado!": espisodios innumerables en que caigo enamorado de quien es amado por mi mejor amigo: todo rival ha sido al comienzo maestro, guía, presentador, mediador.

2. Para mostrarte dónde está tu deseo basta prohibírtelo un poco (si es verdad que no hay deseo sin prohibición). X... desea que esté allí, a su lado, pero dejándolo un poco libre: ligero, ausentándome a veces, pero quedándome no lejos: es preciso, por un lado, que esté presente como prohibido (sin lo cual no habría deseo válido), pero también que me aleje en el momento que, estando en formación ese deseo, amenazaría con obstruirlo: es necesario que yo sea la Madre suficientemente buena (protectora y liberal), en torno de la cual juega el niño, mientras ella cose apaciblemente. Tal sería la estructura de la pareja "realizada": un poco de prohibición, mucho de juego; señalar el deseo y después dejarlo, a la manera de esos indígenas complacientes que nos muestran bien el camino sin por ello empeñarse en acompañarnos.

 

De "FRAGMENTOS DE UN DISCURSO AMOROSO" , Roland Barthes (Siglo XXI Editores, 1993)

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