/contratiempo | El pensamiento en la Argentina / Año II N° 5 / Invierno-Primavera 2002
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Ciudad-Campo y Civilización-Barbarie:
La génesis en la época de la colonia de dos dicotomías esencialmente argentinas

NORBERTO LEVINTON

 
La oposición entre la ciudad y el campo y sus correlatos la civilización y la barbarie han marcado profundamente la historia argentina. El objeto de este artículo es señalar cómo el basamento ideológico de estas antinomias, que tanto mal le hicieron a nuestro país, tuvo su origen en la época colonial.

Decía Aristóteles que … "la ciudad es una de las cosas naturales y que el hombre es, por naturaleza, un animal cívico. Y el enemigo de la sociedad ciudadana es, por naturaleza, y no por casualidad, o bien un ser inferior o más que un hombre…". Esta concepción fue uno de los principios básicos del accionar de los misioneros. Todo grupo indígena que no aceptara reducirse a pueblo pasaba a integrar la clasificación de los …"bárbaros e inhumanos…".

El espíritu errante de los nómades contradecía la indisoluble asociación de la familia y la propiedad que provenía de la antigüedad clásica…¿Qué hay más sagrado, decía Cicerón, que la morada de un hombre? Y los nómades no tenían casas sino … "unas bárbaras tiendas de pocas esteras o de cueros de caballos, unas pequeñas como una alcoba, otras algo mayores…". Vivére (latin), quiere decir morada, habitación, domicilio y especialmente género de vida o modo de vivir. En cambio, las tiendas de los nómades eran verdaderas …"aduares de alarbes montaraces…" (aduares: conjuntos de tiendas que los moros o gitanos levantaban en el campo para su habitación) (alarbe: árabe, hombre inculto o brutal).

Para colmo, todos los indios fugados de las reducciones, los gauchos que habían tenido problemas con la ley, los soldados desertores –tanto los portugueses como los españoles- se acercaban a convivir con los charrúas y guenoas, siendo siempre bien recibidos y aceptados. Muchos de ellos se quedarían conviviendo con las mujeres indias. Para el espíritu de la época las tolderías representaban realmente un lugar maligno donde se concentraban todos los pecados conocidos. Pero los guenoas y nómades charrúas continuarían resistiéndose a todas las formas de convencimiento que tenían los españoles. Un sacerdote le habría dicho a un guenoa que mirase bien, que si no se hacía cristiano iría al infierno y este contestaría: "…- y bien, si es así, me calentaré en la otra vida…". Las reducciones tendrían escasa duración a pesar de que estos grupos indígenas tenían conciencia que si no se asimilaban el proyecto europeo era pasarlos a degüello.

Ahora, si un observador atento se detiene a investigar se dará cuenta que este aparente aquelarre no era tal. No eran adúlteros, obedecían a sus mayores, cuidaban a sus hijos e inclusive respetaban los tratos que tenían con los europeos. Es que, más que todo, amaban la libertad de la que gozaban en sus correrías por los campos. Un cronista de la época, Gonzalo de Doblas, diría que … "el buen natural de estos indios parece franquearía la entrada a su reducción y conversión; pero en nada menos piensan que en reducirse, y aunque no le es repugnante nuestra religión, es la sujeción que ven en los indios de estos pueblos reducidos a pueblos y precisados a trabajar lo que a ellos no sucede. Nadie determina sus operaciones, cada uno es dueño de las suyas…". Más poéticamente un misionero que había trabajado con ellos varios años reflexionaba en su exilio europeo: … "acaso les parezca intolerable estar encerrados entre los límites de una sola ciudad, depender de una voluntad ajena y estar constreñidos en sus casas como el caracol…", para luego deslizar, … "se dejaban llevar por rápidos caballos, libres de la voluntad de nadie…".

Los nómades tenían el defecto de dedicarse al robo. Habían sido cazadores, recolectores y pescadores pero gran parte de su hábitat había sido destruido por los europeos. La desaparición de los bosques debido a la extracción de la madera, los cultivos y la presencia de grandes formaciones de ganado vacuno habían cambiado las condiciones del ecosistema. Por medio del trueque con los indios misioneros conseguirían yerba y tabaco; a los portugueses les entregarían caballos a cambio de armas de hierro pero, fundamentalmente, lo que alteraría su carácter sería el hecho de recibir bebidas alcohólicas por parte de los santafesinos y correntinos, a cambio del producto de sus atracos.

Un Cabildo Eclesiástico celebrado en Buenos Aires en 1747 declararía que …con ocasión de la paz en que se halla la ciudad de Santa Fe de la Vera Cruz de esta diócesis, de algunos tiempos a esta parte, con los indios de nación Abipones y Mocovíes y otras que pueblan el Chaco, se ha reconocido que algunas personas sin temor de Dios Nuestro Señor y con abandono de sus conciencias, les están comprando a menor precio la plata sellada, tallada, labrada y otros despojos que hurtan, roban y quitan a los cristianos de las demás ciudades de estas provincias…

Los portugueses también los usarían pero para luchar contra los indios misioneros. El sistema misional disputaba con los lusos la posesión de la riquísima reserva ganadera de la Vaquería del Mar y los nómades se prestarían a destruir el circuito de producción. Sería atacada San José, la principal estancia de Yapeyú, considerada la puerta de las vaquerías y desde dónde se abastecían todos los otros pueblos.

Cuando los indios misioneros intentarían una represalia, los nómades serían protegidos por los santafesinos, sumamente interesados en apropiarse de las tierras realengas de la actual provincia de Entre Ríos y de conservar la mano de obra barata que le aportaban los charrúas.

Pero una vez que los nómades entendieran a la fuerza que no les convenía atacar a los pueblos misioneros e intentaran dirigir sus ataques a sus anteriores amigos, la orden que tendrían los soldados encargados de reprimirlos sería la de degollar a los charrúas mayores de 18 años. La campaña oficial, allá por 1749, terminaría con la fundación de Concepción de Cayastá; en esa reducción serían explotados por los hacendados de la región. Luego habría nuevos episodios de este proceso de exterminio de los nómades. La batalla de Salsipuedes en 1831 sería el corolario para los charrúas.

Evidentemente se había fallado en su integración a la sociedad colonial. Esta estructura, indisolublemente asociada al concepto de ciudad, aparentemente había dejado en manos de los misioneros la captación de estos indios. Pero ¿habrá sido realmente así? Si analizamos la relación de los misioneros con los nómades surge la evidencia de que las diversas tentativas misioneras fracasarían por el propio interés de los habitantes de las ciudades. Tanto los españoles, correntinos, santafesinos y porteños, como los propios portugueses sabotearían los intentos de reducirlos. Por un lado, los tentarían con los objetos que los misioneros no podían darles y, por el otro, les pagarían para realizar las tareas innobles que ellos no podían realizar.

Si los nómades hubiesen aceptado la reducción pacífica, las ciudades se hubiesen quedado sin la mano de obra barata que ellos le aportaban. El sistema misional ya les había quitado a los paraguayos los grupos guaraníes. Esto había originado los levantamientos encabezados por el Obispo Cárdenas en el siglo XVII y por Antequera con los comuneros en el siglo XVIII.

Habrían sido los propios europeos los que pretendieron mantener a los nómades en su supuesta barbarie. Diría el Padre Provincial Aguilar SJ, en 1735, que … "muchos españoles y otros cristianos quieren más que estas naciones infieles, con quienes así francamente comunican, persistan infieles, que no se reduzcan para no perder el torpe y franco cebo de sus apetitos y sus leves granjerías…".

Los comerciantes españoles, para poder competir contra los indios misioneros que no pagaban a la Corona los mismos impuestos, necesitarían de esa mano de obra barata. Lo que queremos significar es que la propia escisión de la ciudad y el campo, de la civilización y la barbarie, no habría sido causada por la reticencia de los indios nómades a ser evangelizados. La causa principal habría sido la política económica de la Corona española. Si bien durante los siglos XV, XVI y XVII dio prioridad a la evangelización de los indios por su carácter de representante de la iglesia en América, al mismo tiempo impuso un rígido monopolio comercial y un sistema impositivo que no habría permitido el desarrollo de sus ciudades. Esta política sería cambiada de cuajo por los Borbones del llamado despotismo ilustrado. La nueva orientación consistiría en incentivar el comercio, dejando totalmente de lado lo que del sistema anterior podía proteger al indígena. El resultado de esta nueva ideología sería la destrucción total de los pueblos misionales de la Compañía de Jesús en pocos años. Los guaraníes deberían integrarse como mano de obra barata al sistema colonial y se organizaría una persecución encarnizada de los nómades para liberar a las apetecidas tierras realengas de su presencia. La primera experiencia de esta política absolutista sería la concreción del Tratado de Permuta de 1750, el cual demostraría concluyentemente que al despotismo ilustrado no le interesaban los indios.

Los siete pueblos misionales de la Banda Oriental serían obligados a mudarse en un tiempo perentorio, debiendo abandonar sus casas, sus campos y su ganado.En ese momento los nómades charrúas y guenoas se unirían a los indios misioneros contra los ejércitos de España y Portugal para defender las tierras misioneras. Los indios nómades…. "convidados por los españoles a pelear contra los guaraníes, les respondieron que no; que los guaraníes eran indios como ellos…".

A partir de esa fecha sólo la epopeya de Artigas intentaría cobijar en un proyecto común a la civilización y la barbarie. Justamente, sus ideas serían combatidas por los continuadores de la cultura europea, residentes en Buenos Aires, quienes serían capaces de aliarse con los portugueses, hipotéticamente los enemigos de la independencia argentina, para combatir al proyecto federal de las provincias del litoral donde eran mayoría los guaraníes y los charrúas.

 

ILUSTRACIONES:
1) Ciudad de Dios de San Agustín (dibujo del siglo XVII)


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