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Lo que nos dejó el crudo invierno

Banquetes de fin de época

 

Foto: Nahuel Track (Agencia Sinestesia)

 

 
 

I

La época provee novedosas formas de colonización y dominio. Ya no se precisan guerras ni golpes de estado. Hay operaciones mundiales, patrocinadas por grandes corporaciones, que reclutan fieles dispuestos a una obediencia debida, ya fuera para derrotar un sistema financiero, inmiscuirse en elecciones ajenas, quebrar luchas históricas o para sacar una ley del aborto. Cuentan como soporte fundamental a una tecnología que, diluyendo los límites entre público y privado, surge como la gran posibilitadora de que las cosas por fin "salgan a luz". La tecnología es el nuevo mesías, portador de una verdad revelada para un mundo que ha desterrado el concepto y supuestamente vaga a la deriva de sus propias oscilaciones y relativismos. Como engranaje de esta maquinaria, fluyen estas "revoluciones mundiales", como el feminismo actual, que exige a sus "conspiradores" el repliegue del pensamiento crítico, un mínimo poder de análisis y mucho de cotillón y fotogenia. Que sus protagonistas salgan bien en videos, fotos, redes y diarios digitales es lo fundamental para este proceso de dominación. Que apela a los sentidos antes que al razonamiento. ¿No resulta sospechoso, de entrada, ya el mismo concepto, "revolución mundial"? ¿No despierta la mínima inquietud que los poderosos (gobiernos, corporaciones mediáticas, del espectáculo, económicas, etc.) difundan, alienten y patrocinen estas "insubordinaciones" transmitidas en directo? ¿Y si fueran todos los proletarios/explotados/marginados del mundo unidos, correrían la misma suerte? Sospechamos que no.

 

II

Lo que aglutina el feminismo es odio, no de clase sino biológico. Ubica a la condición de mujer, como si fuera un plus de la naturaleza, en el centro de los reclamos, y deja a los que no son mujeres en una situación por lo menos de desconfianza. Nada más útil este enfrentamiento, que opera en base a sospechas y juicios. Ese otro pasa a ser simplemente el que está al lado (y ahora, a decir verdad, un poco aterrado). Por lo que tampoco puede oponerse. La mujer feminista no está “empoderada”: está autovictimizada para extraer de allí motivos de lucha. Una lucha que distrae la atención de lo que realmente importa y que constituye la explotación de unos en manos de otros. Relegada históricamente, se cobra revancha. Y con esa actitud se afirma y supone que es la protagonista principal de esta comedia de enredos. Todavía no cayó en la cuenta que no hay revoluciones mundiales, patrocinadas por Hollywood y por medios hegemónicos de países centrales; que su enemigo, o no existe o es tan explotado y mercantilizado como ella misma. Y que el famoso patriarcado es una entelequia lista para aglutinar voluntades a bajo precio, domesticar cuerpos y sacarlos a la calle. Lo peor es que esas multitudes, al no contar con una formación o discusión seria, al no contar con verdaderas reivindicaciones (o estas ya fueron superadas, o no es la calle el lugar para dirimirlas), al no saber muchas por qué están allí (más allá de los eslóganes, la purpurina, la coreografía un poco fascista de los pañuelos levantados todos al mismo tiempo, como en el saludo de The Wall, y la ropa haciendo juego) pueden manejar muy mal la frustración. El feminismo es el movimiento más reaccionario que surgió en estas últimas épocas: quiebra la posibilidad del diálogo con el otro, o lo otro, para pensar estrategias de liberación verdaderas, contra enemigos reales, no ficticios, y se asienta en aquel fundamentalismo biológico. El feminismo actual es producto de una lenta e inexorable degradación del pensamiento crítico. Encontró su germen en esta indigencia. Por ello, la pertenencia es tan fomentada desde las dirigencias. Para que esas mujeres sigan allí. Hagan ruido y lío. Y alimenten el festín de ese neoliberalismo que debe respirar tranquilo frente a sus nuevos frentes de batalla.

 

III

Si las luchas del lenguaje, esos combates que entabla en su propio seno para desmarcarse del poder y sublevarlo, es el último reducto que nos queda de una libertad que solo podemos imaginar, ¿qué conformaría este estado de constante tensión entre sectores sociales, que fisura las luchas tradicionales, las esquiva, las desmantela, malgastando aquella saludable hostilidad?  El debate por el aborto que sumió a la sociedad en un enfrentamiento inaudito es un claro ejemplo, pero no el único, de esta metodología de apropiación de discursos para utilizarlos contra sí mismos. Tema sensible como pocos, la definición de qué es una vida, cuándo se llega al estatus de ser humano, y los heredados principios de libertad e igualdad, funcionaron como artillería pesada contra el otro, el enemigo de turno que ahora reemplaza convenientemente a los otros. La corrupción del estado fue el otro gran tema que hegemonizó este duro invierno, más los medios de comunicación que la vida cotidiana. Un informante, a modo Garganta Profunda del caso Watergate, destapó una olla cuyo contenido rondó siempre en el olfato del imaginario colectivo casi como destino inevitable. Algo estaba podrido en Argentina pero nada nuevo bajo el sol.  Lo nuevo era que abandonaba el estatus de chisme y se perfilaba como asunto judicial, fehaciente, con pruebas que se multiplicaban día a día, casi como una narrativa literaria.

 

IV

Las detenciones a la madrugada por el tema de los "cuadernos" nos dejaron un sabor amargo. Ninguna súbita empatía con nadie: estamos hablando de procedimientos. De instancias, de formas. De esos vericuetos legales que permiten arrancar a alguien de su casa porque, supuestamente, defraudó al Estado, pero que lo deja en libertad si, digamos, confiesa y delata. La prisión, entonces, ¿es preventiva para evitar fugas y eliminación de pruebas? ¿O para presionar al detenido? Para, como diría Foucault, moldear cuerpos y voluntades. La corrupción en la Argentina es estructural, incluso, a veces constituyó un símbolo de status (repasar sino la época menemista): no acontece "de golpe". De la misma forma, la aceptación de lo que para algunos supone un crimen, como el aborto, no se puede imponer por decreto. De nuevo, moldeo de cuerpos, con la ley de fondo


V

El detrás de escena de una investigación periodística de alto voltaje siempre es apasionante. Allí están los seres de carne y hueso, entre la gloria y el infierno, lidiando con los materiales pero, también, con sus propias pasiones. La noticia no siempre da cuenta de su propia construcción; ésta, muchas veces, discurre por senderos intrincados y hasta alejados de lo que después sale a la luz. Casi como cualquier obra de arte o del pensamiento. Por otro lado, el ejercicio de la sospecha constituye una precaria garantía para no repetir ni creer algo que nos viene dado como natural, establecido, manipulado. Es la base del pensamiento crítico y, por supuesto, del periodismo de investigación. Ambos comparten, a la vez, procedimientos con la investigación policial. E. A. Poe fundó la narrativa moderna con estos conceptos y parentescos; Borges fue su gran lector y seguidor, dicho sea de paso. Cuando nos enfrentamos a una investigación como la de los "Cuadernos", surge todo este bagaje de saberes, sospechas, prejuicios, emociones. El elemento ficcional con que se la relaciona lejos de desvalorizarla no hace más que potenciarla. Constituye una forma de lectura y a la vez, una forma de comprensión de su circulación y de sus posibles efectos (más allá de las cuestiones penales, claro está). En el medio, esas pasiones que, trasladadas desde los investigadores hacia el público, a veces se transforman en negación, recelo o desconfianza, en vértigo o en ruina. Es decir, el público también, por todo lo dicho anteriormente, participa de aquella construcción solo que en forma y tiempo desplazados. Lo único que le resta a estos procesos es esa instancia en donde, como en los cuentos de Poe, se juega toda la suerte de la historia: el capítulo final.

 

VI

Dos ideas: Arlt y los mecanismos de la ficción para denunciar las miserias de una clase (la media), surgida del sistema capitalista en esa primera modernidad porteña, con las "Aguafuertes". Y mucho más acá, y en relación al periodista-detective, Walsh y el trabajo minucioso sobre el relato del "fusilado que vive" en Operación Masacre. Sentaron bases mientras construían un tipo de lector. El problema son las noticias-basura, las operaciones mediáticas, el periodismo adicto y las denuncias seriales que socavan la confianza. Contexto de enunciación, entonces. Y modos de producción y de circulación también.

 

VII

"La pobreza alcanza al 48,1% de los niños en Argentina. De ese valor se desprenden varios indicadores que marcan la carencia que están viviendo los menores en nuestro país. En el caso de la alimentación, mientras un 17,6% tiene déficit en sus comidas, un 8,5% pasó hambre durante 2017, según el último informe de Barómetro de Deuda Social de la Infancia de la UCA que además indica que aumenta de manera constante la asistencia a comedores infantiles...". 

Banquetes del neoliberalismo de una época que sospechamos agónica. Dos textos sobre la técnica y sus efectos sobre la existencia completan la presente actualización de este invierno crudo y largo en Argentina. Que aún no terminó.

 

 
 
 
Nota Editorial Invierno 2018 - Revista Contratiempo 2° Época
 
 
 

 

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