/ contratiempo | El pensamiento en la Argentina / Año II N° 5 / Invierno-Primavera 2002

/ ENTREVISTA


 
NORBERTO SEÑOR
Secretario General de la CTA Lomas de Zamora y vocal ATE SUR

Conversando con un sindicalista

Piqueteros que cortan rutas, acceden a la capital y se instalan en plena plaza de Mayo; obreros que toman fábricas cerradas para reintegrarlas al circuito productivo; barrios que se ponen de pié o se organizan en asambleas y vociferan al mejor estilo militante de izquierda; gente que vive al margen del sistema financiero y retorna con el trueque a los primeros tiempos... La cita es en Callao y Entre Ríos; adentro, muchos trajes y teléfonos celulares; afuera, una multitud organizada que se dispone a marchar en repudio a O' Neill, recién llegado a Buenos Aires. Norberto Señor pertenece a esa nueva generación de sindicalistas que conjuga el intenso trabajo cotidiano de base con una actitud crítica y reflexiva. Claro, contundente, sin rodeos, habló con nosotros de esta convulsionada Argentina actual.

-¿Cómo empezaste en la actividad gremial?

- A fines de 1982 empecé con mi primer laburo, era un contrato parecido al que hoy es el plan Jefes de Hogar, que lanzó la dictadura. Yo entré en el Palacio Municipal como contratado de provincia en los municipios. Obviamente, con muy poca estabilidad. Cuando surgieron problemas de cobro, hubo un pequeño intento de armar una comisión de contratados, con la que podríamos presionar. Esto nos sirvió para conocernos con algunos compañeros, para tener un cierto grupo de confianza. Al finalizar el contrato, pasamos como porteros de escuela en los Consejos Escolares. Un tiempo después, y producto de aquella experiencia, hicimos un encuentro para discutir la posibilidad de organizarnos sindicalmente. Decidimos hacerlo en ATE, fue un proceso lento. Pero bueno, en ese proceso fuimos contribuyendo a la construcción del sindicato, que en el sector de escuelas, en Lomas de Zamora, no estaba organizado. El gremio ya tenía cierta presencia en algunos hospitales pero nada de trabajo en el sector educación. Esto fue por el año ’85, cuando se terminó la relación contractual y pasamos a ser personal de planta de los Consejos Escolares. En ATE había apertura, después de haber perdido una burocracia que estuvo durante veinte años. En ese entonces, la seccional de ATE se llamaba "Lomas de Zamora". En abril del ’86, después de un breve intento por construir un trabajo entre la juventud estatal, ligada al Departamento Nacional de la Juventud de ATE, fui elegido delegado. En ese momento había muy pocos afiliados.

 

-¿Cuántos años estuviste trabajando como delegado?
-
Como delegado fui reelecto en el ’88, los mandatos duran dos años. En el medio hubo una elección en el Sindicato y con un grupo de compañeros integramos la Lista Marrón, de oposición a la dirección. Tuvo mucha representatividad en el sector a pesar de haber perdido. Después continuamos la pelea. Durante los años ’87y ’88 hubo muchos conflictos en nuestro sector laboral, especialmente entre los porteros de escuela. En la elección de 1987 se fusionaron ATE Lomas de Zamora, Lanús y Ezeiza y se formó una única seccional, Gran Buenos Aires Sur. Allí, nuestro rol como delegados significó una marcada confrontación con la conducción del Sindicato. Pero el proceso más rico se dá entre los años 89 y 90. Aquí se produce una crisis en la dirección de la Seccional y una Asamblea termina pidiéndole la renuncia.
La Seccional empieza a funcionar a partir del esfuerzo del Cuerpo de Delegados del que formábamos parte. Para mayo de 1991 ganamos la conducción del Sindicato. Allí fui elegido Secretario General de ATE Sur. En el 95 volvimos a presentarnos como Lista Marrón-Verde y fuimos reelectos. Lo mismo ocurrió en el 99. Aquí estamos hasta el 2003.

 

- ¿Cómo ves al movimiento piquetero?
- Los piqueteros son un grupo social nuevo en la vida política del país, con una relación muy fuerte con la historia de las luchas obreras. Los cortes de ruta, los bloqueos, las barricadas, tienen muchos años. Pero con un nivel tan alto de desocupación, lo que antes se hacía para bloquear el acceso de una empresa en conflicto, y se hacía desde los obreros en huelga, pasó a ser la forma de un sector que no tiene otra posibilidad de expresión más contundente que golpear la producción y el intercambio de mercancías de las grandes empresas en el interior del país. Sobre todo cuando, durante el menemismo, se liquidaron poblaciones enteras. Este movimiento porta un montón de valores que tienen que ver con nuevas expresiones que de pronto cuestionan las formas tradicionales, como el clientelismo político, el verticalismo, los manejos cerrados… Por otra parte, estos movimientos tienen mucha independencia de los partidos. Se han nutrido de genuinos desocupados y además han arrancado conquistas: la existencia de planes sociales y la generalización de los mismos obedeció exclusivamente a la necesidad de parar los cortes de ruta en el interior del país durante el gobierno de Menem. Y el salto se pegó cuando se instalaron en el conurbano, ya con muchas otras corrientes políticas y sociales, sobre el fin de ese periodo y el principio del gobierno de de la Rúa.

 

- ¿Vos creés que lo consiguieron ellos?
-
Estoy absolutamente convencido de que si hoy existe un plan extendido como el de Jefes de Hogar, que alcanza a miles y miles de personas, es exclusivamente porque existe el movimiento piquetero. Si antes existieron los Planes Trabajar fue también por eso. Por supuesto que, en el medio, el Banco Mundial dijo "ponemos la plata para calmar la cuestión", así como también negociaron con Duhalde poner u$s800.000 en el conurbano para que no estallara mientras se entregaba la Argentina, mientras se liquidaba el patrimonio público nacional y mientras las provincias eran declaradas inviables. Del mismo modo, gran parte de los primeros planes fue para calmar los piquetes y para tirar un baldazo de agua fría al interior. Y, a la par, entregar un paquete al manejo clientelar de Duhalde para el colchón que contuviera el conurbano. Pero el conurbano, efectivamente, comenzó a incendiarse de a poquito, sobre el final del menemismo. Esto se generalizó enormemente durante el gobierno de de la Rúa, que no pudo desarrollar ninguna política que frenara el avance del movimiento. Duhalde lo intentó a partir de ese invento de los Consejos Consultivos, los Consejos de emergencia de Crisis, y a través del Plan Jefes, que supuestamente no debía estar ligado a ninguna organización, otorgándolo por miles, manejándolo con la estructura municipal o con sus punteros, y desacreditando a la organización social. Así y todo, pienso que no lo han podido frenar. En el movimiento piquetero radica gran parte de la posibilidad de que nuestro pueblo pueda derrotar a sus enemigos.

 

- Le das una importancia fundamental en la construcción de un cambio.
-
Fundamental. Ha demostrado ser el sector más dinámico de la clase trabajadora.

 

- ¿Cómo se ubican los piqueteros en relación a los sindicatos?

- Para nosotros están adentro. La propia CTA se ha planteado como un objetivo -después habrá que ver hasta dónde lo logró- integrar en una misma central a los trabajadores con laburo y a los desocupados, a los jubilados, a las mujeres, a los jóvenes, con la única condición de que no sean empresarios, es decir, que no exploten a otros.
Independientemente de que lo haya obtenido o no, para nosotros ésa es la definición que nos permite entender las cosas de otra manera. Y nos ayudó mucho que vastos sectores de desocupados se organizaran como trabajadores y articularan sus conflictos, especialmente con estatales, con docentes o con otros sectores ocupados.

El conjunto de la clase trabajadora, y especialmente la clase obrera industrial, ha estado maniatado por la presión y el poder inmenso de las patronales, porque el poder político le ha garantizado el manejo arbitrario basado en el terror al despido. Y por el mismo papel que ha jugado la burocracia sindical -esta casta burocrática, idéntica en su conformación y en sus negocios e intereses al conjunto de la capa social de los políticos, tan odiados por la gente que lucha, por la gente honesta. Digamos que es una reproducción del modelo, es la clase que se asegura la mayor impunidad para las patronales, la entrega de las conquistas de los obreros y la concentración de las riquezas.

 

- Concretamente, ¿los piqueteros se sienten integrados a la CTA?

- Hay quienes sí y hay quienes no. Es un movimiento social incipiente, amplio y heterogéneo. La organización está en construcción. Y en esa construcción hay distintos grupos. Algunos obedecen a que diversos partidos, especialmente de izquierda, construyan según sus métodos, sus ideas, sus planes, así como también esos partidos suelen construir sus agrupaciones en los sindicatos. Otros, que tienen criterios más abiertos, también construyen experiencias de organización con mayor autonomía de los partidos y con determinadas ideas. Y otros construyen decidida y claramente con identidad de CTA, como otras con la de la Corriente Clasista. Hay diversas experiencias. Aquellos grupos que construyen en la CTA, en general tienen una discusión hecha a cerca de valorizar al Sindicato como un espacio importante para la unidad del conjunto de la clase trabajadora. Hay otros que quizás vean esto como importante, pero como no comparten la política de la dirección de la Central, prefieren organizarse en otro lado. Todo esto pasa, tiene sus idas y vueltas, pero creo que lo más importante de todo no es si hoy o mañana deciden estar en la CTA, o estar ligados a un partido, o al Bloque Piquetero. Lo más importante, como fenómeno, es que los desocupados recuperan su identidad de clase como trabajadores, y una identidad de lucha y de unidad, superando el individualismo extremo.

 

- Lo único que los une, en realidad, es la condición de desocupados.

- Los une la condición de laburantes sin trabajo. Apuntar a construir esa identidad, y que el tipo que está en la fábrica entienda que su futuro y su presente están directamente relacionados con el triunfo o la derrota de la lucha piquetera, es un proceso difícil. Proceso que, por otro lado, se ve ayudado enormemente por la gravedad de la situación en la que vivimos. Quizás el piquetero lo entendió antes porque está más apremiado. Creo que la clase trabajadora ocupada, por las direcciones que hay en el movimiento obrero en general, tiene el problema de no lograr un protagonismo mayor en semejante nivel de conflicto social, donde está claro que la forma de gobierno que ha existido desde el ’83 hasta hoy ya no sirve más. Para grandes sectores de la población, los negociados y los intereses económicos que hay detrás de este régimen político, social, económico y cultural, no deben ser sostenidos más, porque en este rechazo ven la condición y la posibilidad de salir adelante como país.

- ¿Cómo se articula la violencia dentro del accionar de los sectores piqueteros?

- La realidad no es como uno quisiera sino que es como es. Y la verdad es que si uno pudiera abstraerse de los problemas sociales, a la inmensa mayoría de la población le interesa vivir en paz. Ahora, en esta realidad, que es como es, lo que tenemos es, por ejemplo, cien chicos menores de 12 años que mueren por día por causas evitables; cincuenta y cinco de ellos son infantes. ¿De qué violencia le podemos hablar a una madre a la que se le acaba de morir el hijo de una bronquitis, que su casa tiene piso de tierra y que no tiene leche para darle a sus otros pibes? Mientras, seguramente, el empresario dejó en la calle a su marido, sin pagarle indemnización, y anda en una 4x4 y vive en un countrie y tira un montón de comida que, después, otros desocupados irán a buscar a la madrugada. Y aún más. Porque incluso esa mujer que podría estar en contra de la violencia, cuando camina el barrio, ve que a sus hijos adolescentes alguien los llamó para salir de caño o le ofreció droga en la esquina. Cuando algunos dirigentes políticos, que nadie podría dudar que quieren defender la democracia, que no son anticapitalistas, y que están a favor de la democracia representativa, nos hablan de que estamos gobernados por mafias, ¿de qué hablan? ¿qué es la mafia sino la organización para defender intereses espurios, basados en el asesinato de quien sea necesario para defenderlos? Hay una violencia en la sociedad enorme, que se desarrolla y que es imparable. En ese contexto es donde vive gran parte de aquéllos que si quisieran elegir otro camino, y existir en la lucha política y social, no tienen otra herramienta que el piquete.

 

- ¿Vos considerás que la práctica de los piqueteros podría ser revolucionaria?

- Si la pregunta es si los piqueteros hacen una práctica tendiente a ejercitar formas de violencia que les permita ir un paso adelante para hacer una revolución, yo creo que la gran mayoría de ellos no está pensando en eso. Básicamente, están necesitando trabajo para llevar el alimento a sus casas. En el medio de esa lucha, sí discuten muchas cosas, sí aprenden muchas cosas. Se aprende mucho en la lucha callejera. Y la sociedad también aprende de ellos. Las muertes de los compañeros en Pte. Pueyrredón nos enseñaron claramente dos morales, y creo que esto es muy importante: la moral de los piqueteros, expresada en la actitud de Santillán de cuidar a los compañeros aún a costa de arriesgar su propia vida, y la otra moral, la de los que mienten, los que hacen una campaña televisiva diciendo otras cosas, los que disfrazan a supuestos desocupados para romper todo, para que la gente los odie. Es decir, son dos modelos de sociedad, dos éticas, dos criterios de vida: el que sostiene los valores de la solidaridad, el amor y el compañerismo con la propia vida y el modelo que para preservar un determinado lugar de poder es capaz de hacer cualquier inmundicia.

Si vos te vas con tu grabador y una cámara, y te recorrés alguna de las barriadas más humildes del 2° o 3° cordón del conurbano, y si lográs tener una charla con la confianza que tenés conmigo ahora, y les preguntás si están armados y si alguna vez utilizan esas armas, muchos te van a decir que sí, que las usaron o que las llevan encima. Pero si con una realidad social como la nuestra, han habido solamente en este año, registrados estadísticamente, 1800 piquetes y en ninguno de ellos encontrás que un policía haya recibido un solo balazo, me parece que es bastante claro… Sería ridículo de mi parte decirte que las organizaciones son tan disciplinadas que discuten antes de salir al piquete y que controlan a sus compañeros y les sacan las armas. La gente eligió un método de lucha que no es precisamente ir a un enfrentamiento armado.

 

- ¿Cuál es la lectura que hace la CTA de los acontecimientos del 19 y 20 de diciembre?

- En agosto se llevó a cabo la Asamblea piquetera en La Matanza. Entonces se aprobaron tres cortes sucesivos de ruta contra la ley de déficit 0 de Cavallo, los planes de ajuste y por la libertad y el desprocesamiento de los compañeros presos.

Ahí se produjo un auge muy marcado de lucha en la Provincia de Buenos Aires. La provincia había entrado en una bancarrota financiera, empezaron los atrasos salariales, que no ocurrían en años…digamos que la provincia se "argentinizó", se empezó a parecer al grueso de las otras provincias. Los picos de los conflictos fueron elevadísimos, la forma de lucha era cada vez más enérgica. La CTA estuvo inmersa en una campaña por una consulta popular sobre la redistribución de la riqueza a partir de que el estado garantizara un ingreso mínimo a través de un seguro de empleo de $380, una asignación de $60 por hijo, etc. Esto se programó para diciembre y de alguna manera en el camino llevó a que la mayor parte de las organizaciones de la Central se dedicara a organizar la consulta. Quizás no se llegó a ver la magnitud de la situación política que se venía, quizás se puso el acento ahí y se desatendieron los esfuerzos en profundizar la organización y la lucha de los propios trabajadores. No se alcanzó a ver que la crisis se devoraba toda posible salida dentro de los márgenes de un plan como el que se estaba planteando. Que los planes dictados por el Fondo, de sacarle cada vez más a los que menos tienen, no permitían una continuidad de la política imperante. Que el flujo de capitales externos se había acabado y la posibilidad de cobrar más impuestos internos también se había cerrado, y que en esa crisis, además, los grandes capitales iban a elegir fugarse abiertamente ante la imposibilidad de contener el conflicto social que crecía con la bancarrota de las provincias.

Quizás el plan con el que se había intentado cerrar por arriba, que era el plan de López Murphy, y que consistía en poner a la venta la educación y la salud como mercancías con las que hicieran negocios empresas nacionales y multinacionales, ya había sido derrotado por la lucha popular. Y el auge y la continuidad de esa lucha, y el descrédito del gobierno de la Alianza y de los políticos en general, hacían imposible sostener aquéllo. Creo que eso no se vió en la magnitud de que se abría la posibilidad de una situación histórica que rompiera con lo que dominó desde la dictadura. Lejos de retroceder frente a los ataques del poder, la respuesta fue avanzar más. Lo que sorprendió a la CTA en la consulta es que fue elegida por vastos sectores del pueblo como una herramienta para expresar su descontento. Mucho antes, sin embargo, hubo una consulta más importante que fue la elección del 14 de octubre, donde claramente en el voto en blanco, en el voto nulo y en la abstención, así como también, en menor medida, en el crecimiento del voto con expresiones críticas o cuestionadoras del sistema, una mayoría se había expresado claramente. Todas estas señales se conjugaron y por supuesto el ataque abierto que significó el corralito a un sector que, menos de un año atrás, quizás creía todavía en la Alianza. Era un despojo que los involucraba. El 19 y el 20 encuentran a la CTA habiendo lanzado una marcha piquetera para el 20, creo que sin haber previsto la magnitud de estos acontecimientos. Y por eso, en esos dos días, la respuesta popular no encontró estructuras capaces de darle un cauce, una perspectiva, y mucho menos una organización. Yo creo que la CTA fue desbordada. Ojalá hubiéramos encontrado una serie de organizaciones de peso, especialmente entre los trabajadores. Digo esto no porque seamos laburantes, o porque estemos en un Sindicato o en una CTA, sino porque tenemos la convicción de que no hay futuro para la Argentina ni para ningún proceso social de cambio progresivo que modifique toda esta injusticia, sin que los trabajadores sean los protagonistas centrales. No hay posibilidad porque aquéllos que viven del trabajo ajeno pueden pretender un cambio hasta un punto: el que no ponga en riesgo la posibilidad de seguir viviendo de ese trabajo ajeno. Esa especulación en el trabajador o en el desocupado no existe, y sólo existe como perspectiva general mediata terminar con una situación de explotación y tener un mejor nivel de vida y más oportunidades para acceder a los bienes, servicios y derechos que la sociedad le ofrece.

 

- ¿Cómo se ubican las asambleas barriales en este contexto de lucha?

- Las asambleas son un espacio hermoso, nuevo, lleno de potencialidad, y también con límites. Las asambleas logran darle un lugar a la búsqueda de una salida a esta crisis desde una situación distinta a la que ofrecían las instituciones tradicionales. Son un ejercicio de algún grado de democracia directa para definir algunas cuestiones, pero sin el poder, por supuesto, que les permita a esas discusiones trasladarse a los problemas concretos. Creo que el futuro de la Argentina tomará mucho de estas expresiones. Claro está que se desarrollan mucho más en un ámbito como el porteño, con una cultura, una tradición y un conocimiento político, y en una franja de la sociedad que es capaz de hacerse de más tiempo libre para el debate, sin correr el riesgo de quedarse sin comer. Las asambleas son un espacio de inmensa búsqueda de democracia de verdad, de ejercicio de una voluntad militante de miles y miles de argentinos que, hastiados de una experiencia frustrante en la vida política o en las organizaciones sociales, recuperan ahí el sentido del protagonismo, la posibilidad de construir otra posibilidad. Son muy ricas, han demostrado la potencialidad que tienen cuando fueron capaces de convocar una gran cantidad de gente el 24 de marzo. O el 27 de junio, a un día no sólo de los asesinatos de los compañeros en el Puente Pueyrredón sino de la campaña montada por los grandes medios para explicar que las muertes eran producto de la crisis y no de un crimen organizado. Creo que si las asambleas barriales se articulan con las luchas obreras y de desocupados pueden alimentar un amplio frente, capaz de enfrentar a los poderosos y de abrir espacio a una nueva situación política.

 

- ¿Cómo se perfila el futuro?

- Tenemos un futuro muy difícil, muy oscuro. El sólo hecho de que en los últimos tres o cuatro meses hayamos recibido varias misiones del FMI, a varios funcionarios norteamericanos de primer nivel, como O’ Neill, sumado a la actitud de querer meternos en la cabeza de que algunos notables, socios de los bancos y de los que depredaron la Argentina, nos van a venir a explicar cómo salimos, habla de la decisión política muy firme, en los centros de poder mundial, de destruir la organización autónoma, la resistencia obrera y popular. Y ya no sólo en la Argentina sino en toda América Latina, como se está viendo en Uruguay, Brasil, Venezuela, Ecuador, Bolivia. Pero, a la vez, nada de eso están logrando sin encontrar una enorme resistencia y niveles crecientes de organización y lucha. La magnitud de esa presión y la resistencia como respuesta llevan a que los que están en el poder apelen cada vez más a mecanismos y planes autoritarios. Lo que buscan es impedir la organización popular. Al mismo tiempo, empujan a los sectores populares a organizarse en la defensa, y a muchos otros sectores a un alto nivel de desesperación. Van a ser muy difíciles estos años de lucha. Años o meses, porque quizás la situación se defina en meses. Y esto no tiene nada que ver con la convocatoria a elecciones que hizo Duhalde, que no es más que una señal clara de su propia debilidad. Al no poder resolver el conflicto de seguir gobernando como hasta el 95 lo hizo Menem, por ejemplo, haciendo todo lo que el poder quisiera y teniendo un importante grado de control en el conflicto social, nos introduce en este nuevo caminito, donde la discusión pasará por la cantidad de diputados, o el nombre del candidato.

A mayor resistencia, habrá mayor derechización. Las únicas medidas que tienen desde arriba son medidas de más ajuste, de más hambre, y por ende, de más represión porque no hay forma de frenar la incontenible decisión de enfrentarlos por parte de las organizaciones populares. Necesitamos denunciar permanentemente la posibilidad de un autoritarismo feroz, porque sabemos las reservas democráticas que anidan en tantos sectores populares. El futuro es difícil pero está lleno de posibilidades en la medida que encontremos la capacidad de construir un proyecto, desde los trabajadores y el pueblo, capaz de unir a las más amplias capas de la sociedad para sostenerlo; de identificar bien a los enemigos, no comernos los espejitos de colores que nos venden los O’Neill y compañía; de enfrentar profundamente, desde la organización popular, desde nuestras formas alternativas, los mensajes tramposos de aquéllos como los Hadad o como el grupo Clarín o como todos los que nos quieren confundir todo el tiempo, y no creer el verso de que con esta farsa electoral se va a resolver alguno de nuestros problemas. Si el empeño de los trabajadores y del pueblo es organizar su propia resistencia, sus propios mecanismos de debate, sus propias luchas, sabiendo con claridad que riqueza en la Argentina sobra para que nadie pase hambre, para que nadie sea condenado a sufrir, y que esa plata hay que ir a buscarla en aquéllos que se enriquecieron y que se siguen enriqueciendo en el país o que se la llevan afuera, si nos convencemos de eso y peleamos por eso, haremos una experiencia de lucha donde seguramente nos acercaremos al camino para cambiar esta realidad. Este es un periodo histórico de ésos que no se repiten, es un periodo, quizás, como el del 69 al 73; quizás como el de los años 45; quizás como en algún momento del siglo en el que los conservadores terminaron como posibilidad de gobierno en la Argentina. En un periodo así, si las organizaciones de los trabajadores y del pueblo despliegan toda su actividad para ganar una conciencia de que la explotación y la injusticia se pueden modificar, y que la clave es basarse, primero, en la firme unidad de aquéllos que sólo tenemos nuestra fuerza de trabajo para salir adelante, de aquéllos que producimos la riqueza, y no de aquéllos que se apropian de la riqueza engendrada por el trabajo ajeno, si nos unimos desde allí, vamos a salir adelante. Estamos en una oportunidad inmejorable para discutir estas cuestiones y para encontrar enorme apoyo de sectores del pueblo que, aún sin estar explotados en la producción, como pequeños comerciantes o como pequeños empresarios, se dan cuenta de que no va a ser con un proyecto propio como van a superar la crisis. Estos sectores también son conscientes de que su futuro es la ruina. En este proceso tan rico, un montón de empresarios abandonó la decisión de producir, decidió dejar trabajadores en la calle y alimentar procesos de quiebra para zafar de pagar indemnizaciones. Y sin embargo, los trabajadores están demostrando hoy que son capaces de volver a la producción, de poner las fábricas bajo su control, de llevar adelante desde esas experiencias la posibilidad concreta de producir, de vender, y de procurarse un sustento. Si los trabajadores somos capaces de, por ejemplo, producir los insumos de los laboratorios de los hospitales públicos, como el Posadas; si somos capaces de trabajar las minas, como están haciendo los obreros de Río Turbio que, a pesar del decreto nacional que las reestatizó pero que impide la explotación, en estos días produjeron 2000 toneladas de carbón; si somos capaces de salir adelante en lo chiquito, seguramente vamos a confiar en que podemos construir un país sin esa casta de delincuentes que gracias a los negociados con los grandes grupos económicos, siempre les va cada vez mejor. Pero ahora les va mal; hoy los políticos, de esos que entregan al pueblo argentino, los sindicalistas, de esos que entregan a los trabajadores, por suerte no pueden salir más a la calle, sin por lo menos ser insultados en cualquier esquina. Y eso es un gran avance para nuestro pueblo.

Agradecemos a la Revista NOS/OTROS, publicación mensual de la Asociación Trabajadores del Estado (ATE), por habernos facilitado el material gráfico.

/

Volver a Inicio
 
 

/

Directora Zenda Liendivit
2000 - 2002 | Revista Contratiempo / Buenos Aires / Argentina

/