| Conversando con un
sindicalista Piqueteros
que cortan rutas, acceden a la capital y se
instalan en plena plaza de Mayo; obreros que
toman fábricas cerradas para reintegrarlas al
circuito productivo; barrios que se ponen de pié
o se organizan en asambleas y vociferan al mejor
estilo militante de izquierda; gente que vive al
margen del sistema financiero y retorna con el
trueque a los primeros tiempos... La cita es en
Callao y Entre Ríos; adentro, muchos trajes y
teléfonos celulares; afuera, una multitud
organizada que se dispone a marchar en repudio a
O' Neill, recién llegado a Buenos Aires.
Norberto Señor pertenece a esa nueva generación
de sindicalistas que conjuga el intenso trabajo
cotidiano de base con una actitud crítica y
reflexiva. Claro, contundente, sin rodeos, habló
con nosotros de esta convulsionada Argentina
actual.
-¿Cómo
empezaste en la actividad gremial?
- A fines de 1982 empecé con mi primer
laburo, era un contrato parecido al que hoy es el
plan Jefes de Hogar, que lanzó la dictadura. Yo
entré en el Palacio Municipal como contratado de
provincia en los municipios. Obviamente, con muy
poca estabilidad. Cuando surgieron problemas de
cobro, hubo un pequeño intento de armar una
comisión de contratados, con la que podríamos
presionar. Esto nos sirvió para conocernos con
algunos compañeros, para tener un cierto grupo
de confianza. Al finalizar el contrato, pasamos
como porteros de escuela en los Consejos
Escolares. Un tiempo después, y producto de
aquella experiencia, hicimos un encuentro para
discutir la posibilidad de organizarnos
sindicalmente. Decidimos hacerlo en ATE, fue un
proceso lento. Pero bueno, en ese proceso fuimos
contribuyendo a la construcción del sindicato,
que en el sector de escuelas, en Lomas de Zamora,
no estaba organizado. El gremio ya tenía cierta
presencia en algunos hospitales pero nada de
trabajo en el sector educación. Esto fue por el
año 85, cuando se terminó la relación
contractual y pasamos a ser personal de planta de
los Consejos Escolares. En ATE había apertura,
después de haber perdido una burocracia que
estuvo durante veinte años. En ese entonces, la
seccional de ATE se llamaba "Lomas de
Zamora". En abril del 86, después de
un breve intento por construir un trabajo entre
la juventud estatal, ligada al Departamento
Nacional de la Juventud de ATE, fui elegido
delegado. En ese momento había muy pocos
afiliados.
-¿Cuántos
años estuviste trabajando como delegado?
- Como delegado fui reelecto en el 88,
los mandatos duran dos años. En el medio hubo
una elección en el Sindicato y con un grupo de
compañeros integramos la Lista Marrón, de
oposición a la dirección. Tuvo mucha
representatividad en el sector a pesar de haber
perdido. Después continuamos la pelea. Durante
los años 87y 88 hubo muchos
conflictos en nuestro sector laboral,
especialmente entre los porteros de escuela. En
la elección de 1987 se fusionaron ATE Lomas de
Zamora, Lanús y Ezeiza y se formó una única
seccional, Gran Buenos Aires Sur. Allí, nuestro
rol como delegados significó una marcada
confrontación con la conducción del Sindicato.
Pero el proceso más rico se dá entre los años
89 y 90. Aquí se produce una crisis en la
dirección de la Seccional y una Asamblea termina
pidiéndole la renuncia.
La Seccional empieza a funcionar a partir del
esfuerzo del Cuerpo de Delegados del que
formábamos parte. Para mayo de 1991 ganamos la
conducción del Sindicato. Allí fui elegido
Secretario General de ATE Sur. En el 95 volvimos
a presentarnos como Lista Marrón-Verde y fuimos
reelectos. Lo mismo ocurrió en el 99. Aquí
estamos hasta el 2003.
-
¿Cómo ves al movimiento piquetero?
- Los piqueteros son un grupo social nuevo en
la vida política del país, con una relación
muy fuerte con la historia de las luchas obreras.
Los cortes de ruta, los bloqueos, las barricadas,
tienen muchos años. Pero con un nivel tan alto
de desocupación, lo que antes se hacía para
bloquear el acceso de una empresa en conflicto, y
se hacía desde los obreros en huelga, pasó a
ser la forma de un sector que no tiene otra
posibilidad de expresión más contundente que
golpear la producción y el intercambio de
mercancías de las grandes empresas en el
interior del país. Sobre todo cuando, durante el
menemismo, se liquidaron poblaciones enteras.
Este movimiento porta un montón de valores que
tienen que ver con nuevas expresiones que de
pronto cuestionan las formas tradicionales, como
el clientelismo político, el verticalismo, los
manejos cerrados
Por otra parte, estos
movimientos tienen mucha independencia de los
partidos. Se han nutrido de genuinos desocupados
y además han arrancado conquistas: la existencia
de planes sociales y la generalización de los
mismos obedeció exclusivamente a la necesidad de
parar los cortes de ruta en el interior del país
durante el gobierno de Menem. Y el salto se pegó
cuando se instalaron en el conurbano, ya con
muchas otras corrientes políticas y sociales,
sobre el fin de ese periodo y el principio del
gobierno de de la Rúa.
-
¿Vos creés que lo consiguieron
ellos?
- Estoy absolutamente convencido de que si
hoy existe un plan extendido como el de Jefes de
Hogar, que alcanza a miles y miles de personas,
es exclusivamente porque existe el movimiento
piquetero. Si antes existieron los Planes
Trabajar fue también por eso. Por supuesto que,
en el medio, el Banco Mundial dijo "ponemos
la plata para calmar la cuestión", así
como también negociaron con Duhalde poner
u$s800.000 en el conurbano para que no estallara
mientras se entregaba la Argentina, mientras se
liquidaba el patrimonio público nacional y
mientras las provincias eran declaradas
inviables. Del mismo modo, gran parte de los
primeros planes fue para calmar los piquetes y
para tirar un baldazo de agua fría al interior.
Y, a la par, entregar un paquete al manejo
clientelar de Duhalde para el colchón que
contuviera el conurbano. Pero el conurbano,
efectivamente, comenzó a incendiarse de a
poquito, sobre el final del menemismo. Esto se
generalizó enormemente durante el gobierno de de
la Rúa, que no pudo desarrollar ninguna
política que frenara el avance del movimiento.
Duhalde lo intentó a partir de ese invento de
los Consejos Consultivos, los Consejos de
emergencia de Crisis, y a través del Plan Jefes,
que supuestamente no debía estar ligado a
ninguna organización, otorgándolo por miles,
manejándolo con la estructura municipal o con
sus punteros, y desacreditando a la organización
social. Así y todo, pienso que no lo han podido
frenar. En el movimiento piquetero radica gran
parte de la posibilidad de que nuestro pueblo
pueda derrotar a sus enemigos.
-
Le das una importancia fundamental en
la construcción de un cambio.
- Fundamental. Ha demostrado ser el
sector más dinámico de la clase trabajadora.
-
¿Cómo se ubican los piqueteros en
relación a los sindicatos?
- Para nosotros están adentro. La propia CTA
se ha planteado como un objetivo -después habrá
que ver hasta dónde lo logró- integrar en una
misma central a los trabajadores con laburo y a
los desocupados, a los jubilados, a las mujeres,
a los jóvenes, con la única condición de que
no sean empresarios, es decir, que no exploten a
otros.
Independientemente de que lo haya obtenido o no,
para nosotros ésa es la definición que nos
permite entender las cosas de otra manera. Y nos
ayudó mucho que vastos sectores de desocupados
se organizaran como trabajadores y articularan
sus conflictos, especialmente con estatales, con
docentes o con otros sectores ocupados.
El conjunto de la clase trabajadora, y
especialmente la clase obrera industrial, ha
estado maniatado por la presión y el poder
inmenso de las patronales, porque el poder
político le ha garantizado el manejo arbitrario
basado en el terror al despido. Y por el mismo
papel que ha jugado la burocracia sindical -esta
casta burocrática, idéntica en su conformación
y en sus negocios e intereses al conjunto de la
capa social de los políticos, tan odiados por la
gente que lucha, por la gente honesta. Digamos
que es una reproducción del modelo, es la clase
que se asegura la mayor impunidad para las
patronales, la entrega de las conquistas de los
obreros y la concentración de las riquezas.
-
Concretamente, ¿los piqueteros se
sienten integrados a la CTA?
- Hay quienes sí y hay quienes no. Es un
movimiento social incipiente, amplio y
heterogéneo. La organización está en
construcción. Y en esa construcción hay
distintos grupos. Algunos obedecen a que diversos
partidos, especialmente de izquierda, construyan
según sus métodos, sus ideas, sus planes, así
como también esos partidos suelen construir sus
agrupaciones en los sindicatos. Otros, que tienen
criterios más abiertos, también construyen
experiencias de organización con mayor
autonomía de los partidos y con determinadas
ideas. Y otros construyen decidida y claramente
con identidad de CTA, como otras con la de la
Corriente Clasista. Hay diversas experiencias.
Aquellos grupos que construyen en la CTA, en
general tienen una discusión hecha a cerca de
valorizar al Sindicato como un espacio importante
para la unidad del conjunto de la clase
trabajadora. Hay otros que quizás vean esto como
importante, pero como no comparten la política
de la dirección de la Central, prefieren
organizarse en otro lado. Todo esto pasa, tiene
sus idas y vueltas, pero creo que lo más
importante de todo no es si hoy o mañana deciden
estar en la CTA, o estar ligados a un partido, o
al Bloque Piquetero. Lo más importante, como
fenómeno, es que los desocupados recuperan su
identidad de clase como trabajadores, y una
identidad de lucha y de unidad, superando el
individualismo extremo.
-
Lo único que los une, en realidad, es
la condición de desocupados.
- Los une la condición de laburantes sin
trabajo. Apuntar a construir esa identidad, y que
el tipo que está en la fábrica entienda que su
futuro y su presente están directamente
relacionados con el triunfo o la derrota de la
lucha piquetera, es un proceso difícil. Proceso
que, por otro lado, se ve ayudado enormemente por
la gravedad de la situación en la que vivimos.
Quizás el piquetero lo entendió antes porque
está más apremiado. Creo que la clase
trabajadora ocupada, por las direcciones que hay
en el movimiento obrero en general, tiene el
problema de no lograr un protagonismo mayor en
semejante nivel de conflicto social, donde está
claro que la forma de gobierno que ha existido
desde el 83 hasta hoy ya no sirve más.
Para grandes sectores de la población, los
negociados y los intereses económicos que hay
detrás de este régimen político, social,
económico y cultural, no deben ser sostenidos
más, porque en este rechazo ven la condición y
la posibilidad de salir adelante como país.
-
¿Cómo se articula la violencia
dentro del accionar de los sectores piqueteros?
- La realidad no es como uno quisiera sino
que es como es. Y la verdad es que si uno pudiera
abstraerse de los problemas sociales, a la
inmensa mayoría de la población le interesa
vivir en paz. Ahora, en esta realidad, que es
como es, lo que tenemos es, por ejemplo, cien
chicos menores de 12 años que mueren por día
por causas evitables; cincuenta y cinco de ellos
son infantes. ¿De qué violencia le podemos
hablar a una madre a la que se le acaba de morir
el hijo de una bronquitis, que su casa tiene piso
de tierra y que no tiene leche para darle a sus
otros pibes? Mientras, seguramente, el empresario
dejó en la calle a su marido, sin pagarle
indemnización, y anda en una 4x4 y vive en un
countrie y tira un montón de comida que,
después, otros desocupados irán a buscar a la
madrugada. Y aún más. Porque incluso esa mujer
que podría estar en contra de la violencia,
cuando camina el barrio, ve que a sus hijos
adolescentes alguien los llamó para salir de
caño o le ofreció droga en la esquina. Cuando
algunos dirigentes políticos, que nadie podría
dudar que quieren defender la democracia, que no
son anticapitalistas, y que están a favor de la
democracia representativa, nos hablan de que
estamos gobernados por mafias, ¿de qué hablan?
¿qué es la mafia sino la organización para
defender intereses espurios, basados en el
asesinato de quien sea necesario para
defenderlos? Hay una violencia en la sociedad
enorme, que se desarrolla y que es imparable. En
ese contexto es donde vive gran parte de
aquéllos que si quisieran elegir otro camino, y
existir en la lucha política y social, no tienen
otra herramienta que el piquete.
-
¿Vos considerás que la práctica de
los piqueteros podría ser revolucionaria?
- Si la pregunta es si los piqueteros hacen
una práctica tendiente a ejercitar formas de
violencia que les permita ir un paso adelante
para hacer una revolución, yo creo que la gran
mayoría de ellos no está pensando en eso.
Básicamente, están necesitando trabajo para
llevar el alimento a sus casas. En el medio de
esa lucha, sí discuten muchas cosas, sí
aprenden muchas cosas. Se aprende mucho en la
lucha callejera. Y la sociedad también aprende
de ellos. Las muertes de los compañeros en Pte.
Pueyrredón nos enseñaron claramente dos
morales, y creo que esto es muy importante: la
moral de los piqueteros, expresada en la actitud
de Santillán de cuidar a los compañeros aún a
costa de arriesgar su propia vida, y la otra
moral, la de los que mienten, los que hacen una
campaña televisiva diciendo otras cosas, los que
disfrazan a supuestos desocupados para romper
todo, para que la gente los odie. Es decir, son
dos modelos de sociedad, dos éticas, dos
criterios de vida: el que sostiene los valores de
la solidaridad, el amor y el compañerismo con la
propia vida y el modelo que para preservar un
determinado lugar de poder es capaz de hacer
cualquier inmundicia.
Si vos te vas con tu grabador y una cámara, y te
recorrés alguna de las barriadas más humildes
del 2° o 3° cordón del conurbano, y si lográs
tener una charla con la confianza que tenés
conmigo ahora, y les preguntás si están armados
y si alguna vez utilizan esas armas, muchos te
van a decir que sí, que las usaron o que las
llevan encima. Pero si con una realidad social
como la nuestra, han habido solamente en este
año, registrados estadísticamente, 1800
piquetes y en ninguno de ellos encontrás que un
policía haya recibido un solo balazo, me parece
que es bastante claro
Sería ridículo de
mi parte decirte que las organizaciones son tan
disciplinadas que discuten antes de salir al
piquete y que controlan a sus compañeros y les
sacan las armas. La gente eligió un método de
lucha que no es precisamente ir a un
enfrentamiento armado.
-
¿Cuál es la lectura que hace la CTA
de los acontecimientos del 19 y 20 de diciembre?
- En agosto se llevó a cabo la Asamblea
piquetera en La Matanza. Entonces se aprobaron
tres cortes sucesivos de ruta contra la ley de
déficit 0 de Cavallo, los planes de ajuste y por
la libertad y el desprocesamiento de los
compañeros presos.
Ahí se produjo un auge muy marcado de lucha en
la Provincia de Buenos Aires. La provincia había
entrado en una bancarrota financiera, empezaron
los atrasos salariales, que no ocurrían en
años
digamos que la provincia se
"argentinizó", se empezó a parecer al
grueso de las otras provincias. Los picos de los
conflictos fueron elevadísimos, la forma de
lucha era cada vez más enérgica. La CTA estuvo
inmersa en una campaña por una consulta popular
sobre la redistribución de la riqueza a partir
de que el estado garantizara un ingreso mínimo a
través de un seguro de empleo de $380, una
asignación de $60 por hijo, etc. Esto se
programó para diciembre y de alguna manera en el
camino llevó a que la mayor parte de las
organizaciones de la Central se dedicara a
organizar la consulta. Quizás no se llegó a ver
la magnitud de la situación política que se
venía, quizás se puso el acento ahí y se
desatendieron los esfuerzos en profundizar la
organización y la lucha de los propios
trabajadores. No se alcanzó a ver que la crisis
se devoraba toda posible salida dentro de los
márgenes de un plan como el que se estaba
planteando. Que los planes dictados por el Fondo,
de sacarle cada vez más a los que menos tienen,
no permitían una continuidad de la política
imperante. Que el flujo de capitales externos se
había acabado y la posibilidad de cobrar más
impuestos internos también se había cerrado, y
que en esa crisis, además, los grandes capitales
iban a elegir fugarse abiertamente ante la
imposibilidad de contener el conflicto social que
crecía con la bancarrota de las provincias.
Quizás el plan con el que se había intentado
cerrar por arriba, que era el plan de López
Murphy, y que consistía en poner a la venta la
educación y la salud como mercancías con las
que hicieran negocios empresas nacionales y
multinacionales, ya había sido derrotado por la
lucha popular. Y el auge y la continuidad de esa
lucha, y el descrédito del gobierno de la
Alianza y de los políticos en general, hacían
imposible sostener aquéllo. Creo que eso no se
vió en la magnitud de que se abría la
posibilidad de una situación histórica que
rompiera con lo que dominó desde la dictadura.
Lejos de retroceder frente a los ataques del
poder, la respuesta fue avanzar más. Lo que
sorprendió a la CTA en la consulta es que fue
elegida por vastos sectores del pueblo como una
herramienta para expresar su descontento. Mucho
antes, sin embargo, hubo una consulta más
importante que fue la elección del 14 de
octubre, donde claramente en el voto en blanco,
en el voto nulo y en la abstención, así como
también, en menor medida, en el crecimiento del
voto con expresiones críticas o cuestionadoras
del sistema, una mayoría se había expresado
claramente. Todas estas señales se conjugaron y
por supuesto el ataque abierto que significó el
corralito a un sector que, menos de un año
atrás, quizás creía todavía en la Alianza.
Era un despojo que los involucraba. El 19 y el 20
encuentran a la CTA habiendo lanzado una marcha
piquetera para el 20, creo que sin haber previsto
la magnitud de estos acontecimientos. Y por eso,
en esos dos días, la respuesta popular no
encontró estructuras capaces de darle un cauce,
una perspectiva, y mucho menos una organización.
Yo creo que la CTA fue desbordada. Ojalá
hubiéramos encontrado una serie de
organizaciones de peso, especialmente entre los
trabajadores. Digo esto no porque seamos
laburantes, o porque estemos en un Sindicato o en
una CTA, sino porque tenemos la convicción de
que no hay futuro para la Argentina ni para
ningún proceso social de cambio progresivo que
modifique toda esta injusticia, sin que los
trabajadores sean los protagonistas centrales. No
hay posibilidad porque aquéllos que viven del
trabajo ajeno pueden pretender un cambio hasta un
punto: el que no ponga en riesgo la posibilidad
de seguir viviendo de ese trabajo ajeno. Esa
especulación en el trabajador o en el desocupado
no existe, y sólo existe como perspectiva
general mediata terminar con una situación de
explotación y tener un mejor nivel de vida y
más oportunidades para acceder a los bienes,
servicios y derechos que la sociedad le ofrece.
-
¿Cómo se ubican las asambleas
barriales en este contexto de lucha?
- Las asambleas son un espacio
hermoso, nuevo, lleno de potencialidad, y
también con límites. Las asambleas logran darle
un lugar a la búsqueda de una salida a esta
crisis desde una situación distinta a la que
ofrecían las instituciones tradicionales. Son un
ejercicio de algún grado de democracia directa
para definir algunas cuestiones, pero sin el
poder, por supuesto, que les permita a esas
discusiones trasladarse a los problemas
concretos. Creo que el futuro de la Argentina
tomará mucho de estas expresiones. Claro está
que se desarrollan mucho más en un ámbito como
el porteño, con una cultura, una tradición y un
conocimiento político, y en una franja de la
sociedad que es capaz de hacerse de más tiempo
libre para el debate, sin correr el riesgo de
quedarse sin comer. Las asambleas son un espacio
de inmensa búsqueda de democracia de verdad, de
ejercicio de una voluntad militante de miles y
miles de argentinos que, hastiados de una
experiencia frustrante en la vida política o en
las organizaciones sociales, recuperan ahí el
sentido del protagonismo, la posibilidad de
construir otra posibilidad. Son muy ricas, han
demostrado la potencialidad que tienen cuando
fueron capaces de convocar una gran cantidad de
gente el 24 de marzo. O el 27 de junio, a un día
no sólo de los asesinatos de los compañeros en
el Puente Pueyrredón sino de la campaña montada
por los grandes medios para explicar que las
muertes eran producto de la crisis y no de un
crimen organizado. Creo que si las asambleas
barriales se articulan con las luchas obreras y
de desocupados pueden alimentar un amplio frente,
capaz de enfrentar a los poderosos y de abrir
espacio a una nueva situación política.
-
¿Cómo se perfila el futuro?
- Tenemos un futuro muy difícil, muy oscuro.
El sólo hecho de que en los últimos tres o
cuatro meses hayamos recibido varias misiones del
FMI, a varios funcionarios norteamericanos de
primer nivel, como O Neill, sumado a la
actitud de querer meternos en la cabeza de que
algunos notables, socios de los bancos y de los
que depredaron la Argentina, nos van a venir a
explicar cómo salimos, habla de la decisión
política muy firme, en los centros de poder
mundial, de destruir la organización autónoma,
la resistencia obrera y popular. Y ya no sólo en
la Argentina sino en toda América Latina, como
se está viendo en Uruguay, Brasil, Venezuela,
Ecuador, Bolivia. Pero, a la vez, nada de eso
están logrando sin encontrar una enorme
resistencia y niveles crecientes de organización
y lucha. La magnitud de esa presión y la
resistencia como respuesta llevan a que los que
están en el poder apelen cada vez más a
mecanismos y planes autoritarios. Lo que buscan
es impedir la organización popular. Al mismo
tiempo, empujan a los sectores populares a
organizarse en la defensa, y a muchos otros
sectores a un alto nivel de desesperación. Van a
ser muy difíciles estos años de lucha. Años o
meses, porque quizás la situación se defina en
meses. Y esto no tiene nada que ver con la
convocatoria a elecciones que hizo Duhalde, que
no es más que una señal clara de su propia
debilidad. Al no poder resolver el conflicto de
seguir gobernando como hasta el 95 lo hizo Menem,
por ejemplo, haciendo todo lo que el poder
quisiera y teniendo un importante grado de
control en el conflicto social, nos introduce en
este nuevo caminito, donde la discusión pasará
por la cantidad de diputados, o el nombre del
candidato.
A mayor resistencia, habrá mayor derechización.
Las únicas medidas que tienen desde arriba son
medidas de más ajuste, de más hambre, y por
ende, de más represión porque no hay forma de
frenar la incontenible decisión de enfrentarlos
por parte de las organizaciones populares.
Necesitamos denunciar permanentemente la
posibilidad de un autoritarismo feroz, porque
sabemos las reservas democráticas que anidan en
tantos sectores populares. El futuro es difícil
pero está lleno de posibilidades en la medida
que encontremos la capacidad de construir un
proyecto, desde los trabajadores y el pueblo,
capaz de unir a las más amplias capas de la
sociedad para sostenerlo; de identificar bien a
los enemigos, no comernos los espejitos de
colores que nos venden los ONeill y
compañía; de enfrentar profundamente, desde la
organización popular, desde nuestras formas
alternativas, los mensajes tramposos de aquéllos
como los Hadad o como el grupo Clarín o como
todos los que nos quieren confundir todo el
tiempo, y no creer el verso de que con esta farsa
electoral se va a resolver alguno de nuestros
problemas. Si el empeño de los trabajadores y
del pueblo es organizar su propia resistencia,
sus propios mecanismos de debate, sus propias
luchas, sabiendo con claridad que riqueza en la
Argentina sobra para que nadie pase hambre, para
que nadie sea condenado a sufrir, y que esa plata
hay que ir a buscarla en aquéllos que se
enriquecieron y que se siguen enriqueciendo en el
país o que se la llevan afuera, si nos
convencemos de eso y peleamos por eso, haremos
una experiencia de lucha donde seguramente nos
acercaremos al camino para cambiar esta realidad.
Este es un periodo histórico de ésos que no se
repiten, es un periodo, quizás, como el del 69
al 73; quizás como el de los años 45; quizás
como en algún momento del siglo en el que los
conservadores terminaron como posibilidad de
gobierno en la Argentina. En un periodo así, si
las organizaciones de los trabajadores y del
pueblo despliegan toda su actividad para ganar
una conciencia de que la explotación y la
injusticia se pueden modificar, y que la clave es
basarse, primero, en la firme unidad de aquéllos
que sólo tenemos nuestra fuerza de trabajo para
salir adelante, de aquéllos que producimos la
riqueza, y no de aquéllos que se apropian de la
riqueza engendrada por el trabajo ajeno, si nos
unimos desde allí, vamos a salir adelante.
Estamos en una oportunidad inmejorable para
discutir estas cuestiones y para encontrar enorme
apoyo de sectores del pueblo que, aún sin estar
explotados en la producción, como pequeños
comerciantes o como pequeños empresarios, se dan
cuenta de que no va a ser con un proyecto propio
como van a superar la crisis. Estos sectores
también son conscientes de que su futuro es la
ruina. En este proceso tan rico, un montón de
empresarios abandonó la decisión de producir,
decidió dejar trabajadores en la calle y
alimentar procesos de quiebra para zafar de pagar
indemnizaciones. Y sin embargo, los trabajadores
están demostrando hoy que son capaces de volver
a la producción, de poner las fábricas bajo su
control, de llevar adelante desde esas
experiencias la posibilidad concreta de producir,
de vender, y de procurarse un sustento. Si los
trabajadores somos capaces de, por ejemplo,
producir los insumos de los laboratorios de los
hospitales públicos, como el Posadas; si somos
capaces de trabajar las minas, como están
haciendo los obreros de Río Turbio que, a pesar
del decreto nacional que las reestatizó pero que
impide la explotación, en estos días produjeron
2000 toneladas de carbón; si somos capaces de
salir adelante en lo chiquito, seguramente vamos
a confiar en que podemos construir un país sin
esa casta de delincuentes que gracias a los
negociados con los grandes grupos económicos,
siempre les va cada vez mejor. Pero ahora les va
mal; hoy los políticos, de esos que entregan al
pueblo argentino, los sindicalistas, de esos que
entregan a los trabajadores, por suerte no pueden
salir más a la calle, sin por lo menos ser
insultados en cualquier esquina. Y eso es un gran
avance para nuestro pueblo.
Agradecemos a la Revista
NOS/OTROS, publicación mensual de la Asociación
Trabajadores del Estado (ATE), por habernos
facilitado el material gráfico.
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