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CARLOS
ASTRADA
Heidegger
La Técnica, la Historia y el Ser
Del libro Martín Heidegger (De
la Analítica Ontológica a la
Dimensión Dialéctica) /
Editorial Quadrata, Buenos Aires
2005Por la fuerza y
extensión que ha adquirido la
técnica en el mundo
contemporáneo ella ha devenido
una potencia histórica. Por su
necesidad mecánica y su
determinismo coactivo amenaza la
libertad del hombre y de hecho
interfiere en ésta. De ahí que
el problema del destino del
hombre, en función de y bajo la
tutela del ser se torna a
plantear en forma acuciosa,
según Heidegger. Para éste la
técnica hace la historia, dando
lugar al olvido del ser, la Seinsgeschichte
implica este olvido en virtud de
que la filosofía misma ha
contribuido a él por haber
devenido una mera técnica
del conocimiento, alejándose de
su tarea originaria que era
pensar el ser.
Heidegger concibe la
técnica y su complejo
instrumentario aislados de los
factores económicos, y del
antagonismo propio de inabolibles
factores sociales. Para aquél,
el proceso histórico o
simplemente la historia- tendría
sólo por tarea y misión: hacer
madurar lo que por la técnica y
en la técnica fue comenzado. De
donde el destino de la historia
no es el destino del hombre. Esta
idea heideggeriana deriva de otra
considerada como esencial: que la
técnica expresa y agudiza un
elemental antagonismo que acaece
en el seno de la historia del ser
mismo. Entonces cabe preguntar:
¿qué participación tiene el
hombre en esta pugna o
antagonismo? Según Heidegger,
ninguna. El hombre es sólo el
lugar en el que esta lucha o
antagonismo se torna visible.
Además, el hombre es mero
auxiliar de la historia, porque
ésta desenvuelve su proceso, sin
contar decisivamente con él.
Esta es la tesis
formulada por Heidegger en Einblick
in das was ist (Vistazo o
rápido examen en lo que es). Es
que "en verdad
ahora
la esencia del hombre es
requerida para prestar ayuda a la
esencia de la técnica. ¿Dice
esto que el hombre esté
entregado impotente a la
técnica, para su prosperidad y
su ruina? No. Ello dice lo
puramente contrario; no sólo
esto, sino esencialmente más,
porque dice otra cosa".
Según Heidegger, pareciera que
la técnica fuese un medio en
manos del hombre, pero, en el
fondo, no es así. Es que la
técnica jamás puede dominarse
ni positiva ni negativamente
mediante un hacer humano en sí
regulado. "La técnica, cuya
esencia es el ser mismo no puede
jamás llegar a ser superada por
medio del hombre. Esto
significaría, pues, que el
hombre fuese el señor del
ser". Pero, para Heidegger,
el hombre es sólo y apenas el
pastor del ser, que aguarda su parusia.
Si la técnica no
puede ser humanamente superada,
"en cambio, la esencia de la
técnica puede ser olvidada en su
oculta verdad". Pero algún
papel ha de tener el hombre en la
posible mutación de la técnica,
así como no puede negarse que lo
tuvo en su puesta en marcha. Es
que, "la esencia de la
técnica no puede ser dirigida en
el cambio de su destinación sin
el concurso de la esencia del
hombre". Es necesario,
empero, determinar en qué medida
y por qué medios el hombre
prestará su concurso en la
mutación de la técnica. Cambio
en el destino de la técnica
supone transformar el mundo
circundante, incidiendo en la
naturaleza y el espíritu, dentro
del ámbito de la historia, por
medio de la intervención en su
proceso. Asimismo el transformar
el mundo supone un cambio en el
pensar quizá en su raíz
histórica. Y toda esta tarea
supone y exige mucho más: un
método, un camino para el
pensar, el que ha de moverse en
una dimensión sui generis.
Estos son los problemas a
dilucidar
El origen y esencia
de la técnica no son de
carácter técnico. Ello, según
Heidegger es una consecuencia y
destinación del ser y del olvido
del ser. Desde que la historia,
de hecho, es un antagonismo y
síntesis de intrincados poderes,
el destino que ello entraña no
es, por cierto, el destino del
hombre, aserción que implica
algo evidente e innegable. Se
impone la pregunta: ¿la voluntad
y la libertad del hombre, empero,
intervienen en el proceso de la
historia siquiera sea en mínima
parte? Ya hemos anotado que
Heidegger considera al hombre
como un simple auxiliar de la
historia, pero sin participar, en
forma decisiva en el rumbo de
ésta y en su acaecer. A este
auxiliar de la historia no lo
asiste ningún Dios providente
pues la metafísica, de acuerdo a
su constitución Onto-Theo-Logische,
no conoce un Dios creador, sino
un Theo como causa sui,
la que es indiferente ante las
tribulaciones del hombre: "Causa
sui. Así reza el nombre
correctamente apropiado para el
Dios en la filosofía. A este
Dios, el hombre no puede orar, ni
hacerle sacrificios. Ante la causa
sui no puede caer de rodillas
por temor, ni él puede ante este
Dios hacer música y
bailar".
Dentro del contexto
de este problema, la conclusión
a la que arriba Heidegger
encuentra su incisiva
formulación en estas palabras:
"La constelación del ser es
la denegación (recusación) del
mundo como el abandono de la
cosa. Denegación no es
nihilidad, ella es el supremo
secreto del ser dentro de la
dominación de lo técnicamente
elaborado (des Ges tells).
Si Dios vive o queda muerto no se
decide por la religiosidad de los
hombres y aún menos por
aspiraciones teológicas de la
filosofía o de la ciencia
natural. Si Dios es Dios acaece a
partir de la constelación del
ser y dentro de ella".
Las citas fueron
extraídas de Die technik und
die kehre
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