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Arte, Vanguardia y Ciudad

El museo moderno y la
metrópolis insurreccional

 

 

 

El tema de las vanguardias estéticas recorre la modernidad metropolitana: comprender la ciudad desde el arte que se rebela al canon y traza alternativas. Dos cuestiones surgen casi de inmediato: las posibilidades actuales de movimientos emancipatorios como los surgidos a fines del XIX y sus campos de acción. El arte, la arquitectura, la literatura, el cine y demás formas estéticas constituyen un determinado tipo de ciudad y a la vez son conformados por las continuas transformaciones urbanas. La intensidad de estas transformaciones será directamente proporcional al estatus de la metrópolis, a sus posibilidades materiales y sobre todo, a su interrelación con los otros centros mundiales (la ciudad moderna es, ante todo, un conocimiento que se transmite con intenciones siempre colonizadoras). En este contexto, el espacio museo y el espacio metropolitano redefinen sus límites. El museo moderno adopta de la ciudad sus formas de organización espacial así como sus mecanismos de funcionamiento y percepción (salas participativas; recorridos integrados; medios audiovisuales que emiten señales a la espera del transeúnte interesado; el manejo de la luz y, en consecuencia, de la oscuridad; la ciudad exhibida como obra de arte a través de transparencias y diseños abiertos, etc). A la vez, la ciudad se descubre como productor y difusor de arte tanto por sus manifestaciones concretas y marginales (y muchas veces, espontáneas) como por su capacidad de transformar, a velocidades cada vez mayores, sus materialidades y sus espacios. En realidad, la ciudad contemporánea estetiza al tiempo en su carácter fugitivo a través de esa producción formal que no cesa y que, por motivos de supervivencia, invade (o intenta hacerlo) todos aquellos espacios que erigen la permanencia como valor distintivo. Museos y academias pero también el pensamiento canonizado y la historia se ven, muchas veces, como al costado del camino de esta fuerza que tiene como premisa, a la manera de Benjamin, la destrucción como acto creativo y a la creación como efecto destructivo. El tipo de ciudad resultante estará definido entonces por el sentido de esta fuerza dado por los poderes que se apropien de ella.

 

La ciudad contemporánea, desde este lugar, viene a ocupar, como ninguna otra expresión artística, el lugar dejado por las malogradas vanguardias de fines del XIX y principios del XX. 

 
 
 
 

 

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