/ Literatura y Ciudad

   


Buenos Aires 1932
Peña de artistas en Boedo
ROBERTO ARLT

 

En la terraza del café "Biarritz", no en el Biarritz europeo, sino el de Boedo, funciona una peña de artistas. Peña, como se sabe, significa una roca que resiste embates, tanto que, al principio, mucha gente, al oír hablar de una peña de artistas creía que se llamaría peña porque los individuos que allí se reunían tenían un cerebro granítico o de adoquín.

Estas peñas graníticas por lo general se instalan en los sótanos de los cafés. Por ejemplo, Signo, del "Castelar", y la Peña, del "Tortoni", ambas situadas en los subsuelos de los citados establecimientos.

Lo real es que todas las peñas estaban instaladas en la Avenida de Mayo y sus proximidades, hasta que un día al autor teatral González Castillo, natural de Boedo, se le ocurrió que la muchachada proletaria de Boedo bien podía tener su local donde reunirse, hacer música, exponer cuadros, organizar revistas orales, leer conferencias, y entonces, animado de tan excelente propósito, fue a verlo al dueño del "Biarritz", el cual le dijo que no disponía de un sótano, pero sí de una terraza llena de cachivaches. Subió a la terraza González Castillo, tropezó con un galponcito de cinc repleto de trastos y el negocio quedó consumado. Había que reformar el galponcito: se llamó a un carpintero… y henos aquí ahora con una maquinaria en marcha, perfectamente lubricada y mejor montada.

 

 

Qué es la Peña de Boedo

Boedo, quiérase o no, tiene una importancia extraordinaria en el desenvolvimiento intelectual de nuestra ciudad. Tanta importancia que hace años ha originado un cisma entre los literatos: se es de Boedo o se es de Florida. Se está con los trabajadores o con los niños bien. El dilema es simple, claro, y lo entienden todos.

Boedo es el foco de la literatura clandestina, de las ediciones baratas que no pagan derechos de autor, ni de imprenta ni de venta ni de nada. En la jurisdicción de Boedo se venden muchos más libros que en toda la calle Corrientes y Florida.

Como es lógico, un barrio que absorbe tanta literatura, no podía carecer de artistas, pintores, escultores, poetas y varios matices más de aficionados a las bellas artes. Esta gente andaba semidispersa en los cafés del barrio. Cada uno tenía sus hinchas, sus amigos y sus antipatías. El mundo se encuentra construido así, y hay que tomarlo.

Pero el caso es que cuando los muchachos tenían que exponer sus pinturas u organizar un concierto, se veían obligados a recurrir a las peñas oficiales, casi siempre a la del café "Tortoni". Allí incluso se citaban.

Así marchaban los intereses artísticos del barrio hasta que González Castillo comenzó a traquetear a diestra y siniestra para organizar un refugio, y la verdad es que lo ha conseguido ampliamente.

Por su parte, el dueño del café "Biarritz" ha hecho un buen negocio cediéndole la terraza, pues el salón de madera, construido por un carpintero pesimista, resulta ya chico para contener todos los aficionados intelectuales que se reúnen allí.

 

 

Quiénes son

A la peña de Signo concurre la gente bien con inquietudes artísticas. En cambio la del "Tortoni" es frecuentada por la pequeña burguesía. Semejante clasificación no tiene otra finalidad que precisar la calidad de los elementos humanos animados de la misma inquietud de intención.

En la peña de Boedo, llamada Pacha Camac, que en idioma incaico quiere expresar "genio animador del mundo", se reúne el proletariado inteligente de la barriada.

Son obreros que leen, escriben, estudian, ensayan, y muchos de ellos, como buenos hijos de italianos, son aficionados a las artes plásticas.

Las paredes blancas del Pacha Camac, están cargadas de abundantes muestras de arte proletario, de obras de muchachos y hombres que en las horas de descanso han tomado un buril o un pincel. Así veo una cabeza tallada a mano de un cuero crudo, obra de un mozo lavador de platos cuyo nombre lamento no poder recordar, así como el de algunos escultores, pintores y aguafuertistas, que son dignos de atención. Me enseñan los cuadros de una chica vecina del café "que vive a media cuadra…"

Esto es reconfortante y hermoso.

Allí se habla de arte, se discute, se piensa… y lo que es más importante aún, el novato en los escarceos artísticos encuentra posibilidades de hacerse conocer, y, si tiene valores, de ser estimulado y ayudado a ocupar el puesto que se merece.

Los inscriptos a la Pacha Camac, aumentan diariamente. Existe un interés visible, innegable, en muchos de los habitantes de la barriada por las obras de arte, y una inquietud que afianza aún más la necesidad de reunión, intercambio de ideas y discusión.

- Nosotros no soñábamos en tal éxito –me dice González Castillo.- Ahora sí que podemos pensar en organizar un teatro aquí en esta terraza, que está libre de las terribles exigencias de la taquilla. Además tenemos que organizar una biblioteca… pero ya todo está en marcha y no ha de demorar.

Me despido de González Castillo, pensando que su iniciativa debía ser imitada en todos los grandes barrios: Flores necesita una peña semejante, otra Triunvirato, Mataderos, Liniers.
En fin, hay que ser optimista.

(1932)

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