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Comunicación, cultura y sociedad / Literatura


Al margen del cable
ROBERTO ARLT
Quieren acortar la distancia… ¿Para qué?

Crónica publicada en El Nacional de México, el 18 de setiembre de 1938 y reproducida en el libro Al margen del cable. Roberto Arlt (Losada, Buenos Aires 2003)

Un trébol gigante de cuatro hojas. Un trébol de paletas tan lustrosas que el ingeniero, calvo y de pie junto a una de ellas, se refleja como en un torsionado espejo de feria. Este trébol gigante pesa 54 toneladas, y recorta el humoso fondo de la fábrica con sus hojas brillantes. Cuatro de estas flores surgen horizontalmente del bajo vientre de acero del "Queen Mary". El agua, rizada en torno a las hélices, brillante como el lomo de un pescado en la zona de sombra, torna casi invisibles dos botes cuadrados donde fuman hombres con impermeables. Son técnicos que en el dique seco revisan el casco del gigante de los mares. Porque su consigna es: "Aumentar la velocidad".

Un telegrama dice:
"El ‘Queen Mary’ ha batido su tiempo récord estableciendo una velocidad horaria de 31,69 millas por hora". Es decir, más de 57 kilómetros por hora.

Sin embargo los ingenieros no están satisfechos. Se habla de construir monstruos acuáticos que vuelen a través del océano a la velocidad de un tren expreso: 68 kilómetros, es decir, 38 millas horarias. Como en uno de esos sueños con cifras, que tanto se deleitaba en desdoblar el padre de "La Ciudad Flotante", los monstruos del año que viene, del próximo, del otro, revelan el anhelo del Baal-Moloc técnico. Motores de 400 mil caballos de fuerza pondrán en marcha un casco de medio kilómetro de largo, de líneas aerodinámicas. Es "La Ciudad Flotante", de Julio Verne. Cubrirá el trayecto entre Europa y la América del Norte en 84 horas.

Y alguien dice, alegremente:
"Cada vez son más cortas las distancias entre América y Europa".
Alguien dice, alegremente:
"Cada vez más los récords del mes pasado se convierten en anticuados en relación a los de la semana entrante".

Pero el hombre detenido frente a la agencia de navegación, el hombre que lee su periódico en el tranvía, pregunta:
"¿Nos beneficia en algo esta proximidad con Europa?"
A veces se recuerda La guerra de los planetas de Wells.
Hombres viscosos como pulpos, crueles como pulpos, fríos como pulpos, metidos en trípodes gigantes, armados de abanicos de rayos mortíferos, caen sobre la Tierra y comienzan fríamente a limpiarla de hombres.
¿Por qué este afán de Europa de acercarse cada vez más a nuestra América?
Cuando no son sus aviones, son sus naves. Cuando no son sus aviones, cada vez más potentes, son sus naves, cada vez más poderosas. Más rápidas. ¿Para qué más rápidas?
Nosotros miramos. Abrimos la boca como los indígenas del tiempo de la conquista frente a las brillantes armaduras del conquistador y nos la queremos dar de sabihondos. Pedantescamente exclamamos:

-Esto es el progreso.

¿Por qué quiere Europa estar tan cerca de nosotros?
¿Acaso es tan apremiante que los turistas y los hombres de negocios viajen con la velocidad del rayo?
¿No se lee en todos los periódicos que el turismo está en bancarrota, que los negocios se presentan cada día que pasa más dificultosos?
Es curioso. Pero frente a un proyecto de los ingleses, los alemanes lanzan otro:
"Fabricaremos un transatlántico de 90 mil toneladas", es decir, 10 mil toneladas más que el "Queen Mary". ¿Por qué esta gente, que come sandwiches de madera de muebles viejos y sopa de paja, quiere aproximarse tanto a nosotros?
Día a día son sus aviones. Primero aviones de tipo experimento, luego tipo standard…Mañana, pasado, cruzan el océano con motocicletas…Nosotros, cruzados de brazos en la orillas, los miraremos llegar y batiremos palmas.
En tanto, dramáticamente, en los cementerios de buques de Europa se pudren transatlánticos magníficos. Como doloridos inválidos, se ven las hileras de cascos de estos príncipes de los mares oxidándose lentamente en espera de tráficos mejores.

Pero la consigna de estos países de hambrientos no parece consistir en "utilicemos lo que tenemos", sino "superémonos".
¿Quién pagará el final de este sueño de superación?
Nosotros no lo sabemos, pero vivimos en la región paradisíaca del planeta. Llueven las salchichas y los panes de nuestros cielos. Al otro lado, temerarios, hambrientos, hostiles, viscosos, nos acechan los hombres que comen sandwiches de madera de muebles viejos y sopa de paja. Su consigna es:
"Acortemos la distancia".

¿Qué va a suceder el día en que hayan acortado la distancia a la medida de sus conveniencias?

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