Inicio | N° Publicados | Comunicación | Literatura | Cine | Apuntes Arte | Libros | Hemeroteca | Fotos | Ciudad | Notas de Tapa

/ BA al rojo vivo

     

 

Nota de tapa 9 / Año II Abril 2003
La ciudad en feriado
Días de fiesta

Los feriados provocan en las ciudades modernas un efecto de vacío que las tornan ligeramente irreales. No es tanto por la disminución de gente sino por la atmósfera, por el aire enrarecido de ausencia de lo cotidiano. Durante estos éxodos masivos acontece un curioso movimiento. El hombre metropolitano escapa del hábitat que lo consume, provocando a la vez la interrupción del mismo. Como si llevara en sus valijas aquéllo de lo que está huyendo. La idea de irrealidad que flota entonces en la ciudad implicaría que la verdadera identidad está dada por sus actividades laborales y que lo que queda, sin ellas, sería apenas una sombra. A veces ocurre, sin embargo, que las sombras son más interesantes que los cuerpos iluminados. Y que las horas supuestamente muertas están increíblemente vivas. Cada número rojo en el calendario es, en principio, una retirada de la concertación y una apertura a nuevos códigos. Superado el primer momento, el shock que nos provoca, por ejemplo, un jueves a la mañana en silencio, la ciudad se va recomponiendo lentamente en un perfil desconocido. Calles, plazas, edificios y hasta la misma gente se nos presentan como si de golpe nosotros, los que nos quedamos, también nos hubiéramos trasladado a otro sitio, vagamente familiar. No solamente falta el vecino o están cerrados los negocios de la cuadra; los itinerarios, los recorridos, los atajos y hasta los imprevistos de la rutina diaria se ven abruptamente trastornados. El ruido del esporádico colectivo que escuchamos de pronto, un llamado telefónico equivocado, un cruce casual de miradas durante el vagabundeo errático por las calles desiertas, siempre provocan inquietud (a diferencia de los otros días en los que por exceso de estímulos estamos medio anestesiados). Es como si la ciudad seleccionara instantes, sonidos, imágenes, olores y los recortara contra el vacío, instaurando un nuevo orden de cosas (el estar aquí, cuando se tendría que estar, por mandatos sociales, en lugares placenteros, implica a la vez una involuntaria complicidad –al margen de que cada uno lo tome como un castigo, una necesidad o una elección): cada uno de esos acontecimientos, en vez de estar encadenados como en los días hábiles, se hallan suspendidos por un tiempo que, definitivamente, nunca será utilizable. El espacio de una ciudad en feriado es justamente el de la interrupción, el de la muerte del ritmo metropolitano –por eso cierto aire de velorio- y cómodo, y la apertura a lo inesperado. Es el tiempo y el espacio que escapan a las rutinas establecidas -de allí tanto esfuerzo por "ordenarlos" en viajes turísticos- y quedan librados a nuestra capacidad de experimentarlos con la extrañeza de la primera vez. Algo similar a lo que ocurre durante algunas madrugadas.

Redacción de Contratiempo
18 de abril de 2003

A Notas de Tapa
A Inicio

 


2000-2003 Revista Contratiempo | Buenos Aires | Argentina
Directora Zenda Liendivit

/