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Nota de tapa
14 / Año II / Setiembre
2003
Elecciones
porteñas
Los
desconocidos de siempreCada vez que
en los medios
periodísticos se hace
referencia al estilo K,
no puedo dejar de pensar
en el personaje de El
Proceso. En ese
hombre que deambula por
corredores, pasillos y
oficinas siempre
desconcertantes; que
deambula por la
existencia sin llegar a
conocer jamás las
reglas, las leyes y a las
autoridades que regulan
su vida y su muerte. En
una curiosa inversión de
posiciones, algo parecido
ocurre en estos tiempos
electorales. El poder (el
que está, el que aspira
a estar, los grandes
medios de comunicación)
se encuentra frente a
vericuetos extraños, con
recorridos por lo general
sorprendentes y casi
siempre inexplicables. Es
que Buenos Aires se ha
convertido en una ciudad
incierta y esa
incertidumbre pone en
juego viejas hegemonías.
Cuando los grandes
diarios y canales de
televisión mostraban
simpatía por el actual
jefe de Gobierno (y de
paso enviaban un claro
mensaje a sus millones de
lectores y televidentes);
cuando el propio
presidente salía a
respaldar la gestión de
aquél (y de paso, según
los encuestadores,
duplicaba sus
posibilidades de
triunfo), quien más
quien menos sospechó que
el candidato empresario
se quedaría sin aire:
medios de comunicación y
presidente popular no
eran los mejores
adversarios. Sin embargo,
para sorpresa de casi
todo el mundo, la
poderosa alianza no fue
suficiente en esta
primera ronda. Muchos
optaron por lo que ya
viene siendo una
constante: la
indisciplina mediática,
aunque los medios sólo
hablen de la partidaria.
Y aquí surge entonces la
duda: ¿cuál es el
límite actual de la
popularidad, el liderazgo
y las influencias
comunicacionales?: al
parecer, y según lo
demostrado en las
últimas elecciones, esos
intrincados, oscuros e
imprevistos vericuetos
que conforman la voluntad
del electorado -trazados
que ya empiezan a
desvelar a todo futuro
candidato-. Es evidente
que los grandes grupos
periodísticos ya no
gozan de la influencia
que pretenden; es
evidente que tampoco hay
espacio para las
devociones. Sin embargo,
una pelea de gabinete, la
presidencia de Boca, la
falta de memoria, el
carácter contradictorio
del espíritu humano, el
voto indeciso, el oculto
o el distraído, resultan
insuficientes para
explicar la derrota
oficial del domingo 24.
Tal vez sin nos diéramos
una vuelta por la ciudad,
por aquellos lugares que
sorpresivamente se
inclinaron por un
postulante ubicado en sus
antípodas, empecemos a
desentrañar el misterio.
No
es ninguna novedad que,
hace rato, gran parte del
sur de la capital está
excluida de cualquier
proyecto urbanístico
importante. Si la
planificación de Buenos
Aires quedó librada a la
voluntad especulativa,
convirtiéndola de
acuerdo a los intereses
de turno en tierra de
nadie a veces, en
cárceles lujosas, otras,
es indudable que el sur
siempre se llevó la peor
parte. De un pasado
proletario y fabril no
podía tener sino un
presente desocupado y
residual, descartable y
obsoleto como las
fábricas quebradas que
conforman su paisaje. La
precariedad habitacional,
el deterioro de los
espacios públicos, la
deficiencia (o, a veces,
inexistencia) de las
infraestructuras
básicas, la degradación
ambiental, las altas
tasas de mortalidad
infantil, de ausentismo
escolar, de desocupación
y la concentración del
95% de las villas y
asentamientos de la
capital, hacen del sur no
sólo la nefasta
consecuencia de las
políticas municipales y
nacionales de las
últimas décadas, sino
también su vivo
recuerdo. Por lo que
mientras no se encare un
proyecto de reactivación
de la zona que atienda
sus necesidades
específicas, sus
carencias, sus
potencialidades, mientras
no se revierta el proceso
de degradación y olvido
en el que se halla
sumergida, será muy
difícil prevenir a los
vecinos de posibles
retornos peligrosos. No
se puede temer la vuelta
de algo que todavía no
se fue.
Es
más probable que los
sectores expulsados de
las decisiones oficiales
continúen con su propio
derrotero, generando el
mismo desconcierto que le
provocan a K esas leyes
desconocidas. Y claro,
ambos serán, como en la
obra de Kafka, partes de
la misma maquinaria.
Ojalá que las buenas
intenciones no corran la
misma suerte del
personaje, que va a su
propia ejecución sin
enterarse jamás del
crimen cometido.
Setiembre
de 2003
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