/ Contratiempo Revista de cultura y pensamiento / La cultura crítica en América Latina / Otoño - Invierno 2007 / N° 2 Edición Impresa

       


Foto: Indios Guatemala Siglo XIX

Gustavo Fabián Alonso es profesor y Licenciado en Historia (Universidad Nacional de Luján). Trabajó como referencista en el Departamento de Documentos Escritos del Archivo General de la Nación. Publicó artículos en torno al tema de la vagancia en la colonia, en la revista Prohistoria de Rosario y en la revista Historias de la ciudad. Sus investigaciones se centran en la historia social y cultural de las clases subalternas en la época colonial.

 

Los estudios sobre la justicia en la América Colonial
GUSTAVO FABIÁN ALONSO

Introducción

 Durante décadas, los trabajos sobre el mundo rural en la América colonial de los siglos XVIII y principios del XIX, estuvieron centrados principalmente en el estudio de la organización de la hacienda como única estructura posible y explicativa de los componentes económicos y sociales del mundo colonial, alrededor de la cual “giraban” los demás sectores de la sociedad[1].

Sin embargo, desde los primeros ańos de la década del setenta, estos se han visto influenciados en un primer momento por los estudios de autores marxistas británicos, en especial de Eric Hobsbawm, en torno al bandolerismo social y a la criminalidad rural[2], como fenómenos explicativos del accionar de las clases subalternas en su intento por cambiar el orden impuesto por los sectores de poder.

Estas influencias historiográficas produjeron  un cambio de óptica sustancial con respecto a los estudios sobre el poder terrateniente colonial. Así, muchos trabajos se han ido apartando del estudio clásico de la organización económica-social basada y sustentada por la hacienda, hasta ese momento eje y origen de todas las relaciones económicas y sociales del mundo colonial español, para centrar su análisis sobre un conjunto de factores externos a la misma.

La característica esencial de estos estudios latinoamericanos, fue el análisis no sólo de las grandes revueltas y rebeliones campesinas como explicación estructural y macroregional de los conflictos con el orden colonial[3], sino también de las diversas formas de criminalidad social desplegadas por las clases subalternas tendientes a revertir el orden impuesto.

Como resultado de ello, se ha hecho hincapié en una variada gama de elementos y factores que conforman un mundo rural mucho mas complejo y estratificado, donde los estudios regionales han cobrado gran importancia para poder explicar las relaciones económicas y sociales de la América hispanocolonial y donde se hacen presentes también  una constelación de medianos y pequeños productores agropecuarios independientes a la hacienda.

Las revueltas campesinas, cualquiera sea su tipo y su grado de éxito,  ya no se analizan como un fenómeno más de las tensiones generadas en la estructura agraria, sino como uno de los principales factores que conforman tal estructura. En este sentido, el poder terrateniente no depende solamente de las derivaciones del mercado y las fluctuaciones económicas, sino también de las respuestas y solicitudes de todos los actores sociales de la comunidad, inclusive de las clases mas bajas de la misma.

El estudio de las diversas formas de resistencia campesina, desde la mínima acción subalterna hasta la rebelión generalizada, requiere necesariamente la apelación a las fuentes judiciales desde las más diversas ópticas de estudio, como la semiótica, la crítica literaria y los análisis de textos. Estas fuentes también pueden ser analizadas desde diferentes perspectivas metodológicas, que incluyen los estudios de tipo antropológico y criminológico, hasta  incluso las relaciones de género de las mentalidades.

 

Las rebeliones

Guiados por estas nuevas inquietudes, los historiadores comenzaron a trabajar sobre las diversas formas de resistencia campesina. Y una de las primeras fue el estudio de las grandes rebeliones que sacudieron al mundo indígena en las postrimerías del siglo XVIII y principios del siglo XIX. En este sentido, los trabajos compilados por Stern[4], muestran una perspectiva de análisis diferente al revalorar variables  temporales, ideológicas y geográficas hasta ese momento olvidadas en otros trabajos de este tipo. Estos  atendieron mas a circunstancias de orden económico (como la protesta por el pago de altos tributos o el trabajo forzado) y consideraron aquellas rebeliones  como un conjunto unitario, sin distinguir la escala entre conflicto y rebelión generalizada.

Según Stern, la historiografía sobre las rebeliones andinas del siglo XVIII no tuvo en cuenta el valor de las pequeñas insurrecciones y conflictos menores que se sucedieron durante las décadas de 1740-50 en adelante, y que posteriormente desencadenarían la gran rebelión de 1780-82, además del estudio de zonas geográficas alejadas de los polos insurrectos que durante décadas registraron pequeños conflictos regionales[5].

Para solucionar estas carencias, Stern propone cambios metodológicos interesantes, en el sentido de prestarle atención a la reciprocidad que se establece entre la conciencia moral y la explotación material de los grupos indígenas, lo que le otorga importancia  a los valores étnicos y a la conciencia de estos grupos. Además, cuestiona la escala temporal de los anteriores trabajos y sustenta la idea de una interacción dinámica de los diferentes niveles de tiempo: estructurales, coyunturales y episódicos.

Por otra parte, los niveles de análisis microregionales permiten distinguir claramente los lugares exactos de insurrección en una región mayor que, de pronto, en un análisis macro sería difícil evidenciar.

El trabajo de Mörner y Trelles[6], cuestiona la correlatividad de la actividad insurrecta con el porcentaje de forasteros en la región de Cuzco sobre la población indígena total y con las tasas de explotación impuestas por el reparto de mercancías.

Estos autores encuentran que las insurrecciones se dan en regiones con población no india, pocas haciendas y escasos indios residentes en estas últimas. Esto significa que, donde menor es la injerencia de autoridades no indias (ya que este tipo de poblados indios se ubican en zonas alejadas del control político colonial o de los corregidores indios), mayor es el “espacio social” donde interactúan los grupos indios, con la consecuente facilidad de movilización insurreccional.

El estudio de Campbell[7] analiza el faccionalismo existente entre las poblaciones andinas que aparecen unificadas en un objetivo común, la insurrección. Destaca los obstáculos insalvables de la división geográfica, étnica-parlante y política de los grupos insurreccionales, que trataban de ser amalgamados por un simbolismo mitológico propiciado por los líderes de la insurrección.

El surgimiento de dos tipos de liderazgos, los tupamaristas y los kataristas, en diferentes regiones rivales, provocó una revalorización de la étnicidad aymara y la consecuente división de los grupos insurrectos, favoreciendo la represión española.

En resumen, el tratamiento de nuevas variables de análisis, como la división de la escala temporal, la microregionalización, las diferencias socioeconómicas y estudios de carácter étnicos y culturales, permiten revalorizar las insurrecciones andinas de fines del siglo XVIII y otorgarle el valor correspondiente al componente social y cultural  de los grupos indígenas.

Asimismo, estos trabajos suponen un avance importante en la distinción entre conflictividad social y rebeliones generalizadas, lo que Stern denomina “adaptación en resistencia” a la autoridad colonial, que se produce décadas antes de la gran insurrección, permitiendo valorar el mas mínimo indicio de conflicto de las clases subalternas frente a los grupos de poder coloniales, y cómo estos van construyendo su identidad como clase.

Estos estudios, suponen el  tratamiento de fuentes de tipo judicial, antropológicas y etnográficas que permitan evaluar los comportamientos socioculturales de estos sectores. Las fuentes judiciales, especialmente, permiten conocer las formas de pensamiento y el grado de “desagrado” con que los grupos subalternos reciben los cambios producidos en el nivel de las normas legales o las instituciones de control (suba de impuestos, nuevos administradores).

 

Los bandoleros, abigeos y montoneros

Los estudios sobre las manifestaciones del poder y las resistencias que se operan a partir de este en la América latina colonial, no se agotan en el análisis de las grandes revueltas. Es así como en los últimos ańos, el influjo de Hobsbawm sobre el  estudio del bandolerismo social dio sus frutos en la historiografía americanista y especialmente en el Perú y México.

Un importante conjunto de trabajos sobre este aspecto de la resistencia de los grupos subalternos al poder de las elites coloniales, lo constituye la compilación ofrecida por Carlos Aguirre y Charles Walker, sobre los bandoleros, abigeos y montoneros durante los siglos XVIII al XX[8], en el Perú (dada la escala temporal del presente estudio, no analizaremos los estudios comprendidos en el siglo XX).

El crecimiento de la criminalidad, de acuerdo a las tendencias ofrecidas en estos trabajos, no se explica solamente por causas de tipo económico. Este puede deberse también al factor cultural, social, ideológico y político de una sociedad. 

Sin embargo, lo que se rescata de estos estudios es la explicación de la naturaleza del delito, naturaleza del delito entendida como una expresión de la guerra de clases o del delito como cuestionador de la dominación colonial. Aquella que ve el delito como una forma de protesta social, con un contenido de tipo clasista, de acuerdo a las ideas de Hobsbawm y el bandolerismo social, o las formas delictivas como una acción meramente adquisitiva de marginales y criminales sin ningún sustento ideológico, ni político.

El debate teórico está presente en los estudios sobre el bandolerismo y otros tipos de criminalidad en el Perú de fines de la colonia y los primeros ańos independentistas. Los autores presentan diferentes visiones con respecto al modelo de bandolero social elaborado por Hobsbawm y el papel de la criminalidad en la sociedad colonial e independiente.

Carmen Vivanco Lara[9] considera el crecimiento del bandolerismo en las últimas décadas de la colonia como resultado de los cambios en la estructura económica y las crisis de subsistencia producidas a raíz de estos cambios. La respuesta de los grupos mas explotados de la sociedad colonial fue el robo individual, el homicidio social, la rebelión y el bandolerismo.

Las características principales del bandolerismo, según Vivanco, son principalmente el descontento y la reivindicación frente a un contexto social adverso y los factores de clase. La autora ve al bandolerismo como una “vía de escape” ante la situación económica y social, sin  pretender cambiar el orden impuesto. Y enfatiza que el mismo fue principalmente una respuesta económica ante la pauperización en contextos de crisis de las condiciones de vida de los campesinos ante cambios en las estructuras productivas.
El bandolerismo toma como elemento nutriente al descontento popular y se caracteriza por la fidelidad, el honor y el homenaje.

Con ciertas diferencias con Hobsbawm, Vivanco sostiene que los tipos sociales afectados por los bandoleros escapan a los del típico bandolero social propuesto por este último, ya que los ataques y robos no se producen solamente sobre sectores altos, sino también sobre indios y campesinos pobres, además de asaltar caminos y haciendas por igual.

Flores Galindo encuentra cierta “mistificación” del bandolerismo en las costas del Perú a fines de la colonia[10]. La imagen de grandes bandas asolando Lima parece no ser cierta;  los ataques se reducen a las zonas costeras y caminos cercanos a Lima y son realizados por pequeñas bandas mal armadas, compuestas por negros esclavos y libertos, zambos, chinos, algunos mestizos y algún criollo. Curiosamente casi no hay indios, que sin embargo constituían la mayoría de la población. Las edades de los bandoleros oscilan entre los 20 a 30 ańos de edad, solteros. Casi todos tienen algún trabajo como gañan o esclavo de hacienda. No asaltan a éstas sino que se concentran en los caminos o en acciones de cuatreraje.

Al igual que Vivanco, Flores Galindo sostiene que el bandolerismo es reformista pero no revolucionario, al no poner en peligro el dominio de las clases  altas, aunque lo analiza como una lucha de clases en un contexto de crisis de la aristocracia costeña peruana.

En cierto modo, el bandolerismo  llega a ser favorable a los intereses de las clases altas, al agudizar las tensiones existentes entre negros e indios. Estos últimos son víctimas de los ataques de bandas compuestas en su mayoría por negros y mestizos.

También el bandolerismo está asociado a la idea de cimarronaje. Esto provocaría la poca envergadura de las sublevaciones de esclavos, al no poder constituir una unión como grupo social que había tenido su posibilidad concreta en los palenques[11].

La criminalidad en los grupos indígenas de regiones cercanas a Cuzco es analizada por Ward Stavig[12]. Para el autor, el bandolerismo no representó una forma de protesta social sino que, al contrario, los crímenes perpretados por indios eran condenados por los naturales del lugar que utilizaban los medios legales para atraparlos. La captura de los delincuentes reforzaba la solidaridad comunal. No veían al robo como una forma de protesta.

La condena social de este tipo de delito fortaleció los vínculos comunales y el sistema colonial al otorgarle importancia  cultural al control de la delincuencia. En muchos casos, los tribunales de indios eran los que resolvían los delitos menores, fortaleciendo el vínculo colonial cuando los instrumentos del estado colonial (la justicia) eran utilizados para defender los valores culturales indígenas.

Con respecto a las sentencias pronunciadas contra indios que cometían delitos, las mismas no eran de gravedad. En general se sentenciaba a los obrajes, y en casos muy graves se establecía la pena de muerte.

Lo más usual para las bandas de malhechores eran los robos de ganados y productos de la región, lo que provocaba la protesta de las comunidades que veían desarticulado su comercio intercomunal  e interregional.

En resumen, las víctimas de los delitos de los indios eran en su mayoría otros indios, lo que provocaba que estos delincuentes no tuvieran ningún apoyo comunal. En este sentido, la comuna india se veía apoyada por el aparato de justicia colonial, que respetaba los contenidos culturales de la comunidad. 

Para la época independentista, Charles Walker[13] destaca el contenido político del bandolerismo durante las primeras décadas republicanas. Los ataques de las bandas se dirigen ahora hacia las clases altas de la sociedad, especialmente a los hacendados.

El giro político del bandolero se observa cuando éstos pactan con los sectores liberales de la república, aunque este sector nunca llegó a confiar plenamente en las montoneras independentistas para sus proyectos.

En su mayoría, estos “nuevos” bandoleros provienen ahora de la deserción a las constantes levas de las guerras posindependentistas. El autor destaca, sin embargo, la existencia de una conciencia política dentro de las montoneras, evidenciada principalmente por la búsqueda de su reconocimiento como ciudadanos. Esto tenía que ver también con la presencia en las bandas del elemento negro.

Finalmente, las diferencias entre los distintos sectores de la plebe que conformaban las bandas, así como la falta de vínculos con la comunidad y la tibieza con que los gobiernos liberales trataron a las montoneras en sus proyectos políticos, no permitieron la consolidación de estas como una fuerza fuerte y estable en el Perú durante la primera mitad del siglo XIX.

Los estudios sobre el bandolerismo, según lo expuesto en los trabajos analizados previamente, nos muestran diferencias y semejanzas entre ellos, y entre el modelo de bandolero social estudiado por Hobsbawm.

Las críticas a Hobsbawm surgen a partir de que en el Perú colonial no todos los atacados por las bandas pertenecen a la clase dominante. Entre las víctimas de estos encontramos a campesinos pobres, comerciantes pequeños o mestizos.

Para las comunidades indias, analizadas por Stavig, los bandoleros representan simples criminales que deben ser castigados por la justicia, sin que se registre vínculo social entre ellos, lo que nos alejaría del clásico modelo de bandolero social que nos propone Hobsbawm.

Algunos autores, como Vivanco Lara otorgan mayor importancia al factor económico por sobre el social o político, contrario a Walker, que enfatiza la conciencias política de estos grupos durante la época republicana. Flores Galindo, al igual que Vivanco, le da al bandolerismo un carácter reformador y no revolucionario, sin contenido político. 

El abigeato ha sido también uno de los temas de estudio sobre las diversas formas de resistencia campesina en la historiografía americana. En este sentido, los patrones de criminalidad en el estado de Chihuahua, México, son analizados por Aparecida S. De Lopes, específicamente en lo referente a los casos de abigeato durante las últimas décadas del siglo XIX[14].

La autora centra su estudio en un contexto de crecimiento económico de la ganadería Chihuahuense y en las formas de racionalización de la misma, evidenciada en una mayor valorización de la propiedad de la tierra y de los bienes ganaderos.

En este contexto, el reforzamiento de la administración de justicia en la región, así como la criminalización de costumbres antes toleradas (derecho de pastoreo, alteración de marcas, derecho de aguada, etc), supuso un crecimiento sustantivo del abigeato en la zona. En este sentido, se observa una distinción, a partir de las últimas dos décadas del siglo XIX, entre lo público y lo privado que provocaría esta tendencia, registrada en las fuentes judiciales,  al crecimiento de la criminalidad.

De todos modos, la autora nos previene sobre las dificultades analíticas que presentan las fuentes judiciales. Estas no reflejan fielmente la incidencia real del delito puesto que el crecimiento o decrecimiento del mismo se puede no solo deber a la incidencia del delito en si, sino también a una mayor presión judicial del aparato estatal sobre las clases bajas de la sociedad, reflejada en la promulgación de nuevas leyes y/o el reforzamiento del aparato policial.

En lo referente al robo de ganado distingue dos tipos de categorías principales: aquel cometido por móviles sociales y el de las bandas organizadas para tal fin. El primero de ellos es el motivado por el desconocimiento de los códigos legales o porque los reglamentos nuevos criminalizaban prácticas antes no sancionadas como delito. Aquí se evidencia el choque entre la ley y las costumbres de los campesinos conservadas por muchos ańos, que provocarían esta tendencia al crecimiento delictivo en la región. 
El segundo es el robo organizado por bandas, que por lo general tenían como finalidad el paso de ganado por la frontera con los Estados Unidos.

El análisis estadístico del delito de abigeato muestra una relación directamente proporcional al crecimiento económico de la región durante la década del ochenta del siglo XIX. Así, a un contexto de alza económica le corresponde un crecimiento del robo de ganado, por sobre las acciones violentas como los homicidios y las heridas, y a la inversa, en un contexto de desequilibrio, se observa una baja en el abigeato y una suba en los asaltos y robos.

En resumen, la variación de la incidencia delictiva depende de una mayor persecución por parte de las autoridades, así como de la capacidad de los criminales para escapar de la justicia.  A su vez, el crecimiento delictivo también tiene que ver con la criminalización de ciertos tipos de prácticas hasta ese momento toleradas.

El análisis de diferentes tipos de fuentes, como códigos penales, estadísticas y expedientes judiciales, permitió distinguir diversas modalidades de abigeato, ya sea el abigeato profesional o el cometido por móviles sociales.
Con respecto al perfil de los acusados, no se los puede considerar, en su mayoría, como marginados sociales. Casi todos tienen oficio, familia y cometían el delito por móviles de subsistencia.


REFERENCIAS

[1] Para obtener una visión esquemática de los estudios agrarios de la América colonial, ver el balance historiográfico de Raúl Fradkin sobre la historia agraria y los estudios de establecimientos productivos en: La historia agraria del Río de la Plata colonial. Los establecimientos productivos (I). CEAL, 1993, pp. 7 a  44.
[2] Hobsbawm, E. J. Rebeldes primitivos. Barcelona, Ariel, 1974; Hobsbawm, Eric. Bandidos. Barcelona, Ariel, 1976.  Ver también  Thompson, E. Tradición, revuelta y conciencia de clase. Estudios sobre la crisis de la sociedad preindustrial, Barcelona, Crítica, 1989.
[3] Por ejemplo: Stern, Steve (compilador). Resistencia, rebelión y conciencia campesina en los Andes. Siglos XVIII Y XIX, IEP, Lima, 1990.
[4] Steve Stern. Resistencia, rebelión y conciencia campesina...ob.cit.
[5] Steve Stern. Resistencia, rebelión y conciencia campesina...ob.cit. Introducción. Parte I.
[6] Magnus Mörner y Efraķn Trelles. “Un intento de calibrar las actitudes hacia la Rebelión en el Cuzco durante la acción de Tupac Amaru, en: Steve Stern. Resistencia, rebelión...ob. cit. pp. 97 a 115.
[7] Leon G. Campbell. “Ideologķa y faccionalismo durante la gran rebelión”, en: Steve Stern. Resistencia, Rebelión...ob. cit. pp. 118 a 140.
[8] Carlos Aguirre y Charles Walker (compiladores). Bandoleros, abigeos y montoneros. Criminalidad y violencia en el Perú, siglos XVIII-XX. Instituto de apoyo agrario, Lima, 1990.
[9] Carmen Vivanco Lara. “Bandolerismo colonial peruano, 1760-1810. Caracterización de una respuesta popular y causas económicas”, en: Bandoleros, abigeos y montoneros....ob.cit. pp. 25 a 56.
[10] Alberto Flores Galindo. “Bandidos de la costa”, en: Bandoleros, abigeos y montoneros...ob.cit., pp. 57 a 68.
[11] Para el tema del cimarronaje y el bandolerismo ver el trabajo de Carlos Aguirre,“Cimarronaje, bandolerismo y desintegración esclavista. Lima, 1821-1854”, en: Bandoleros, abigeos y montoneros...ob. cit. pp. 137-182.
[12] Ward Stavig. “Ladrones, cuatreros y salteadores: Indios criminales en el Cuzco rural a fines de la colonia”, en: Bandoleros, abigeos y montoneros... ob.cit. pp. 69 a 103.
[13] Charles Walker. “Montoneros, bandoleros, malhechores. Criminalidad y política en las primeras décadas republicanas”, en: Bandoleros, abigeos y montoneros...ob.cit. pp. 105 a 136
[14] María Aparecida S. De Lopes. Los patrones de la criminalidad en el estado de Chihuahua. El caso de abigeato en las últimas décadas del siglo XIX. En: Historia Mexicana, N° 199, Enero-Marzo 2001, num. 3. Colegio de México, México, 2001.

 

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