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Respetar los orígenes:
La creación del Archivo General de la Nación y la necesidad de un Sistema Nacional de Archivos

PROF. GUSTAVO FABIÁN ALONSO
AGN-Argentina.

La creación de los archivos a través de los siglos estuvo íntimamente ligada a la búsqueda de legitimación del poder estatal (1). El resguardo de la documentación como prueba de los actos llevados a cabo por los estados, se transformó en uno de los asuntos más importantes en materia de gobierno, desde la antigüedad. En efecto, si hacemos un breve repaso, observaremos que desde los primeras ciudades-estado hasta fines del siglo XVIII, los archivos tuvieron como única función la de proteger los actos de gobierno y de darles a estos la correspondiente validez legal a su accionar.

            Documentos como censos, cuentas o impuestos eran resguardados con celo por los antiguos Estados para poder conocer y mensurar a la población bajo su custodia y poder así recaudar lo necesario para mantener ejércitos, realizar obras de mantenimiento, entre otras erogaciones.

El pensador e historiador francés Jaques Le Goff, afirma también este nacimiento de los archivos como “arsenales de la ley” y dice, desde la  antigüedad,  “…los poderosos han decidido quien podía hablar y quien no…." (2). Los archivos, afirma, “…tienen como origen institucional el haber sido agentes para legitimar el poder y marginar al otro" (3). Esta afirmación no ha perdido vigencia en absoluto, aún mas, durante  el siglo XX el auge del capitalismo y del poder económico global, ha necesitado del secreto documental para “resguardar” decisiones en muchos casos perjudiciales para las sociedades que representan. Un claro ejemplo de ésto son las aún vigentes restricciones al uso de documentos que ya no poseen valor administrativo o de aquéllos que su consulta pública arriesgaría la seguridad nacional. 

De similar pensamiento al de Le Goff,  Milan Kundera afirmaba, “...la lucha contra el poder es la lucha de la memoria contra el olvido..." (4). Para Kundera,  el poder establecido lucha por hacer olvidar la memoria de los pueblos y desarrolla un accionar coercitivo hacia éstos.

Siguiendo el pensamiento de Foucault, podríamos decir que los archivos, ya a partir de finales del siglo XVIII,  pasaron a formar parte del arsenal de instituciones legales y jurídicas que enmascaraban las técnicas de dominación disciplinarias desarrolladas a partir de la llegada de la burguesía al poder (5). Ellos eran parte de esa “democratización de la soberanía” impulsada por los ideales de la revolución francesa. Soberanía que enmascaraba una nueva forma de poder disciplinario que estudiaba hasta en el más mínimo detalle el comportamiento del cuerpo social.

Es a partir de la revolución  francesa que los archivos adquieren otra de sus funciones mas importantes: la  de ser los “arsenales de la historia" (6) y posteriormente, ya entrado el siglo XIX, con el auge de la rigurosidad historicista que adquiere el saber histórico, los archivos reafirman esta condición de ser los repositorios que resguardaban la memoria nacional. A partir de entonces, ellos pasaron a ser los custodios de los documentos que permitirían conocer el devenir histórico de las naciones y, por tanto, adquirieron mayor importancia para la comunidad científica en general. Pasan a tener un  rol más social y cultural, aunque siempre impregnados de una fuerte influencia estatal. Por tanto, ya a partir de fines del siglo XVIII y primeras décadas del siglo XIX,  los archivos pasaron a tener una doble función: legitimar el poder estatal y preservar la memoria nacional.

En nuestro país, la creación del Archivo General de la Nación (en adelante AGN) (7), a través de la sanción del decreto del 28 de Agosto de 1821 (8) está impregnada de esta doble función, no solo de apoyo a la historia nacional, sino como prueba y testimonio  de los actos administrativos llevados a cabo por el gobierno.

En los considerandos del decreto se establecen estos dos fines: “La conservación de los archivos de un país asegura sin duda a su historia la materia y los documentos mas exactos de ella" (9). Esto está relacionado con la investigación histórica y con el compromiso del Estado para proteger las fuentes originales de su propia historia.

Un  poco más adelante se lee: “Mas  el arreglo y clasificación por ramos y épocas de los antecedentes de las distintas oficinas que hacen al servicio de una administración, contribuye a un tiempo de la prontitud y al acierto del despacho" (10) y seguidamente se lee: “…El gobierno no puede desentenderse de las reclamaciones que se elevan diariamente contra el estado  actual  de casi todos los archivos y casos de gravedad y frecuentes ponen de manifiesto la justicia con que se reclama" (11). En este sentido, no se descuida el servicio del archivo en relación a su función como resguardo administrativo de los actos estatales y al soporte legal que constituyen los documentos de archivo.

No podemos dejar de destacar en el decreto el característico rasgo rivadaviano de la época, con una proyección futurista, reformadora y práctica de las acciones estatales, utilitarias al bien común

Como vemos, la creación de nuestro archivo constituye un avance notable en materia archivística en todo el continente americano, ya que se tiene en cuenta este carácter de doble función en la conservación de los documentos públicos del estado; es difícil encontrar estos objetivos en otros archivos del continente en esa época.  Evidentemente la influencia de la revolución francesa y sus ideas liberales se hicieron presenten en la creación del archivo.

Finalmente, los antecedentes de la creación destacan la unificación en un archivo único de los diferentes repositorios judiciales, contables y de gobierno del joven estado provincial, y culmina diciendo: “Por otra parte, la multiplicación de archivos lejos de facilitar el servicio que ellos deben prestar, contribuye solo a aumentar los costos y a alejar de la vigilancia de la autoridad las omisiones que se cometen." (12). Es notable aquí observar esta visión utilitaria del archivo, en el sentido de que su buen funcionamiento permitirá el ahorro de gastos innecesarios en un estado por cierto escaso de dinero en estos años.

El decreto también destaca la “vigilancia” que tendrá que ejercer el archivo como órgano de gobierno, de las faltas que puedan cometer los funcionarios públicos y de la población en general. Aquí se observa la función administrativa del archivo junto con su función histórica y el rol central que deberá cumplir la institución.   

Con los años,  el espíritu de aquel decreto de creación quedo rápidamente en el olvido en esa vorágine política y administrativa que fueron las primeras décadas del siglo XIX, en nuestro convulsionado territorio. Sin embargo, él está ahí para ser revalorizado como piedra basal de una profunda reforma harto necesaria en nuestro país en materia archivística, que además contemple la creación de un  Sistema Nacional de Archivos que identifique, ordene y clasifique los diferentes repositorios nacionales, provinciales y municipales, brindando de esta manera un respaldo legal, rápido y eficiente a sus ciudadanos ante cualquier reclamo o solicitud efectuado a la administración, y para que la documentación que revista carácter histórico llegue a su destino final que es el AGN (Primero al Dpto. Archivo Intermedio y de ahí a la consulta en el Dpto. Documentos Escritos).

En este sentido, existieron proyectos loables en la búsqueda del mejoramiento archivístico y que intentaron recrear el espíritu del decreto de creación en las décadas de los ochenta (1981) y dos mil (2000), con sendos proyectos de ley de creación de un Sistema Nacional de Archivos, donde el AGN funcionaría como órgano rector del mismo,  pero las indecisiones políticas y la falta de interés en la materia por parte de los gobiernos nacionales de turno, hicieron que no prosperaran. 

Como importante reforma debemos destacar durante la década del setenta la sanción del decreto 2866/77, que aprobaba con carácter provisional la nueva estructura del AGN, y en la cual se ponía en funcionamiento el Archivo Intermedio, departamento encargado de “entender en la recepción, selección, ordenamiento catalogación, custodia y conservación de documentación de posible valor permanente, como paso previo hasta tanto se considere oportuno su ingreso definitivo al Archivo General de la Nación…(13)

Entre las misiones del mismo se disponía su intervención en los organismos públicos nacionales para disponer si era necesario el traslado de documentación “…que pudiere interesar al Archivo General de la Nación…" (14). Esta función es una de las más importantes del Departamento que, sin embargo, se ha visto un tanto desvirtuada en los últimos años debido a falta de personal, presupuesto e instalaciones adecuadas. Estos factores han provocado que éste funcione más como un archivo histórico de documentos contemporáneos que como un clásico archivo de la administración, por el cual deben fluir los documentos de los diferentes organismos estatales, para su posterior remisión al histórico.

Es imprescindible que el estado aplique en forma urgente una seria política de archivos, que respete la idea de aquel viejo y “maltrecho” decreto fundacional. Mejor dicho, la doble función que establecía: respeto por la historia y respeto por el derecho del ciudadano a reclamar ante el estado; sobre este último punto el AGN no cumple acabadamente con su función, ya que no existe un sistema que permita el libre flujo documental hacia éste.

Es de recordar también  la tradición histórica que siempre ha imbuido a nuestros archivos, dejando de lado su no menos importante costado administrativo, y aún más, sabiendo que los archivos administrativos deberían ser considerados con igual o mayor importancia que los históricos, ya que son aquéllos los que deberían “crear” a éstos.

Si la documentación pública administrativa de valor permanente  no se encuentra dentro de un circuito de traspaso constante y regular hacia su destino final, que es el archivo histórico, no tendremos como ciudadanos la posibilidad de consultar documentos contemporáneos en un futuro cercano. Esto ya se observa cuando los investigadores vienen al AGN y quieren reconstruir la historia nacional de los últimos cincuenta años: No hay nada. Por esto y otros problemas que sufre nuestro archivo y que no se pueden enumerar en este artículo, es imperiosa la sanción de una Ley Nacional de Archivos


[1] Para el tema el poder y sus diferentes formas de ejercerlo ver los trabajos de Michel Foucault: Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisión, México, Siglo XXI, 1976; La verdad y las formas jurídicas, Barcelona, Gedisa, 2000, entre otros.
[2] Citado en, Cook, Terry.  Interacción entre la teoría y la practica Archivistica desde la publicación del manual holandés en 1898, En: XIII Congreso Internacional de Archivos, Beijing, 1996.
[3] Ibídem
[4] Citado en, Cook, Terry.  Interacción entre la teoría y la practica Archivistica desde la publicación del manual holandés en 1898, En: XIII Congreso Internacional de Archivos, Beijing, 1996
[5] Michel Foucault. Defender la sociedad. Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires, 2000. pag. 44.
[6] Wagner, A. El acceso a los archivos. De las restricciones a la liberación. UNISIT. Programa UNESCO. 1985. p 1
[7] En principio Archivo de la Provincia de Buenos Aires y a partir de 1884, Archivo General de la Nación.
[8] Archivo General de la Nación (Argentina), Gobierno Nacional. Archivo. Fundación del Archivo, Decretos, Buenos Aires, 28 de agosto de 1821, Sala 10 12-2-3.
[9]  Ibídem.
[10] Ibídem.
[11] Ibídem.
[12] Ibídem.
13] Decreto 2866/77 del 20 de septiembre de 1977. folio 8.
[14] Decreto 2866/77…op.cit.

 

 

 
     

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