"Un libre
pensador
en
Sudamérica
es
hombre
al
agua..."
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JUAN
BAUTISTA ALBERDI
Literatura
y Cultura
Del
libro Escritos sobre estética y
problemas de la literatura, Juan
B. Alberdi. Buenos Aires,
Ediciones La Rosa Blindada, 1964Arte y
Sociedad en armónica intimidad
Nosotros pensamos, con la
convicción más profunda, que el
fondo del arte debe estar en una
estrechísima intimidad armónica
con el fin de la sociedad. Es
cierto, pues, que el juicio que
formamos de un arte debe depender
absolutamente de la idea que nos
hagamos del fin de la sociedad.
Para nosotros, como para otros
entendimientos que valen lo que
no valemos nosotros, este fin es
el progreso, el desarrollo, la
emancipación continua de la
sociedad y de la humanidad. Y
como no podemos hacer
abstracción del arte cuando
consideramos la sociedad, de la
cual es un aspecto inseparable,
nos es imposible concebir
estacionario, inmóvil el arte,
cuando vemos que la sociedad se
modifica y desarrolla
continuamente.
(Escrito publicado por primera
vez en el semanario "La
Moda", Buenos Aires
13-1-1838, como continuación del
artículo iniciado en el número
anterior bajo el título Adivinanzas
de Pero Grullo)
Idioma
propio e Idioma Prestado
Escribir en español americano, y
no en español godo castizo, es
predicar en desiertos. Porque
aquí las ideas, como los
memoriales, han de guardar
ciertas formas sancionadas, so
pena de ser rechazadas en caso de
contravención. Hay hombre que
más bien no querría saber una
verdad antes que verla escrita en
mal castellano.
(Publicado por primera vez en el
semanario "La Moda",
10-3-1938, bajo el título Predicar
en desiertos)
Del Idioma y
las Academias
Las academias están siempre
llenas de pretensiones, y sin
fundamento, porque no hay nada de
más impotente que una academia.
Todo en ella es fórmula,
ceremonias, títulos, aparatos y
nada de sustancia. Es donde más
tiempo se pierde y más necedades
se dicen. Parece que lejos de
robustecerse mutuamente los
espíritus, se apocan
recíprocamente.
El Dante tomó de las calles de
Florencia el idioma que hoy habla
la Italia. El Dante hizo su
deber: obró como hombre de
genio; aceptó, como buen
republicano, lo que el pueblo,
omnipotente en todo, había
sancionado.
En las calles de Buenos Aires
circula un castellano modificado
por el pueblo porteño que
algunos escritores argentinos, no
parecidos en esto al Dante,
desdeñan por el castellano de
Madrid.
Una juventud independiente
y ávida de progreso acaba de
comprender que el castellano de
Madrid no será jamás el
castellano de Buenos Aires.
En vano copiaremos a
Cervantes y a Moratín; nuestras
copias no conseguirán hacerse
populares: el pueblo habla un
lenguaje suyo, y no copiado.
Nosotros preferimos el mal
lenguaje del pueblo a las más
bellas copias del mundo.
Se llama clasicismo un
sistema de creación imitativa,
modelada sobre las creaciones
acabadas y perfectas que se
llaman clásicas. Se deja ver que
un tal sistema niega y destruye
el progreso continuo del genio
poético, porque se subordina al
imperio absoluto de la
tradición.
(Publicado en "La
Moda", 17 y 31-3-1938, bajo
el título Álbum alfabético).
¿La
literatura americana, es
parasitaria de la europea?
La América es independiente de
la Europa, como la planta
parásita lo es del árbol en que
vive. No son una misma planta
pero la una vive de la otra.
Suprimid la planta o el árbol
principal, la parásita irá por
tierra.
Hablo especialmente de
literatura, de ciencia y de
industria.
La literatura es una especie de
industria fabril, en cuanto sus
producciones son obra de arte de
escribir, de comunicar, de
pensar.
Un libro es una manufactura, no
sólo como impresión y
encuadernación, sino como
producción de la inteligencia,
como pensamiento, como
redacción, como invención, como
ciencia, como saber, como estilo.
Donde no se fabrican paños,
rasos, terciopelos, bretonas,
estopillas, cristales,
porcelanas, espejos, estatuas,
grabados, etc
¿podrán
fabricarse libros pensados,
escritos, publicados, como los
que aparecen en la Europa más
culta?
Luego lo que se llama literatura
americana tiene que ser y no es
más que la literatura europea
adaptada a la América por la
traducción y la selección de lo
que América es capaz de
apreciar, gustar, entender.
Donde no hay libertad política y
religiosa, sino para aplaudir lo
que existe, no puede haber
historia, ni ciencia, ni
literatura.
Esto sucede en la América del
Sur, donde la independencia
política no ha hecho nacer la
independencia del juicio y de la
razón, que son obra de la
madurez y de la educación
intelectual de las naciones.
Un libre pensador en Sudamérica
es hombre al agua.
(Publicado en Escritos
Póstumos, Tomo VIII; escrito
en 1872)
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