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Jurisprudencia (1907)
GUSTAV KLIMT
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PolíticaI
Efectos de la
guerra:
Pérdida de la libertad y de la riqueza
JUAN B. ALBERDIDel libro EL
CRIMEN DE LA GUERRA, Juan B. Alberdi (Ed.
Claridad)
El primer efecto de la
guerra efecto infalible- es un
cambio en la constitución interior del
país, en detrimento de su libertad, es
decir, de la participación del pueblo en
el gobierno de sus cosas. Este resultado
es grave, pues desde que sus cosas dejen
de ser conducidas por él mismo, sus
cosas irán mal.
La guerra puede ser fértil
en victorias, en adquisiciones de
territorios, de preponderancia de aliados
sumisos y útiles: ella cuesta siempre la
pérdida de su libertad al país que la
convierte en hábito y costumbre.
Y no puede dejar de convertirse en
hábito permanente una vez comenzada,
pues en lo interior como en lo exterior
la guerra vive de la guerra.
Ella crea al soldado, la gloria del
soldado, el héroe, el candidato, el
ejército y el soberano.
Este soberano, que ha debido
su ser a la espada, y que ha resuelto por
ella todas las cuestiones que le han dado
el poder, no dejará ese instrumento para
gobernar a sus gobernados en cambio de la
razón que de nada le ha servido.
Así todo país guerrero
acaba por sufrir la suerte que él pensó
infligir a sus enemigos por medio de la
guerra. Su poder soberano no pasará a
manos del extranjero pero saldrá siempre
de sus manos para quedar en las de esa
especie de estado en el estado en
las de ese pueblo aparte y privilegiado
que se llama ejército. La
soberanía nacional se personifica en la
soberanía del ejército; y el ejército
hace y mantiene los emperadores que el
pueblo no puede evitar.
La guerra trae consigo la
ciencia y el arte de la guerra, el
soldado de profesión, el cuartel, el
ejército, la disciplina, y, a la imagen
de este mundo excepcional y privilegiado,
se forma y amolda poco a poco la sociedad
entera. Como en el ejército, la
individualidad del hombre desaparece en
la unidad de la masa, y el Estado viene a
ser como el ejército, un ente orgánico,
una unidad compuesta de unidades, que han
pasado a ser moléculas de ese grande y
único cuerpo del ejército y cuya
inteligencia se personaliza en la del
soberano.
He ahí los efectos
políticos de la guerra, según lo
demuestra la historia de todos los
países y el más simple sentido común.
A la pérdida de la libertad, sigue la
pérdida de la riqueza como efecto
necesario de la guerra; y con sólo esto
es ya responsable de los dos más grandes
crímenes, que son: esclavizar y
empobrecer a la nación, si estas
calamidades son dos y no una sola.
La riqueza y la libertad son
dos hechos que se suponen mutuamente. Ni
puede nacer ni existir la riqueza donde
falta la libertad, ni la libertad es
comprensible sin la posesión de los
medios de realizar su voluntad propia.
La libertad es una, pero
tiene mil faces. De cada faz hace una
libertad aparte nuestra facultad natural
de abstraer. De la tiranía, que no es
más que el polo negativo de la libertad,
se puede decir otro tanto. Examinadlo
bien: donde una libertad esencial del
hombre está confiscada, es casi seguro
que están confiscadas todas. Paralizad
la libertad del pensamiento, que es la
faz suprema y culminante de la libertad,
y con sólo eso dejáis sin ejercicio la
libertad de conciencia o religiosa, la
libertad política, las libertades de
industria, de comercio, de circulación,
de asociación, de publicación, etc.
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