| /Los primeros tiempos / Revista Contratiempo | Año 1 Nº III Primavera - Verano 2001/02 | |||
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| La orografía del
altiplano es imponente. El Sajama levanta su testa
nevada, a seis mil setecientos ochenta metros, entre las
nubes. Este monte está situado en Carangas, en la
parroquia misma de Turco. El majestuoso Illimani domina
La Paz (Bolivia) con sus seis mil ochocientos ochenta
metros. Una serie de picos y de macizos montañosos,
muchos de los cuales rivalizan en altura con el Sajama,
encuadra la pampa de Carangas al norte y al poniente. Cada una de estas cimas gigantes tiene su personalidad y su historia. Así como los hebreos veían saltar sus montañas como carneros; así como los montes de Basán se mostraban envidiosos con respecto a la montaña del Señor (Salmos 114:4 y 5; 6: 16 y 17), del mismo modo las montañas de Carangas tienen vida; riñen continuamente entre sí y se disputan, como los dioses, los homenajes de los seres humanos. Las gentes las toman muy en serio, les ofrecen sacrificios y les distribuyen la sangre de las víctimas: "Para ti, Monterani; para ti, Pocara; para ti, madre Ayanachi..." Relatemos con mayor detalle los hechos y hazañas de estos grandes achachilas cuyo héroe en Carangas es indiscutiblemente el Gran Nevado. Así se designa, con actitud de admiración, al Sajama, al tío Sajama. La gente del sur, sin embargo, acuerda la prioridad al venerable tata Sabaya, su protector.
El Sajama está aislado, es un solitario en la pampa, un poco al margen de la Cordillera. Su masa altiva se yergue como un misterio por encima de todos. Digo que está no solamente solo, sino aislado. En verdad, se cree que el nombre Sajama proviene de sarjam, vete. ¿Cómo explicar este aislamiento? Varias leyendas lo atribuyen al hecho de que el Sajama, revoltoso y vividor, no pudo entenderse con sus semejantes en la Cordillera, quienes lo pusieron en cuarentena.
El copete nevado del Sajama intriga a muchos. "El buen hombre tiene la cabeza caliente -se dice-; sus servidores deben ponerle hielo encima continuamente". Sus servidores son los dos montes Pachatas que, en la Cordillera, se enfrentan al Sajama y le aplican sin cesar sobre la cabeza compresas de nieve. Muy cerca, las cuatro montañas del macizo Capurata -las hilanderas de nieve- proporcionan la materia prima. Se cuenta también que en ese tiempo el Sajama era el jefe en la Cordillera. Era el más valiente de todos. Pero bebía y bebía... tanto que un día llegó tarde a un gran banquete. Las otras montañas se habían servido desmesuradamente, y sólo le dejaron patas de llamas y de alpacas. El Sajama recogió estos restos sin dar muestras de enojo y exclamó: "¡me puedo arreglar muy bien con esto". Y así terminó el cultivo en la zona del Sajama. Ahora sólo se practica la cría de la llama y la alpaca. Hay que decir que los pueblos de Sajama y de Lagunas se hallan a cerca de cinco mil metros de altura... Hiela todas las noches, en todas las estaciones. Los dos montes Pachatas, de los cuales hablamos anteriormente, son en realidad esposos. Ahora bien, un día, estando el buen Pachata ausente, el Sajama se permitió cometer adulterio con la señora Pachata. El marido ofendido se preocupó, en primer lugar, por buscarse aliados, a fin de satisfacer su venganza. Obtuvo el concurso del Huayllatiri, ese monte volcánico que humea a través de las nieves; se aseguró la colaboración del monte Sabaya, gran achachila de las gentes del sur. El tata (padre) Sabaya era un volcán extinguido que en su cumbre termina en cráter abierto, semejante a una gran boca desdentada. Este último llamó en su auxilio a la multitud de colinas que lo rodean, sus "conejos", y todo el mundo partió en guerra contra el Sajama. El Sabaya lanzó contra su rival a sus conejos que comenzaron a roerlo en la base para hacerlo caer. Pero éste llamó en su ayuda a las nubes que se deslizaron en nieve sobre los pequeños conejos y los mataron. Luego asestó al Sabaya un fuerte puñetazo en la boca, quebrándole todos los dientes. Esta desgracia del Sabaya explica el lamentable estado de su cima. De igual modo vencidos, los Pachata se pusieron al servicio del Sajama, y lo mismo ocurrió con el Huayllatiri.(...) El Sajama se enamoró un día de la madre Ayanacchi e hizo de ella su concubina. Desde Curahuara se ve muy bien el pequeño monte Ayanachi, en la Cordillera Occidental. Ahora bien, la madre Ayanacchi, como se lo llama, tenía un hijo, el Pomerani, fruto de una unión anterior. El Sajama se mostró muy duro hacia su hijastro y lo forzó a abandonar a su madre. El Pomerani, muy triste, se puso a correr mundo en busca de un nuevo hogar. Pasó, por azar, cerca de Curahuara, donde halló gente muy hospitalaria que lo invitó a establecerse en sus parajes. El Pomerani, reconocido, aceptó su hospitalidad. Del libro LOS INDIOS AIMARAES, Jacques Monast (Ed. Lohlé, Buenos Aires - 1972) |