En carta de 27 de
enero pasado de 66, continuando las noticias, de esta
conseguida pacificación, y conquista de este Valle,
a cuya confianza vine enviado, di, cuenta de haberse
desnaturalizado todo el gentío rebelde, y de la
disposición que se tomó en apartarle cuanto se
pudo, de las fronteras, para mayor seguridad, con
cuyo fundamento y por la fuga que, empezaron, a hacer
algunas de las piezas distribuidas por, remuneración
en servicio, se procuró el reparo, en la diligencia
de las correrías, que se fueron continuando
sucesivamente con gran conveniencia del negocio.
Si bien la,
acomodada, disposición de la tierra, a facilitar,
este, inconveniente, a los indios y familias
apresadas y divididas, y su ansioso deseo, a salir de
la sujeción, y a la libertad, de, estas montañas,
nunca pudo tenerle, enteramente reparado, siendo el
mayor cuidado de la materia, en el ejemplar, de estas
familias, la contingencia, de los pueblos
desnaturalizados y sitiados en las fronteras, que,
como fieros, tan vecinos a la ocasión, y recién
reducidos, estaban todavía, de poco segura
confianza, entre los cuales fue siempre, el de
Acalian (que se remitió, a la Ciudad, de Esteco,
para, alivio, del estado descaecido de aquella
República) el de peor concepto, y naturaleza,
llevado, de la cual, las flacas fuerzas, de los
habitadores, y del Presidio (que tengo representadas)
resolvió la, alevosa infidelidad, de la fuga,
poniendola en ejecución la noche, del día 12 de
setiembre pasado, con gravosas circunstancias, de
hostilidades, y el daño, de, dos muertes, de indios
domésticos y diferentes robos, en que fueron
empeñando el delito, por lo poblado, de la
Juridicción, embarazados poco, en las armas de
Esteco, que pudieron prontamente seguirles.
Hallábame, a este
tiempo en la Ciudad, de Salta, al contrario
accidente, con cuya noticia, y con alguna esperanza,
de poder atajar los pasos a los fugitivos, en la
parte, por donde, se discurrió que podían hacer
esta marcha, sali, en persona, tan inmediatamente, y
a la ligera, que a los dos días naturales, desde que
recibí el aviso, estaban ocupados los puestos, con
ser, de casi treinta leguas a la distancia.
Pero receloso
quizá, el enemigo, de, esta defensa, o, con, noticia
de ella, dejó las asperezas de la montaña y guió
por lo llano, al paraje, de los Chomoros, distritos
de la Ciudad, de San Miguel, por donde ganando, la
subida, de, estas Cordilleras, logró, tan alevoso
escape, de que advertido, hecho consejo, y
considerado el estado presente de, esta novedad, y la
contingencia, a que quedaba expuesta con ella, la paz
adquirida, y la solución, de entrar
apresuradamente...., despachando algunas forzozas
ordenes, para las asistencias de las Ciudades, falto
de medios, y sin más prevención, que la de sesenta
españoles, que pudieron por entonces, seguirme, me
arrojé a la facción, entrando a, este Valle, a los,
cinco días, que gozaba de libertad, en él, esta,
delincuente parcialidad, y no perdiendo tiempo, ni,
dandósele, para disponerse a los enemigos.
Justificada con
piedad, de nuevo esta causa, en el mensaje de la paz,
y respondiendo con desprecio, se les buscó sin
dilación con las armas, sobre la fortaleza, de las
cumbres, reconociéndose, en la, arrojada,
determinación y numeroso cuerpo con que se mostraron
en la primera refriega, la fiera obstinación y
confianza con que se hallaban.
Pero rotos, y
desbaratados entonces, y atropellados y vencidos
más, en el retiro de unos, cerros nevados, donde
pretendieron distantes hacerse ocultos, y defendidos,
fue, desvanecido enteramente su furor, dividiéndose
por familias, sueltas, desesperadas a morir, y
arrojando con impiedad, de los pechos los hijos, en
el aprieto de los alcances, para sustentar con las
vidas, el infiel ánimo, de, esta rebelde terquedad,
la cual discurrida de nuevo, y hallando ociosa, la
repetida diligencia de la proposición, de la paz, y
que no tenía, esta gente otro modo, de sustentarse,
que, el de la algarroba de lo llano (que se conserva
en grande abundancia, de un año para otro, sin
dañarse sobre la tierra) se resolvió, ocupar estos,
sitios, separándose, en tres cuarteles el campo, con
el fundamento, que dieron, a esta disposición, los
socorros, de, españoles, y indios amigos, que iban
llegando, desde, a donde, prosiguiéndose, sin cesar,
el rigor del hambre y la guerra, y aprisionados el
Curaca y los principales mandones, de, estos
Acalianes, se necesitaron tanto los enemigos, que
hubieron de ceder, su inhumana dureza, empezando, a
bajar, ofreciendo la paz, en que, admitidos los
primeros, con. no esperado agasajo suyo, y
facilitando el ejemplar, y la continua solicitud, de
las correrías, la desconfianza, y rebeldía de los
demás, se fue, adelantando tanto la conveniencia,
que muy en breve, no quedó nada por hacer, si bien,
se reconoció por acertado perseverar más tiempo en
la facción, así, para no volver, en, ninguna
contingencia, de, esta seguridad, como por lo que,
adelantaba, esta perseverancia, de nuestras armas, en
la quietud, de lo de mas del gentío desnaturalizado,
con cuya consideración, mantenida cerca, de cuatro
meses la campaña, y satisfecho enteramente, el
intento, se resolvió la retirada, y el dar
expediente, a lo adquirido, distribuyendo por
remuneración bien servida, las piezas prisioneras a
los, soldados, con la facultad permitida, por el Real
acuerdo de Buenos Aires, algunas familias libres, a
los cabos y oficiales del campo, y señalándose
cuarenta indios Acalianes, y otros diez, de,
diferentes naciones, los más delincuentes, y, de,
sospechosa confianza, de la Provincia con sus
mujeres, y hijos, para remitirlos a la, asistencia,
de las fortificaciones del Puerto, donde tienen, tan
afianzada, su conveniencia espiritual y política,
las, ciento y cincuenta familias quilmes que se
retiraron por belicosas, a esta distancia.
Separada, la
campaña pasada, de sesenta y cinco, con tan feliz
acierto, se, ha, dado pronto desempeño al contrario
accidente, de, esta fugitiva parcialidad, haciéndome
más estimable, lo favorable, del suceso, por la
consecuencia, que, ha, ocasionado a la paz
conseguida. Y por haberse dispuesto tan airosa
facción, sin, ningún gasto, de la Real Hacienda.
Consignándose por Consejo de Campo, el beneficio, de
Veinticinco, o, Treinta familias por via, de,
encomienda, de los prisioneros y pacificadas, para
pagar el gasto, de dos mil y quinientos pesos, que
han, importado los bastimentos, de pan, carne, yerba,
y tabaco, de que, ha, hecho envío a crédito, la
Real Caja, de la Ciudad de Salta, y con que se han
socorrido, de ración ordinaria, los, ciento y veinte
españoles y ciento y cincuenta indios amigos, de la,
asistencia, de, esta facción, y solo pongo por
compadecido trabajo suyo, y desconveniencia, no
podía excusar, de, esta misericordia, de nuestro
Señor la sangra vertida, en los asaltos, de cuarenta
y ocho indios gandules, y de más, de cien piesas,
entre mujeres y niños, a quien despeño, en los
alcances, su misma temeridad, y el inescusable y
violento furor de la guerra, con cuyo número y el
reducido y apresado llegan, a , doscientos y
cincuenta indios y familias, las conquistadas, y a
casi mil almas en todas, las que, a lo demás del
gentío desnaturalizado.
Estas, son por
mayor, todas las noticias, y circunstancias de, este
caso, de que, he, debido informar, y dar cuenta, y
que, adelanto, desde, este Valle, estando para mover
mañana la marcha, retirando, las armas a las
fronteras, y, disponiéndome, de nuevo, al desvelo y
solicitud, de, reconocer, los Pueblos, recién
reducidos, y su desagravio, y enseñanza Christiana,
en cuya materia, y en las de mas, de, esta
pacificación y Conquista, me queda no poco, que
avisar, y que proponer, como también lo haré, de
haber llegado a Buenos Aires, el envío, de las,
cincuenta familias referidas, y de, algunos otros
particulares en que, me tiene, tan cuidadoso y
advertido, este tan propio y señalado empeño de
Calchaquí. Guarde Nuestro Señor la Católica y Real
persona, de V. Mag.a como la Christiandad, a,
menester.
De este Real y
Fuerte, de San Francisco de los Quilmes Valle, de
Calchaquí enero 2 de 1667.
D. Al°. de Mercado
y Villacorta