Esos eternos inactuales

Aspirar a un lector futuro, receptivo, es
suponer que esta actualidad empobrecida y
sobre todo empobrecedora de cuanto se le pone
al alcance también entrará en el pasado. Que
el devastador proceso contra el pensamiento es
reversible, que encontrará, como todo, su
límite, ya sea por hartazgo o tan solo porque
nada puede durar eternamente. El problema no
es predecir, como futurólogos amateurs, si el
libro en papel sobrevivirá y en qué
condiciones. Tampoco, por intereses económicos
de las grandes empresas informáticas, decretar
su defunción (por lo general, cuando se
insiste en vaticinar los funerales de algo es
porque eso aún amenaza con una larga sobrevida).
El problema radica en qué posibilidades tiene
un autor de producir y difundir su obra cuando
ella no está amparada por los recaudos de la
taquilla o de los dogmas. Pero también, qué
posibilidades tendrían el pensamiento y el
arte de ser, o seguir siendo, actividades
lucrativas. O dicho de otra forma, cuanto más
se ubiquen en el papel de pura mercancía, más
cerca también estarán de perder valor de
mercado y circular libremente. Y habría, al
fin de cuentas, que reflexionar si este confín
del pensamiento como bien tasable no sería una
situación productora de nuevas posibilidades.
La actualidad no predispone a la producción de
conocimientos. Sin embargo, constituye un
desafío para imaginar nuevas formas de
desmantelar esas estructuras que domestican
las subjetividades y que convierten al creador
en el asalariado de turno, el escribiente de
éxito asegurado y chatura garantizada, más
allá si la tinta es digital o impresa. Andar
por senderos marginales, esquivar las luces
que alimentan cajas que siempre permanecen en
sombras, no estar a tono con la época, son
también maneras de construir esos futuros
lectores. Para ellos, esta entrega de
Contratiempo que reúne una selección de
valiosos ensayos sobre esos autores
eternamente inactuales.