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Te has
fugado!
Me hago humo!
Den la alarma!
Ensayo general
para la farsa actual
teatro antidisturbios.
Se rompe loca
mi anatomía
con el humor
de los sobrevivientes
de un mudo con tu voz
de un ciego como yo
Vencedores vencidos!
PATRICIO REY
Y SUS REDONDITOS DE
RICOTA
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Nota de tapa
22 / Año IV / Abril 2005
Cuerpos
violentosHistóricamente,
la cuestión del ser
humano se debatió en el
terreno del lenguaje. La
definición de quiénes
eran considerados como
tales, y por lo tanto
susceptibles de derechos,
y quiénes no, justificó
y convalidó acciones
genocidas amparadas en
este recaudo
lingüístico. En los
albores del siglo XXI el
tema tiene una renovada
actualidad; los derechos
humanos en la Argentina
se debaten en una suerte
de bruma cuyos límites
permanecen, por lo menos,
difusos.
Ya Foucault se encargó
de mostrar cómo fue
variando el uso del
cuerpo en la historia
penal de occidente de los
últimos siglos. Sometido
a torturas primero se
convierte luego en objeto
de saber científico y
sujeto de control y
disciplinamiento a
través de una serie de
prácticas e
instituciones creadas
para esos fines.
Técnicas del saber,
control, vigilancia y
encierro, entonces, en
vez de suplicios
públicos donde pena y
castigo confluían en la
carne de los condenados.
supuestamente, en
la época moderna el caso
extremo del suplicio del
cuerpo sería la pena de
muerte y aún ésta
estaría rodeada siempre
de múltiples atenciones.
Los crímenes cometidos
por el Estado durante la
última dictadura militar
argentina afectan la
sensibilidad del sujeto
moderno precisamente por
esta falta de
distanciamiento del
cuerpo con relación al
castigo, porque en las
acciones aberrantes,
revividas en la voz de
sobrevivientes y
represores, se lee la
saña del animal salvaje
y no el poder sutil y
normalizador que ya no
tiene como objetivo el
sufrimiento del cuerpo
mismo. Pero también
afecta las sensibilidades
modernas porque ese
accionar no estuvo
sostenido por un discurso
legal y legitimado por
una institución
democrática un
caso opuesto serían las
cárceles modernas, donde
las condiciones
infrahumanas de los
detenidos se amparan
tanto en la legalidad del
encierro como en la
indiferencia social.
Cuando el ensañamiento
sobre el cuerpo utiliza
otros procedimientos la
cuestión parecería
empantanarse en un
problema de incumbencias.
Los cuerpos aniquilados
por el hambre, por
enfermedades evitables
que avanzan y no
encuentran resistencia
alguna, los miles de
cuerpos arrojados de
cualquier posibilidad de
acceso a la vida y que
constituyen, según las
estadísticas, más de la
mitad de la población
argentina, son modernas
formas de violencia que
sin embargo parecen haber
quedado excluidas del
estatuto ético. En estos
casos, la condición del
ser humano sufre la
degradación desde el
mismo terreno
lingüístico: de sujeto
de derecho pasa a
constituir una variable
de la economía. De ser
para la vida se
transforma en recurso
productivo o
improductivo. O, lo que
es lo mismo, deshechable
por no rendir utilidad
alguna. La perfecta
maquinaria de tortura
vuelve a inscribir sobre
el cuerpo, aunque esta
vez con sutileza, el
delito de ser pobres y
excluidos. Y por lo
general, esta escritura
resulta tan mortífera
como el artefacto de En
la Colonia Penitenciaria
de Kafka.
Así también, cuando la
acción es más directa
y, sobre todo, es vista y
oída en tiempo real,
cuando los cuerpos
oscurecidos por el humo y
el fuego se convulsionan
impotentes por capturar
el último aliento,
cuando la desesperación
suicida empuja al
infierno, una y otra vez,
en busca de los seres
queridos, cuando los
gritos desgarrados de
cientos de padres frente
a los cadáveres de sus
hijos retumban en Buenos
Aires, en la Argentina y
enseguida en el mundo
entero, en fin, cuando el
suplicio, la agonía y la
muerte quedan expuestos a
la luz pública y, sobre
todo mediática, como
ocurrió en Cromañón,
surge entonces una
especie de orden
jerárquico, una tabla
valorativa donde,
nuevamente, los espacios
de la moral, la economía
y los intereses
políticos entremezclan
sus prioridades; basta
con recordar la insólita
defensa al poder de
algunos organismos de
derechos humanos frente a
la masacre, la ausencia o
el poco apoyo de éstos
en las marchas en reclamo
de justicia o los
problemas del Estado en
hacerse cargo de
semejante
responsabilidad.
Sin embargo, desde hace
algún tiempo algo está
cambiando en la
perspectiva del hombre y
en la práctica de la
defensa de sus derechos
en la Argentina. Y este
cambio transforma
también a la ciudad, su
principal territorio de
acción. A fuerza de
atrocidades cotidianas,
de crímenes jamás
resueltos o de asesinos
absueltos por razones
absurdas, a fuerza de
impunidades reiteradas y
en todos los órdenes, se
ha ido construyendo una
red de resistencia que
marcará sus propios
itinerarios aun a costa
de lo establecido. Una
red que en su accionar
instaurará nuevas formas
de relación social,
nuevos modos de vivir los
espacios urbanos, nuevos
circuitos de sentido y
nuevas valoraciones; una
estructura que
transformará las calles
y avenidas en recorridos
procesionales, los
lugares del crimen en
altares y las fechas
siniestras en días para
el recuerdo, para la
celebración de rituales
donde las víctimas,
hombres y mujeres
comunes, se convertirán
por un instante en
héroes modernos. Esta
estructura, compuesta por
fragmentos dispersos
unidos por la atrocidad,
interrumpe con su
accionar el tiempo y el
espacio metropolitanos,
cada vez más orientados
al lucro y a la utilidad,
a la exclusión y el
olvido, y por qué no al
crimen en sus variadas
formas, y re coloca en el
centro de la escena
urbana el valor de la
vida y el ejercicio de la
memoria. De a poco, todo
cuerpo suprimido por los
poderes, cualesquiera que
estos fueran, será un
asunto político y
ético, toda muerte en
estas condiciones se
desprenderá de la esfera
privada para convertirse,
a través de los
sobrevivientes, en un
hecho histórico que
afectará el presente, el
futuro pero también las
formas de leer el pasado.
Un violento pasado que
parece estar regresando
siempre.
Zenda
Liendivit
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A Notas de
Tapa
A Inicio
2000-2005
Revista Contratiempo |
Buenos Aires | Argentina
Directora Zenda Liendivit
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